
El fotógrafo estadounidense William Klein, retratista clave de las calles de Nueva York, París y Roma en la segunda mitad del siglo XX, falleció el pasado sábado en París a los 94 años, anunció este lunes su familia en medios locales.
Klein, internacionalmente reconocido por sus fotografías urbanas y su trabajo en la moda y el cine, murió “tranquilamente” dejando tras de sí reportajes que marcaron el fotoperiodismo como el libro Life is Good & Good for You in New York, dedicado a su ciudad natal, Nueva York.
Como años más tarde pasó con Los Americanos, de Robert Frank, el libro fue publicado gracias a un editor francés por el rechazo en Estados Unidos, donde su trabajo no empezó a ser aplaudido hasta los años 80 del siglo pasado.
Su estilo libre, con el que logró que sus instantáneas parecieran tomadas casi por casualidad, empezó a destacar en la década de los años 50 con imágenes que denotan los impulsos y la violencia de la calle y que desafiaron los principios establecidos sobre el encuadre, la iluminación o la nitidez.

Alejándose de los preceptos de la década, Klein se atrevió a provocar a las personas que retrataba, haciéndolas reír o reaccionar ante el objetivo, como ocurrió con una de sus imágenes más famosas, la de un niño apuntando a la cámara con un revolver. “Le dije: ¡Haz el malo!”, contó en una entrevista en Le Monde en 2005.
En la moda, sus fotografías cotizaron al mismo nivel que otros grandes talentos de la época como Helmut Newton, Irving Penn o Richard Avedon, aunque Klein fue mucho más irreverente y duró poco en la industria.
París se convirtió más adelante en su ciudad de residencia, donde este hijo de húngaros judíos, nacido en 1928 en Manhattan, siguió trabajando su interés en el arte y la política, que tuvo cabida también en su cine, en películas como Who are you, Polly Magoo? (1966) o su documental Lejos de Vietnam.

El cine comenzó como una afición después de trabajar como asistente para Federico Fellini en “Las noches de Cabiria” (1957), durante las cuales aprovechó para retratar Roma, sobre todo su lado menos turístico, ganándose el aplauso también de Pier Paolo Pasolini, que escribió los textos de su libro Roma.
“Roma es una película y Klein la ha dirigido”, dijo entonces de él otro director italiano de la época, Federico Fellini.
Su personalidad de agitador le acompañó también en los últimos años, cuando siguió presentado su trabajo por galerías de media Europa despachando, si era necesario, a periodistas y admiradores y hablando sin tapujos de la situación política en su país natal.
Fuente: EFE
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