
Si alguna vez tuviera que volver a una iglesia, me encantaría que sea una dentro de un cuadro de Harriet Backer (1845– 1932). La notable artista noruega fue una creadora de interiores maravillosos, con un uso de la luz, por presencia o ausencia, que le imprimen a sus obras un atmósfera que te trasporta justo a ese momento.
De familia más que acomodada y hermana de Agathe Backer Grøndahl, destacada pianista, comenzó su formación artística durante la adolescencia en la “clase de damas” de diferentes artistas locales, pero fue durante su estancia en París, siendo una veinteañera ya, que decidió dedicarse a la pintura.
Abandona Noruega al no encontrar su espacio en un círculo muy cerrado y parte hacia Munich, como otros compatriatas que se dedicaban al arte, pero como allí tampoco las mujeres podían acceder a las escuelas de arte, sigue formándose de manera privada. Hasta ese momento, se destacaba por sus retratos, pero tras el ingreso de la paisajista Kitty Kielland en su vida, con quien viviría varios años, comenzó a dominar la perspectiva central, que cobrará una gran importancia en su posterior pintura de interiores.
Con Kielland se instalan en París por unos años, donde desarrolla el naturalismo, aunque no pierde contacto con su país al que regresa esporádicamente, interesada por el movimiento nacionalista romántico, que integraban Adolph Tidemand, Hans Gude, Johan Christian Dahl y August Cappelen, aunque ella se diferencia de grupo por reproducir interiores en vez de escenas al aire libre.
Sus interiores son calmos, generalmente ocupados por mujeres, en estado de quietud, pensativas, leyendo, tocando el piano, mirando por la ventana. Generan un clima de incertidumbre, una especie de desasosiego, algo sucede allí, algo que no podemos ver pero que nos angustia, nos llama.
Iglesia de madera de Uvdal pertenece a una serie de obras realizadas en templos a partir de 1892, cuando profundizó su amistad con el escritor Arne Garborg. El pequeño edificio de madera es una stavkirke, un templo medieval de finales del siglo XII, que hoy funciona como museo y que cuando se hizo el cuadro en no estaba en uso.
Una de sus caracterísitcas es su colorida ornomentación, a partir de la cual la artista resalta a la mujer que lee sola, enfrentada a los hombres que ocupan los asientos principales de la iglesia, a partir de la luz que ingresa por la ventana. Ella, que está apartada, que no puede ingresar al círculo princiál de los hombre -como le había pasado a la artista durante gran parte de su formación y carrera- es la luz. La pieza se encuentra en el Museo de Arte y Casa de Compositores KODE de Bergen, Noruega.
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