
Varios intelectuales, entre ellos el Premio Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa y el filósofo español Fernando Savater, se han adherido al manifiesto publicado por la revista estadounidense Harper’s en la que firmaron, entre otros, Noam Chomsky y Margaret Atwood, en contra del “uso perverso de causas justas para estigmatizar a personas”.
El punto más destacado de la carta de apoyo al “Manifiesto Harper’s” de los intelectuales españoles resalta la “preocupación por el uso perverso de causas justas para estigmatizar a personas que no son sexistas o xenófobas o, más en general, para introducir la censura, la cancelación y el rechazo del pensamiento libre, independiente, y ajeno a una corrección política intransigente”.
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Entre los firmantes españoles que apoyan al “manifiesto” figuran también Milena Busquets, Sergi Pàmies, César Antonio Molina, Mercedes Monmany, Ignacio Martínez de Pisón, Loola Pérez, Oscar Tusquets, Jimina Sabadú, Nicole d’Amonville, Alberto Olmos, Nuria Azancot, José Luis López Linares, Karina Sainz Borgo, Eduardo Moga, Carmen Posadas, Carlos Granés, Alexis Ravelo, Eva Serrano, Luis Alberto de Cuenca, José María Merino, María Zaragoza, Pedro Insua, Juan Soto Ivars, Daniel Gascón, María Borrás, Elvira Roca Barea, Félix Ovejero, Verónica Puertollano y Amelia Pérez de Villar, entre otros.

Pero los firmantes aclaran que ellos adhieren a “los movimientos que luchan no solo en Estados Unidos sino globalmente contra lacras de la sociedad como el sexismo, el racismo o el menosprecio al inmigrante”.
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Los intelectuales españoles que apoyan el fondo del manifiesto, aunque algunos están en desacuerdo con algunas definiciones, responsabilizan a los “líderes empresariales, representantes institucionales, editores y responsables de redacción, temerosos de la repercusión negativa que para ellos pudieran tener las opiniones discrepantes con los planteamientos hegemónicos en ciertos sectores”.
Con un tono menos abstracto que el de la carta firmada por Noam Chomsky y J.K. Rowling, entre otros, en la centenaria revista Harper’s, los españoles lamentan que en los medios de comunicación se hayan producido represalias contra intelectuales y periodistas que han criticado los “abusos oportunistas del #MeToo o del antiesclavismo new age”; represalias que se han hecho también patentes en nuestro país mediante “maniobras discretas o ruidosas de ostracismo y olvido contra pensadores libres tildados injustamente de machistas o racistas y maltratados en los medios, o linchados en las redes”.
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La carta firmada por 150 intelectuales en defensa del libre intercambio de ideas y en contra del clima intolerante que se extiende por el mundo, que fue publicada el 7 de julio de 2020 en Harper’s Magazine, la revista mensual estadounidense que trata temas políticos, financieros, artísticos y literarios, fundada en 1850, con una tirada mensual de 220.000 ejemplares, ha tenido varias respuestas del mundo cultural, he incluso firmantes que se han arrepentido.
La breve pero contundente Manifiesto Harper’s con el título Una carta sobre justicia y debate abierto que contiene fue firmada por un amplio abanico ideológico como Martin Amis, Salman Rushdie, Francis Fukuyama o Noam Chomsky contra “el clima intolerante que se ha establecido en todas partes”.
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Los 150 firmantes del “Manifiesto” alertan sobre la práctica habitual de llamar a “represalias rápidas y severas en respuesta a las transgresiones percibidas en el discurso y el pensamiento”.
Sin embargo, consideran más preocupante que los líderes institucionales estén aplicando “castigos apresurados y desproporcionados”, en lugar de considerar aprobar reformas. Esta situación está afectando especialmente a profesionales del periodismo, la literatura, la investigación o la enseñanza contra los que se toman medidas represivas en base a la presión de los activistas radicalizados.
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La carta completa
Somos de la opinión que la carta remitida a HARPER’S por escritores e intelectuales de diversas procedencias y tendencias políticas, dentro de una corriente liberal, progresista y democrática, contiene un mensaje importante.
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Queremos dejar claro que nos sumamos a los movimientos que luchan no solo en Estados Unidos sino globalmente contra lacras de la sociedad como son el sexismo, el racismo o el menosprecio al inmigrante, pero manifestamos asimismo nuestra preocupación por el uso perverso de causas justas para estigmatizar a personas que no son sexistas o xenófobas o, más en general, para introducir la censura, la cancelación y el rechazo del pensamiento libre, independiente, y ajeno a una corrección política intransigente. Desafortunadamente, en la última década hemos asistido a la irrupción de unas corrientes ideológicas, supuestamente progresistas, que se caracterizan por una radicalidad, y que apela a tales causas para justificar actitudes y comportamientos que consideramos inaceptables.
Así, lamentamos que se hayan producido represalias en los medios de comunicación contra intelectuales y periodistas que han criticado los abusos oportunistas del #MeToo o del antiesclavismo new age; represalias que se han hecho también patentes en nuestro país mediante maniobras discretas o ruidosas de ostracismo y olvido contra pensadores libres tildados injustamente de machistas o racistas y maltratados en los medios, cuando no linchados en las redes. De todo ello (despidos, cancelación de congresos, boicot a profesionales) tienen especial responsabilidad líderes empresariales, representantes institucionales, editores y responsables de redacción, temerosos de la repercusión negativa que para ellos pudieran tener las opiniones discrepantes con los planteamientos hegemónicos en ciertos sectores.
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La conformidad ideológica que trata de imponer la nueva radicalidad –que tanto parecido tiene con la censura supersticiosa o de la extrema derecha- tiene un fundamento antidemocrático e implica una actitud de supremacismo moral que creemos inapropiada y contraria a los postulados de cualquier ideología que se reclame “de la justicia y del progreso”.
Por si fuera poco, la intransigencia y el dogmatismo que se han ido abriendo paso entre cierta izquierda, no harán más que reforzar las posiciones políticas conservadoras y nacionalpopulistas y, como un bumerán, se volverán contra los cambios que muchos juzgamos inaplazables para lograr una convivencia más justa y amable.
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Desde estas líneas recabamos el apoyo de quienes comparten la preocupación por la censura que se ejerce sobre el debate acerca de determinadas cuestiones que quedan convertidas en nuevos tabúes ideológicos, que se suponen intocables e indiscutibles.
La cultura libre no es perjudicial para los grupos sociales desfavorecidos: al contrario, creemos que la cultura es emancipadora y la censura, por bienintencionada que quiera presentarse, contraproducente. Tal como opinan los firmantes del manifiesto Harper’s, “la superación de las malas ideas se consigue mediante el debate abierto, la argumentación y la persuasión y no silenciándolas o repudiándolas”.
Con información de Télam
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