
La obra de la joven artista peruana Wynnie Mynerva, Cerrar para abrir, sea probablemente una de las más provocadoras de la 41ra. edición de la feria internacional de arte ARCOmadrid: se trata de la exhibición de coloridas esculturas de plexiglás acompañando el video documental de la cirugía a la que se expuso para “cerrar” su vagina con la idea de “crear” su propia identidad no binaria.
“Mi trabajo tiene que ver con cómo me represento mediante la carne, lo real, y aunque aparente ser femenina no me siento representada con la figura de mujer que entiende esta sociedad: alguien vulnerable, blanco de ataques, un objeto procreador y de uso. Cuando conocí lo no binario entendí que podía abandonar la feminidad por un espacio de creación de mi propia identidad donde yo puedo mutar”, explicó la artista de 21 años en una entrevista reproducida por el diario El Mundo, de España.

Wynnie Mynerva, el nombre con que la anotaron sus padres en el Registro Nacional de Identificación y Estado Civil peruano cuando nació en 1991, es conocida por instalaciones como Sex Machine, donde presentó artefactos creados por ella, como un dildo con cabeza de bebé para trasmutar el dolor de parto en goce, y Soy un principio y un final, un video que muestra, en pantalla partida, a un animal comiéndose a su cría y a ella comiendo lo que se suponen restos de una interrupción del embarazo, realizada en un Perú donde el aborto sigue siendo ilegal. De hecho, es uno de los países con una de las legislaciones más restrictivas de Latinoamérica, donde sólo se despenaliza en caso de que la vida de la embarazada corra peligro.
Cerrar para abrir ya se expuso en Lima, Sex Machine también. El otro sexo, un muestrario de genitales recreados a partir de moldes de cuerpos reales, tuvo que dejar de exponerse en la capital peruana por las quejas recibidas. Sus muestras más actuales son El jardín de las delicias (2020), una interpretación orgiástica de El Bosco, y Sweet Castrator (Dulce Castradora), de 2021, una reflexión sobre mujeres que someten a varones, presentada con una cita de la pintora barroca Artemisia Gentileschi, extraída del juicio por su violación.

Criada en Villa El Salvador, barrio marginal y violento de Lima, las obras de Mynerva apuntan contra la violencia patriarcal: “desde el arte se han construido muchas historias de violaciones, todos esos raptos donde varones se llevan a las mujeres que parecen acceder gustosas. Tengo dolor rabia y quiero expresarlo, evidenciar cómo la figura femenina ha sido dominada y castigada”, indica.
“En Villa El Salvador, lo básico que uno debe cumplir es salvar la vida -señala la joven creadora-. Me pasé mi adolescencia tratando de ocultar mi identidad, no ser vista, no mostrarme como un cuerpo sexual... En situaciones de violencia una quiere anularse, es una mecánica de supervivencia. Salías a comprar el pan y veías a un tipo desangrándose. Y nadie hacía nada”.
Su obra más nueva, Cerrar para abrir tiene en estas otras piezas sus antecedentes: “Abandonar la feminidad era una forma de luchar y ganar mi libertad -explica a la prensa-. La gente te ve como una mujer-vagina, siempre sexualmente dispuesta. No me siento identificada con ella, no la uso para tener sexo”. Por eso la decisión de reconstruir su vagina mediante una cirugía que le permitiera “seguir menstruando y botando fluidos”, resume la artista que llega a ARCOmadrid, de la mano de la Galería Ginsberg de Lima, tras exponer en Nueva York y Milán.
Fuente: Télam
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