Quino, el ladrón de mi vida

Hoy, a los 88 años, murió el gran dibujante argentino, autor de personajes inolvidables. Todos sus lectores lo recordaron en las redes sociales contando cuánto los ha influenciado, pero en este caso parece que fue al revés

Mafalda, de Quino
Mafalda, de Quino

Hoy, 30 de septiembre de 2020, vengo a develar uno de los secretos mejor guardados de la cultura argentina: nosotros fuimos espiados por Quino. Cuando digo nosotros, me refiero a mi familia y amigos. No sé qué servicio de inteligencia habrá participado de la maniobra, o si el maestro estaría afiliado a la ultra secreta Unión Internacional de Observación y Seguimiento de Posibles Personajes para Historietas (UIOSPPH), pero lo cierto es que nos veía, nos escuchaba y luego de eso, recién luego de eso, escribía y dibujaba Mafalda. Lamento no tener registro fílmico de mi niñez, con eso bastaría como material probatorio ante cualquier tribunal, pero confío en que creerán en mi palabra.

Les brindo algunos ejemplos:

Mi mamá era la mamá de la tira, no tengan ninguna duda. Ama de casa, sencilla, amorosa, comprensiva. Y harta, insoportablementa harta, con ganas de tirar todo por la ventana (cuando digo todo sé que estoy incluido en el paquete) y descansar un buen rato del lavarropas, la cocina, las compras, el puto patriarcado y las preguntas incesantes de nosotros, sus críos.

¿El papá de Mafalda? Imposible que ese personaje no haya surgido de espiar al mío. Fue hábil don Joaquín, porque para evitar la acusación de plagio lo dibujó un poco más flaco, le quitó algo de futbolero y lo hizo más oficinista que periodista, pero en todo el resto es igual, es mi papá. Cambió nuestro Fiat 800 por un Citroen 2CV pero son detalles, al fin y al cabo mi papá también se levantaba a la noche para ver cómo dormía el bebé nuevo. A veces, en el medio de un vagón de subte atiborrado y triste, él andaba con la sonrisa dibujada porque en el desayuno mi hermanita había balbuceado pa-pá. Sí, les suena, obvio. Si Quino nos copió todo. Ya que la nombro a mi hermanita, de ahí sacó a Guille. Mismo pelo al viento, misma pasión por el chupete, misma media lengua.

Mafalda y sus amigos
Mafalda y sus amigos

Sigo con las pruebas.

Para componer a Felipe se basó en Pablo, uno de mis mejores compañeros. Dientes para afuera, duro de entendederas, eterno olvidado de los deberes, corazón gigante. Con Miguelito fue aún menos original porque ni el nombre le cambió, se basó en… ¡Miguel!, aunque nosotros no le decíamos con el diminutivo, quizás porque éramos tan chiquitos como él. A Miguel el pelo le nacía del centro y le caía en mechones para todos lados, como las hojas en la cabeza de su clon. Ah, tenía un tío admirador de Franco, y de Franco a Mussolini no hay más de dos milímetros a la derecha de diferencia.

A Susanita la sacó de Martita, mi primera novia, que me corría porque quería ser mamá y tener un montón de hijos. Ocho años teníamos. A Miguelito se lo copió de Josi, que en vez de ser gallego era judío y en vez de almacén tenía farmacia, pero en el resto los hizo iguales. Hasta la tortuga Burocracia nos copió. Vivía en lo de los primos de Lanús y se llamaba Speedy, comía lechuga y era tan lenta que cuando íbamos a visitarlos papá decía que se parecía a Entel. Quino no leyó a Kafka, simplemente nos copió a nosotros. Con Libertad creo que se tomó una ídem, porque no teníamos una pichona de revolucionaria en la banda.

Quino y Mafalda (Foto: REUTERS/Eloy Alonso)
Quino y Mafalda (Foto: REUTERS/Eloy Alonso)

¿Qué de dónde sacó a Mafalda? De mí, por supuesto. Me vio mirando noticieros y opinando sobre China con un chocolatada en la mano, me espió preguntándole a mamá por qué no poníamos el sueldo de papá en plazo fijo y vivíamos de los intereses, tomó nota mientras le daba consejos al cuidador de la plaza sobre cómo salvar el planeta y me vio soñar que trabajaba en la ONU y hablaba con Kissinger sobre el desarme. Lástima que no lo tengo documentado porque no había selfies ni esas cosas, pero ustedes me creen.

Voy terminando, disculpen si hay cierto desorden en el texto, un tono poco profesional en la denuncia, es que tenía todo esto guardado y creo que hoy, 30 de septiembre de 2020, es el momento de contarlo. Será porque hace un rato me enteré que la muerte, la puta muerte, se llevó a ese ladrón maravilloso que puso mi vida en una historieta. Sospecho que hizo lo mismo con la de todos ustedes.

Adiós, maestro. Gracias por dibujarnos. Respeto eterno.


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