
En los grandes óleos de estilo abstracto de Joaquín Boz, se explora la convivencia entre formas y colores que van desde los rosas pastel, a los amarillos flúo, los verdes intensos y los grises, hasta los marrones y naranjas. El artista investiga las cualidades de los materiales, sus movimientos y reacciones, sus posibilidades de combinación y reconfiguración a través de los encuentros, los choques, las tensiones y las fusiones que se producen entre ellos.
La muestra se exhibe en Barro, una galería de arte contemporáneo ubicada en el pintoresco barrio de La Boca, que en los últimos años se ha convertido en un punto neurálgico de espacios y eventos artísticos. Desde la enorme sala de techos altos, es una invitación a vivir una experiencia inmersiva sin pantallas, donde el espectador debe desplazarse por todo el espacio, alejarse, acercarse, girar hacia un lado y al otro, mover su cuerpo y mirar para arriba para sumergirse en las imágenes que observa. “Las obras se pueden unir unas tras otras formando un solo gran cuadro”, dice Joaquín Boz, un joven artista de proyección internacional, oriundo de Rojas, provincia de Buenos Aires, que realiza abstractos de gran formato.

Las obras de Boz, dispuestas en el aire, son acompañadas por enormes paños de papel manteca pintados por el mismo artista, que funcionan como soporte de las mismas. La pincelada ancha, de tenues tonalidades en relación a los cuadros que posan por delante, simulan los efectos de una proyección que permite ver de cerca el detalle de cada trabajo. Y al mismo tiempo, suavizan los límites de unas obras que parecieran no poder tenerlas por sí mismas, en las que la acción de pintar se percibe compulsiva.
Es una pintura libre, que pareciera querer escapar de cualquier límite, apoderarse de los espacios y poblarlos de múltiples sentidos. En ese marco, el montaje propuesto muy hábilmente por su curadora Sofía Dourrón, acompaña esa libertad y le otorga un camino. La muestra es una invitación a vivir una experiencia inmersiva sin pantallas, donde el espectador debe desplazarse por todo el espacio, alejarse, acercarse, girar hacia un lado y al otro, mover su cuerpo y mirar para arriba para sumergirse en las imágenes que observa.

Las obras de Boz, dispuestas en el aire, son acompañadas por enormes paños de papel manteca pintados por el mismo artista, que funcionan como soporte de las mismas. La pincelada ancha, de tenues tonalidades en relación a los cuadros que posan por delante, simulan los efectos de una proyección que permite ver de cerca el detalle de cada trabajo. Y al mismo tiempo, suavizan los límites de unas obras que parecieran no poder tenerlas por sí mismas, en las que la acción de pintar se percibe compulsiva.
Caudal traza una ruta en la que el sentido fluye de forma escalonada, en la medida que el espectador avanza hacia adentro. No es posible ver todo a la vez. Cuanto más se ingresa, se descubren nuevos elementos que arman la trama, que desdibujan la realidad externa y se funden en mundos imaginarios. “El otro día me dijeron que mi muestra es como una fruta”, cuenta Joaquín Boz a Infobae Cultura. “A medida que vas entrando, y recorriendola, vas sacando capas hasta llegar a la pulpa”.

El recorrido finaliza con el ingreso a una pequeña sala donde se encuentran tres grandes grafitos sobre papel, realizados con una técnica que Boz viene desarrollando desde 2011, y son una continuación de su serie Chapas. Allí, es posible encontrarse con esa pulpa interior. Llegar al corazón de las obras, al inicio de todo. Volver a descubrir las pinceladas en las arrugas de un papel que se sostiene por sí mismo hasta que no aguante más.
En un contexto post pandémico, en el que predomina el uso de pantallas para crear experiencias inmersivas y macro espectáculos culturales, Caudal se instala como una alternativa analógica que no abandona el medio de creación del artista. La pintura es la protagonista en las obras y en el montaje, y es ella misma la que evoca la experiencia. La muestra invita no sólo a ver las obras sino a apropiarse de ellas. Invita a los visitantes a ser protagonistas de ese fluir y dejarse llevar por un río abstracto de colores y formas.
La muestra permanecerá abierta hasta el 21/5 y puede visitarse de lunes a viernes de 12 a 18 hs, y los sábados de 15 a 18 hs, en Barro (Caboto 531 - La Boca, CABA).
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