
En la línea de la dedicada a Klimt o a Van Gogh -como la que llegará a Buenos Aires en febrero-, Stanley Kubrick tiene por estos días su propia muestra inmersiva en Madrid, un recorrido por más de 600 piezas pertenecientes al mundo creativo del genial y controvertido realizador cinematográfico, que además de objetos, fotografías y maquetas escenográficas incluye secuencias de metraje, entrevistas y grabaciones que dan la posibilidad al director de La naranja mecánica de retratarse a sí mismo.
Con la magia de la tecnología inmersiva que permite escuchar la voz del propio cineasta interactuando directamente con los actores y su equipo o exponiendo algunas ideas de sus películas en orden cronológico, Stanley Kubrick. The Exhibition -tal el nombre de la exposición que se presenta por estos días en el Círculo de Bellas Artes de Madrid- se sumerge en la portentosa cronología fílmica y personal del hombre que alcanzó el Olimpo de los cineastas con 13 largometrajes.
Muchos de los objetos icónicos de sus films dicen presente en esta muestra: desde el disfraz de simio de 2001: una odisea del espacio (1968), el vestuario o la icónica mesa del Korova Milk Bar en La naranja mecánica (1971), la máquina de escribir o los vestidos de las inquietantes gemelas de El resplandor (1980), hasta la capa del doctor Bill Harford durante la secuencia de la orgía en Eyes Wide Shut (1999).

Otros objetos que ayudarán a los seguidores de Kubrick a profundizar más en el proceso creativo son la correspondencia, planes de rodaje, guiones y cuadernos de notas del director, además de escenas míticas y censuradas de algunas de sus películas.
Aunque pueda parecer una exposición dedicada exclusivamente a los cinéfilos o fanáticos del cineasta, la intención de los organizadores es acercar la vida del realizador al público joven. Por eso, la primera parte introduce la figura de Kubrick de una forma casi didáctica: por orden cronológico y temáticas –tiempo, espacio, humor, guerra, palabras o poder–. La segunda parte constituye un experimento de inmersión.
La muestra alberga un primer espacio ubicado en la Sala Goya en donde los elementos expuestos se adentran en la mente de Kubrick mediante un evocativo paseo por sus primeros pasos en la industria del cine, su histórico rodaje en los alrededores de Madrid con Espartaco a pesar de su explícita reticencia a los viajes y a los desplazamientos en general. Y se sumerge también en el esqueleto de prometedores proyectos que no llegaron nunca a ver la luz como Napoleón, cuya extensa biblioteca cargada de libros biográficos y archivos que poseía el realizador para llevar a cabo todo el proceso de documentación puede verse en la muestra, con engaño óptico incluido.

En el segundo espacio, ubicado en la Sala Picasso de la primera planta, la sensación inmersiva se multiplica por cien gracias a la recreación compartimentada en diferentes estancias de algunos de los títulos de culto de un realizador que si bien tuvo una filmografía acotada, aloja títulos magistrales como 2001: Odisea en el Espacio, Lolita, Barry Lyndon, La naranja mecánica, Nacido para matar, El resplandor o Eyes Wide Shut.
Al final de todo, hay una sala oscura donde se proyecta un mosaico de pequeñas secuencias de metraje, entrevistas y grabaciones del making of. De fondo, la voz del propio Kubrick expone algunas ideas de sus películas en orden cronológico o interactúa directamente con los actores y su equipo.
Según la curadora de la muestra, Isabel Sánchez, aquí el director tiene la oportunidad de narrarse a sí mismo, sin intermediadores. “No se sentía identificado con lo que la prensa decía de él”, explica según consigna el diario.es.
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