
La Guerra de Malvinas marcó a fuego la vida de los soldados que combatieron en el frente y la de sus familias, más allá del paso de los años. El tiempo que los aleja de aquellos días o de sus seres queridos sirve no obstante para poner en perspectiva esa dura experiencia y abrir nuevos caminos que permiten acercarse de otro modo al punto de dolor. Así puede ser también para quienes vieron a sus amigos y parte de su generación ir a pelear, para luego desencontrarse en el silencio insondable que invade a los que fueron expuestos a las locuras del conflicto. Lo es para Javier de Aubeyzon, clase 64, quien zafó de la colimba y atravesó los años 80 un poco distraído en los placeres de la juventud. En 2019, el pintor de La sonrisa de Mandela, un cuadro del líder sudafricano que el ex presidente Mauricio Macri colgó en su despacho de Olivos, halló de casualidad una carta que le había escrito desde las islas su amigo Martín Otaño, un compañero del colegio enviado al frente con solo dos meses de instrucción. La emoción despertada por sus palabras lo impulsó a convertirla en una experiencia artística y movió todos los hilos para reencontrarlo.
“Me había olvidado de esa carta, pero ya madurada en experiencia de vida cobró otro valor y la leí de otra manera. Lo único que puedo hacer es acompañar desde este testimonio que Martín transmite en la carta que él me envía dándole forma visual. Es una manera de reconocerle a mi amigo la falta de conciencia que tuve en su momento de lo sucedido, justamente por no haberlo vivido. Solo la maduración y el tiempo lo consigue, por eso este trabajo 38 años después”, dice Aubeyzon, quien estará exponiendo durante mayo en el BAM (Buenos Aires Museo) una serie de 12 cuadros surgida de la amistad recobrada y de su posterior acercamiento a los testimonios de ex combatientes que también participarán de la muestra.
Otaño partió a España poco después de la guerra para alejar los fantasmas que acechan a los veteranos de Malvinas y regresó a la Argentina hace muy poco. De vuelta en el país, se pudo reencontrar con el destinatario de su carta y como cineasta sumó su grano de arena al proyecto de Aubeyzon. Un cortometraje con imágenes que recuperan algunos de los momentos compartidos por estos viejos compañeros de escuela y otras que registran el proceso creativo de una de las obras de su amigo se estará reproduciendo en la sala Querubines del BAM. “Sublimamos esta historia a través del arte, como catarsis sanadora”, le dice el pintor a Infobae Cultura.

En el marco de los 40 años de Malvinas, la exposición busca recordar la guerra desde los sentidos, más allá de cualquier tendencia política. Propone a los visitantes un recorrido donde los estímulos sensoriales y su contenido tienen como objetivo llevarlos a sentir empatía por aquellos que sufrieron los estragos de la batalla. “Creo que este aniversario es muy importante no solo por lo que dice el número, estuve en contacto con muchos pilotos y veteranos y posiblemente para cuando se cumplan 50 años la mitad de ellos ya no van a estar. Es una época en la que todavía están entre nosotros y son testimonios vivos”, le dice Aubeyzon a Infobae Cultura.
Una frase atribuida a Erich Hartmann y a Paul Valéry inspiró al artista al momento de darle forma a esta experiencia visual: “La guerra es un lugar donde jóvenes que no se conocen y no se odian son sacrificados para provecho de gentes que sí se conocen y se odian pero no se sacrifican”. Para Aubeyzon, “desde esta frase con sentido común se puede explicar el sinsentido de la guerra”. Obras como Nevada pírrica, en la que se advierte el horizonte de barcos ingleses destruidos en el estrecho de San Carlos, o Soldado desconocido, una síntesis de paisaje y figura sobre el cementerio de Darwin que evoca la foto de Juan Travnik y algunos cuadros de Georgia O’Keeffe, pueden ser vistas como un ejemplo de que el resultado indeclinable de una guerra siempre es la muerte y la destrucción.

Otras piezas como Ofrenda, basada en la conocida foto del hundimiento de la fragata Antílope, o Halcones al ataque, una vista hiperrealista que destaca la cabina del Skyhawk A4 pilotado por Pablo Carballo, muestran el clímax de la guerra con escenografías que acercan al espectador al drama de la acción bélica. Sin embargo, Aubeyzon le dice a Infobae Cultura que le interesan más los valores que dejó el conflicto que la batalla en sí misma. Sus pinturas rescatan la épica y el sacrificio de pilotos y conscriptos que tenían que cumplir con su deber sin saber si regresarían de una misión, pero también la solidaridad entre soldados, como se refleja en Manto protector, otra de las pinturas narrativas que integran la muestra.
“Trato de atender casos individuales que son paradigma de otros”, explica el pintor sobre algunos trabajos en los que traspone al óleo un hecho específico basado en testimonios reales. Se espera que durante la exposición haya charlas interactivas con algunos de los sobrevivientes que inspiraron estos cuadros, como el piloto Carballo, el alférez Gerardo Isaac –parte del grupo de caza que atacó al HMS Invincible– y el teniente Horacio Lauría, protagonista del rescate del sargento Raimundo Viltes, al que cargó herido durante horas cruzando la isla entre las líneas enemigas. “Cuando agarró a su amigo empezaron a pasar las balas por todos lados y él dice que no le pegó una sola porque tenía un manto de la virgen que lo protegía”, comenta Aubeyzon, y razona: “Todo el que está en una situación extrema se entrega a la mística, incluso mi amigo cuando me escribió la carta me habló mucho de dios y era el más ateo de todos”.

La muestra también alberga una maqueta del cementerio de Darwin realizada por el modelista naval Hugo Pinilla y algunos originales de las ilustraciones que Julio Freire realizó durante el conflicto por encargo de la revista Gente. Será la primera vez que se exhiben al público estos trabajos del destacado ilustrador, que funcionan como un contrapunto armonioso entre la urgencia de los acontecimientos y la mirada retrospectiva de Aubeyzon. Las ilustraciones están acompañadas con reseñas de las notas a las que pertenecían, lo que les suma un valor didáctico. Desde lo emotivo y lo particular, el trabajo de Aubeyzon fue creciendo hacia un compromiso con la historia. “Un soldado no muere en el campo de batalla sino cuando se lo olvida”, asevera el pintor.
* Malvinas. 40 años. Del 5 de mayo al 14 de junio en BAM, Buenos Aires Museo. Lunes, miércoles jueves y viernes de 11 a 19 h. Sábado, domingo y feriados, de 11 a 20 h. Defensa 187, CABA. Entrada gratuita.
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