
La pintora renacentista Sofonisba Anguissola (1535-1625) es recordada hoy por haber estableciendo nuevas reglas en el ámbito del retrato femenino, aunque por muchísimo tiempo cayó en el olvido y muchas de sus obras fueran atribuidas a otros grandes pinceles (masculinos) como Zurbarán, El Greco o Sánchez Coello.
En ese sentido, uno de los problemas fue que muchas de sus obras no estaban firmadas, dejando a especialistas e historiadores la oportunidad de colocar un valor a sus obras atribuyéndolas a otros artistas famosos. La calidad técnica de Sofonisba era tan grande, que permitió este tipo de atribuciones.
Muchos de estos trabajos son de la época en que Sofonisba fue pintora de la corte de Felipe II, en España, país al que se mudó a los 27 años luego de haber mejorado su técnica nata a fuerza de superar los obstáculos de una época en la que a las mujeres les estaba vedado el estudio de la anatomía e incluso el dibujo del cuerpo humano con modelo natural . Por eso, lo modelos del artista nacida en Cremona eran sus familiares, como sucede en Lucia, Minerva y Europa Anguissola jugando ajedrez, y tantas obras más, donde aparecen tres de sus seis hermanas.
A los 14 años, ella y su hermana Helena estudiaron con el artista local Bernardino Campi, y luego en el taller de Bernardino Gatti. Así, quedaron en la historia como las primeras mujeres en formarse en la pintura fuera de sus hogares y permitieron que cada vez más mujeres fueran aceptadas como alumnas en el futuro.

Cuenta la historia que uno de sus grandes admiradores también fue uno de sus maestros: Miguel Angel. El padre de Sofonisba le había enviado al gran arquitecto, escultor y pintor florentino algunos dibujos de su hija y cuando ella viajó a Roma, en 1554, fue a visitarlo. Miguel Angel le propuso que hiciera un dibujo en el que se viera un niño llorando y Sofonisba realizó el magnífico Niño mordido por un cangrejo. Quedó fascinado y por dos años, el responsable de la bóveda de la Capilla Sixtina la instruyó de manera informal.
En España, donde llegó con 24 años, estuvo otros 15. Lamentablemente, muchos de los retratos de esos tiempos se perdieron cuando, en 1734, se incendió el Real Alcázar de Madrid. Hoy, es incuestionable no solo su talento, sino también su importante papel como eslabón entre el retrato italiano y el español en el siglo XVI, además de su notable influencia en el desarrollo posterior de este género en Italia.
También, su trayectoria resultó un precedente para que las mujeres artistas -excluidas de la enseñanza académica, de gremios y talleres y del mecenazgo papal- encontraran respaldo en las cortes europeas entre los siglos XVI y XVIII.
Lucia, Minerva y Europa Anguissola jugando ajedrez se encuentra en el Museo Nacional de Poznan, en Polonia.
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