
Sólo se sabe de Giulia Leonardi que fue una mujer italiana, retratada en algunas oportunidades por el pintor Ferdinand Hodler (1853-1918), uno de los artistas suizos más destacados en el siglo XIX. Este Retrato de Giulia Leonardi, en óleo sobre lienzo, fue pintado en 1910. El cuadro de 34,5 por 40 centímetros puede visitarse en el Museo Wallraf-Richartz, de la ciudad alemana de Colonia.
Hodler fue una figura esencial en el enlace entre el naturalismo del XIX y el expresionismo del XX. Está considerado uno de los pintores de paisajes más originales y brillantes de la historia del arte occidental, y una figura clave del simbolismo centroeuropeo, muy valorado por el tratamiento de temas sobre el trabajo y la muerte.
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El padre de Ferdinand era carpintero y su madre cocinera. Cuatro de sus cinco hermanos y sus padres murieron de tuberculosis, algo que lo marcó tan profundamente que, desde el principio de su trayectoria, uno de los temas principales de su trabajo es la muerte. Huérfano a los catorce años, se inició laboralmente con su padrastro, que era pintor de carteles, y posteriormente con Ferdinand Sommer, especializado en pintar paisajes de los Alpes para turistas.
En 1871 llega a Ginebra, en esos momentos el principal centro artístico de Suiza, para estudiar en la École des Beaux-Arts, donde comenzó a exponer obras en las que predominaban las representaciones de la clase trabajadora, y así se inicia verdaderamente en el mundo del arte. En 1878 viajó a Madrid; allí estudió a los grandes maestros del Museo del Prado: la pintura italiana, flamenca y española de los siglos XVI y XVII, sobre todo las obras de Diego Velázquez, José de Ribera y Bartolomé Esteban Murillo. Durante su paso por España pintó 25 cuadros de los cerca de 2.000 que realizó a lo largo de toda su vida.
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A su vuelta a Suiza conoció las tendencias simbolistas de la pintura francesa gracias al poeta Louis Duchosal. Este movimiento de carácter literario y de artes plásticas se origino en Francia en la década de 1880 como reacción al enfoque realista implícito en el impresionismo. El arte de la época se nutre de un estado de decepción frente al positivismo y cientificismo imperante y se descubre una realidad más allá de lo empírico. A partir de entonces, el arte se centrará en representar estados mentales y las principales preocupaciones filosóficas del ser humano, abandonando el naturalismo y asimilando el simbolismo y el art nouveau.

En 1884, Hodler conoció a Augustine Dupin (1852-1909), su modelo y compañera por varios años. Ambos fueron padres en 1887 de Hector Hodler, quien fundaría la Asociación Universal de Esperanto en 1908.
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A partir de la década de 1890, Ferdinand Hodler desarrolló un estilo propio llamado “paralelismo”, marcado por formas planas y repetitivas, trazo preciso y diseños rítmicos, caracterizado por agrupar figuras de forma simétrica y la búsqueda de la frontalidad en poses que sugerían rituales o danzas.
En 1891 pudo exponer con gran éxito en París. Esta situación de reconocimiento llevó al creador suizo a un estado vital más positivo que dio como resultado, aunque sin dejar de lado temas relacionados con la muerte, unas obras con representaciones menos oscuras y tortuosas.
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Hodler condenó en 1914 el ataque bélico alemán en la ciudad francesa de Reims, durante la batalla del Marne. Como represalia, los museos de arte alemanes excluyeron su obra durante mucho tiempo.
Los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX, durante los cuales desarrolló Hodler su obra, es el período denominado fin de siècle y belle époque; en ese tiempo se desarrolla una corriente de renovación artística a la que se llamó Modernismo, y que recibió el nombre de art nouveau en Bélgica y Francia. Todas estas denominaciones hacen referencia a la intención de crear un arte nuevo, joven, libre y moderno, que representara una ruptura con los estilos dominantes en la época.
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En esta corriente predomina una tendencia a la estilización de los motivos, representados de manera menos realista. Es característico el uso de imágenes femeninas en actitudes delicadas y gráciles, resaltando las ondas de los cabellos y los pliegues de las vestimentas, en actitudes más bien sensuales, que llegan al erotismo en algunos casos. Estos rasgos son apreciables en otro retrato de Hodler (¿también inspirado en el rostro de Leonardi?) titulado Mujer en éxtasis, pintado en 1911, actualmente en el Museo de Arte e Historia de la ciudad de Ginebra.
Técnicamente se insiste en la pureza de la línea (lo que le da un carácter bidimensional) y la expresividad del dibujo (se ha considerado precedente del expresionismo posterior), ambas características ya presentes en autores posimpresionistas, especialmente en Toulouse-Lautrec.
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Hodler se destaca también en el retrato, un género idóneo para sus experimentaciones sobre el color y la expresión. No le interesa la representación de la belleza sino la búsqueda de lo espiritual que se oculta tras las formas. Las figuras humanas aparecen a menudo al margen de cualquier signo de temporalidad, envueltas en túnicas o ropajes. Del modelo le interesa sobre todo su fisonomía, de ahí que predominen los fondos neutros, y la frontalidad y proximidad del retratado. Las poses recuerdan en cierto modo a las de sus cuadros simbolistas y la composición es muy coreográfica.
A través de los retratos y autorretratos de Hodler se puede seguir toda su evolución artística desde el naturalismo pasando por el impresionismo y simbolismo, hasta llegar al expresionismo con figuras en este caso definidas por fuertes colores y formas geométricas, en algún caso con tanta intensidad que guardan cierta semejanza con el fauvismo.
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La pintura El lector (1885), exhibida actualmente en el Museo Thyssen-Bornemisza de la ciudad de Madrid, está realizada en la época en que Hodler conoció el simbolismo; en ese período su pintura se proponía representar estados mentales y las principales preocupaciones filosóficas del ser humano. La mano derecha del hombre retratado, apoyada en la frente con los dedos abiertos, es un gesto que se suele asociar con la desesperación. Como apenas podemos entrever su rostro, tendemos a interpretar su estado de ánimo en función de esa mano: podría estar apenado por alguna noticia que acaba de leer, o concentrado en la lectura, o cansado, o todo a la vez.
En los últimos años de su vida, Ferdinand Hodler terminó por convertirse en uno de los más innovadores muralistas de la época con trabajos como los que realizó para la Universidad de Jena en 1907 o para el Ayuntamiento de Hannover en 1911. Murió en Ginebra el 19 de mayo de 1918.
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