
Hoy, 30 de septiembre de 2020, vengo a develar uno de los secretos mejor guardados de la cultura argentina: nosotros fuimos espiados por Quino. Cuando digo nosotros, me refiero a mi familia y amigos. No sé qué servicio de inteligencia habrá participado de la maniobra, o si el maestro estaría afiliado a la ultra secreta Unión Internacional de Observación y Seguimiento de Posibles Personajes para Historietas (UIOSPPH), pero lo cierto es que nos veía, nos escuchaba y luego de eso, recién luego de eso, escribía y dibujaba Mafalda. Lamento no tener registro fílmico de mi niñez, con eso bastaría como material probatorio ante cualquier tribunal, pero confío en que creerán en mi palabra.
Les brindo algunos ejemplos:
Mi mamá era la mamá de la tira, no tengan ninguna duda. Ama de casa, sencilla, amorosa, comprensiva. Y harta, insoportablementa harta, con ganas de tirar todo por la ventana (cuando digo todo sé que estoy incluido en el paquete) y descansar un buen rato del lavarropas, la cocina, las compras, el puto patriarcado y las preguntas incesantes de nosotros, sus críos.
¿El papá de Mafalda? Imposible que ese personaje no haya surgido de espiar al mío. Fue hábil don Joaquín, porque para evitar la acusación de plagio lo dibujó un poco más flaco, le quitó algo de futbolero y lo hizo más oficinista que periodista, pero en todo el resto es igual, es mi papá. Cambió nuestro Fiat 800 por un Citroen 2CV pero son detalles, al fin y al cabo mi papá también se levantaba a la noche para ver cómo dormía el bebé nuevo. A veces, en el medio de un vagón de subte atiborrado y triste, él andaba con la sonrisa dibujada porque en el desayuno mi hermanita había balbuceado pa-pá. Sí, les suena, obvio. Si Quino nos copió todo. Ya que la nombro a mi hermanita, de ahí sacó a Guille. Mismo pelo al viento, misma pasión por el chupete, misma media lengua.

Sigo con las pruebas.
Para componer a Felipe se basó en Pablo, uno de mis mejores compañeros. Dientes para afuera, duro de entendederas, eterno olvidado de los deberes, corazón gigante. Con Miguelito fue aún menos original porque ni el nombre le cambió, se basó en… ¡Miguel!, aunque nosotros no le decíamos con el diminutivo, quizás porque éramos tan chiquitos como él. A Miguel el pelo le nacía del centro y le caía en mechones para todos lados, como las hojas en la cabeza de su clon. Ah, tenía un tío admirador de Franco, y de Franco a Mussolini no hay más de dos milímetros a la derecha de diferencia.
A Susanita la sacó de Martita, mi primera novia, que me corría porque quería ser mamá y tener un montón de hijos. Ocho años teníamos. A Miguelito se lo copió de Josi, que en vez de ser gallego era judío y en vez de almacén tenía farmacia, pero en el resto los hizo iguales. Hasta la tortuga Burocracia nos copió. Vivía en lo de los primos de Lanús y se llamaba Speedy, comía lechuga y era tan lenta que cuando íbamos a visitarlos papá decía que se parecía a Entel. Quino no leyó a Kafka, simplemente nos copió a nosotros. Con Libertad creo que se tomó una ídem, porque no teníamos una pichona de revolucionaria en la banda.

¿Qué de dónde sacó a Mafalda? De mí, por supuesto. Me vio mirando noticieros y opinando sobre China con un chocolatada en la mano, me espió preguntándole a mamá por qué no poníamos el sueldo de papá en plazo fijo y vivíamos de los intereses, tomó nota mientras le daba consejos al cuidador de la plaza sobre cómo salvar el planeta y me vio soñar que trabajaba en la ONU y hablaba con Kissinger sobre el desarme. Lástima que no lo tengo documentado porque no había selfies ni esas cosas, pero ustedes me creen.
Voy terminando, disculpen si hay cierto desorden en el texto, un tono poco profesional en la denuncia, es que tenía todo esto guardado y creo que hoy, 30 de septiembre de 2020, es el momento de contarlo. Será porque hace un rato me enteré que la muerte, la puta muerte, se llevó a ese ladrón maravilloso que puso mi vida en una historieta. Sospecho que hizo lo mismo con la de todos ustedes.
Adiós, maestro. Gracias por dibujarnos. Respeto eterno.
SIGA LEYENDO
Últimas Noticias
Las madres de los otros para entender a la propia: lo nuevo de Adriana Riva
En “Entre otras” (Seix Barral, 2026), la autora de “Ruth” vuelve sobre una de las figuras más difíciles de contar: la mamá. A través de citas, anécdotas y escenas de madres de escritores, propone una lectura íntima que ilumina aquello que parece imposible de explicar

El Mercado de Arte Contemporáneo cordobés cerró una edición vibrante, con gran concurrencia, pero registró ventas limitadas
El encuentro, realizado por primera vez en el Espacio UNMOL, concentró a 59 galerías y proyectos en una propuesta que supo balancear a artistas reconocidos con jóvenes y una gran respuesta del público

La abogada que escribe en secreto: quién es Marie Vingtras, la francesa que estará en el Filba con Claudia Piñeiro
La autora de "Ventisca" y "Las almas feroces", dos veces premiada en Francia, llega a Buenos Aires para hablar con la escritora argentina sobre los mecanismos del thriller

El grafiti en la letrina, las estatuas de colores y Hitler en Roma: lo que Mary Beard revela sobre los clásicos que nadie cuenta
La película de Christopher Nolan impulsó las ventas de poemas homéricos. La historiadora británica de 71 años llega con un libro que cuestiona todo lo que creemos saber sobre ese entusiasmo repentino por la Antigüedad

Joaquín Furriel y el Puma Goity vuelven al Teatro San Martín en 2027 con dos nuevas obras clásicas
La ministra de Cultura porteña Gabriela Ricardes confirmó en el Festival de Biarritz América Latina que ambos actores encabezarán producciones del Complejo Teatral de Buenos Aires, en un anuncio que también incluyó el regreso de Elena Roger con "Invasiones I: no bombardeen Buenos Aires"


