
Hace solo unos meses el que un autor se planteara publicar su libro en formato de audio dependía más de la voluntad de su editorial que de una decisión consciente. La pandemia, que llevó a un confinamiento general en marzo de 2020, ha cambiado de manera radical y súbita esa actitud hacia el audiolibro, algo que no puede desligarse de la evolución de los hábitos lectores durante este periodo.
Por un lado, las ventajas clásicas de este formato adquirieron un particular atractivo: el precio, sensiblemente más barato que el impreso, la facilidad de almacenamiento, la drástica familiaridad con la tecnología a la que las circunstancias obligaron jugaron a su favor.
Por el otro, y frente al libro electrónico, el audiolibro ofrecía numerosas y nuevas oportunidades: la posibilidad de compatibilizar la escucha con otras actividades, la opción de mejorar el aprendizaje de un idioma con la escucha de la lectura por un actor nativo, el modo en el que combate las dificultades de concentración que exige la lectura convencional… por no hablar de su accesibilidad para personas con problemas de visión o dificultades lectoras. Además, la oferta de títulos en castellano aumentó en muy breve tiempo.
Los autores y las editoriales, con enormes problemas para una distribución convencional por el cierre transitorio o definitivo de puntos de venta, manifestaron un nuevo interés en el audiolibro. La transcripción directa de obras ya publicadas se ha convertido en un fenómeno tan normalizado en los últimos meses que no son pocas las novedades que aparecen al mismo tiempo en formato convencional y en audiolibro (un ejemplo es la obra Delparaíso de Juan del Val, publicada en España simultáneamente en enero de 2021 en la editorial Espasa y en Storytel).
Una edición sonora atractiva

El libro digital ya había experimentado la misma fórmula en años anteriores; sin embargo, este formato, integrado en los contratos editoriales como en otros tiempos lo fue la edición de bolsillo o kiosko, era y sigue siendo poco apreciado por los escritores por la facilidad de pirateo y robo de derechos de autor.
No parece que vayamos a experimentar lo mismo con el audiolibro: la producción de algunos de ellos contempla una edición sonora del texto tan atractiva que el valor añadido resulta claro hasta para el autor más reacio.
No cabe duda de que se ha beneficiado también del auge paralelo del podcast; aventaja a este en la posibilidad de control de la obra final similar a la de una edición en papel, en la falta de obligatoriedad de una continuidad o serialización y en una distribución centralizada que recuerda a la de las editoriales.
Oportunidad para los autores
Por añadidura, y desde el punto de vista del creador, quién desee ir más allá encuentra múltiples oportunidades: la primera es la lectura de la propia obra, algo para lo que resulta recomendable hallarse ya familiarizado con la radio o la locución, porque es una aventura titánica (hablo por gozosa y agotadora experiencia propia).
El encanto de la obra leída por el creador, hasta ahora reducida a lecturas públicas, se convierte en una realidad accesible.
No todos los libros admiten esa versión tan personal; a menudo las novelas más complejas se ven favorecidas por una lectura profesional que, cada vez más a menudo, revela una voz bien conocida de un actor, si bien de momento son los textos clásicos los que suelen beneficiarse de ello. Pensemos en los ensayos, o en obras híbridas.

Pero una novela corta, o de corte autobiográfico o testimonial (la autoficción cobra una potente credibilidad cuando es el autor quien se encuentra detrás) se convierte en una experiencia de una emoción inigualable, tanto para el autor como para el lector/oyente.
Textos originales para el formato
Pero quizás lo más interesante para los lectores, y muy especialmente para los autores, aguarde en un futuro muy cercano en la posibilidad de escribir textos originales para audiolibro. No hablamos de un guión, nada tiene que ver tampoco con la mayoría de los podcasts de formato más radiofónico, sino un híbrido que exige un lenguaje y un conocimiento del medio absolutamente nuevos: tampoco se asemeja, como de manera machacona repiten los medios, a las radionovelas de antaño, similares en trama y fidelización del oyente a las series audiovisuales contemporáneas.
La creación de originales de audiolibro exigirá que el autor continúe manteniendo un estilo reconocible, si no desea ser absorbido como marca blanca, implicará una línea de trabajo paralela a la obra que se publique en papel, y un reto respecto a voces narrativas, evocación descriptiva y capacidad de generar una tensión constante.
La capacidad de crecimiento se encuentra ya constatada, y la apuesta por el audiolibro ha dejado de ser únicamente editorial: en los siguientes años veremos cada vez a más escritores que encuentran en el audiolibro un terreno de creación y experimentación personal.
Originalmente publicado en The Conversation
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