
Las pinturas de Jacek Yerka (Polonia, 1952) nos llevan siempre a mundos oníricos, al asombro, a lugares imaginarios “adonde sólo llegan los ojos de un niño”, suelen decir los críticos. Su arte nos tiende una mano para atravesar el espejo y conducirnos a su particular mundo de las maravillas. Por algunos Yerka ha sido llamado El Bosco del siglo XXI, también el pintor de los sueños. Si bien las extrañas bestias –como las de Learning Walk (2005) o Chronozaurus (2004)– y los paisajes caprichosos son el sello distintivo de sus pinturas, cuidadosamente acabadas en acrílico sobre tela, su obra está llena de recuerdos de su infancia, de la naturaleza en los bosques de los alrededores de su casa durante los años 50 –como en Apple Calendar (2012)–, y en especial de la cocina de su abuela, donde pasaba mucho tiempo.
Seguramente las vivencias relacionadas con la cocina de su abuela paterna, Wanda, a quien Jacek reconoce como la persona más importante para él durante su niñez, son las que el artista revive en obras como 13 XII 1981 Forever (1985). La pintura, de 61 por 50 centímetros, se encuentra a la venta en la galería Agra Art, de la ciudad de Varsovia.

Además de basarse en imágenes de su infancia, otro gran grupo de su obra se nutre de los sueños. Por otra parte, sus frecuentes viajes y estadías en el campo polaco dieron lugar a una serie de temas rústicos, entre los que se encuentra Jealousy (1998). Yerka elaboró algunas de sus obras con el concepto de mostrar “las cuatro caras de un lugar”, apreciable en Apple Calendar y en Habitat (sin fecha).
“Como niño hiperactivo, tuve algunos problemas sociales con mis colegas de la misma edad. Odiaba jugar al aire libre. Solía sentarme con un lápiz y sumergirme en mi propia realidad. Fue mi escape de la realidad gris, a veces espantosa: dibujos, cientos de dibujos y pequeñas esculturas: barcos, cabezas, figuras, máscaras fantásticas”, rememora el propio Yerka. El pequeño Jacek sobrevivió a la pesadilla de la escuela primaria gracias a sus maestros, que le permitieron dedicarse a sus esculturas durante las clases cuando comprobaron que, a pesar de tener las manos ocupadas, podía escuchar y seguir las clases.

Jacek Yerka siempre recibió una influencia muy fuerte del arte dado que sus padres habían estudiado Bellas Artes en la academia local. Tanto su madre como su padre lo estimularon a seguir sus pasos; sin embargo, él supo que quería dedicarse al mundo de la pintura desde antes, cuando era solo un niño: “Entre mis primeros recuerdos está el olor de las pinturas al óleo. Cada vez que pinto, me transporta a mi infancia”, menciona.

Antes de ser admitido en la Academia, ya había intentado en la práctica todas las corrientes contemporáneas de la pintura, desde el impresionismo hasta la pintura abstracta. Le fascinaban Cézanne y Paul Klee, y en el primer año de estudio se dio cuenta de que lo que más lo inspiraba era la pintura del siglo XV.
Durante sus estudios, su vida se dividió en dos partes: durante el día, el trabajo del estudiante común (ensayos, proyectos, conferencias); y por la noche, un par de horas de trabajo en la pintura (que mostrará únicamente a su familia y amigos).
En su segundo año en la Academia descubrió el cartelismo. Era un creador de carteles de gran talento, tenía una gran capacidad para crear mensajes claros e interesantes, acompañados de una técnica perfecta. Esos trabajos le valieron un éxito importante en exposiciones locales y nacionales. Siguió ganando premios con sus carteles durante bastante tiempo, pero le seguía dedicando las noches a la pintura, a sus sueños, a los recuerdos de su infancia.

En 1976 se graduó en la Facultad de Bellas Artes de su ciudad, Torun, y se especializó en grabado. Sufrió presión por parte de sus maestros, que querían dirigir su trabajo, pero él siempre confió en sí mismo y se decantó, luego de experimentar con varios estilos, por el surrealismo, movimiento artístico y literario basado en lo absurdo, lo irracional y lo espontáneo.
Inspirado por gran cantidad de artistas, ha desarrollado su estilo propio a lo largo de los años. Yarek cuenta que su interés por este estilo está presente desde muy joven: “Desde que tengo memoria, siempre he visto figuras donde no las hay. Esa extraña inquietud de encontrarle forma a todo me ha mantenido en una permanente motivación para seguir pintando”.

Durante los primeros años después de la graduación exhibió carteles en la Bienal de Carteles en Katowice, Polonia, en 1977 y 1979, y en las exposiciones de la Bienal Internacional de Lahti y Varsovia, entre otros sitios. Desde 1980 se dedicó por completo a la pintura, basándose en las técnicas de pintura precisa, en la línea de los maestros antiguos como Jan van Eyck o El Bosco, pero principalmente en su imaginación ilimitada que crea composiciones surrealistas, admirada por los amantes de la ciencia-ficción en todas las variantes. También se inspiró en el escritor de fantasía Harlon Ellison para escribir 30 cuentos que se publicaron en un volumen bajo el título Mind Fields.
Ha colaborado con varias galerías en Varsovia y también se ha dedicado a obras por encargo. Es considerado por muchos como uno de los pintores surrealistas más importantes de la actualidad. Actualmente expone sus obras, altamente codiciadas por coleccionistas y galeristas, en gran cantidad de galerías de arte en todo el mundo.
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