
Un video-audio-documental viaja por el mundo de la mano de 49 voces de personas en 39 países, que entre incertidumbres y sueños trazan una dimensión coral y colectiva sobre cómo se sienten en esta época de aislamiento obligatorio por la pandemia.
Lena extraña ir a la plaza en Moscú. Andar en monopatín. Extraña a su abuelo y a su abuela. Extraña el aire fresco. Y tomar un helado. Mourad, en El Jadida, extraña no poder ir a la mezquita. Yahia, en Bagdad, se preocupa por aquellos compatriotas que viven al día, sin un salario fijo y que –teme- no puedan sobrevivir y mueran de hambre antes de que los alcance el Covid-19. Mohamad, desde Saná, se estremece por el aumento de la pobreza con el aislamiento y la situación crítica en Yemen.
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Las voces de Lena, Mourad, Yahia y Mohamad se entralazan con las demás desde latitudes remotas, diversas, para revelarnos sus temores, añoranzas e ilusiones para un futuro –que hoy más que nunca, aparece tan impredecible como inédito. Y lo hacen en Voces desde el aislamiento; una obra multimedia realizada por tres mujeres italianas: Marta Cosentino y María Camilla Brunetti –periodistas- y Giulia Achilli –productora cinematográfica-, quienes dialogaron con Infobae Cultura.
El video -lanzado primero con subtítulos en inglés, luego en italiano, y a partir de hoy, en español- inicia con un verso de la poeta polaca Wislawa Szymborska -Nobel de Literatura 1996- que de algún modo sintetiza lo que sentirá el oyente al escuchar las voces de sus contemporáneos confinados en distintos continentes: “Escucha, cómo me late fuerte, tu corazón”.
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-¿Cómo y por qué surgió este proyecto?
-Cosentino: El proyecto nació de la urgencia de sentirnos menos solos, menos pequeños, frente a una condición inédita y violenta capaz de erosionar el alfabeto emotivo de las relaciones, tal como lo conocíamos. Y al pensar en una posible clave de narración para estos días de confinamiento, nos pareció inevitable, casi instintivo privilegiar el plural, y no el singular de una sola historia, una casa, una ciudad. Elegimos trazar un mapamundi en el cual, cada historia, cada voz, cada país, obrara como un nexo hacia otras historias/voces de países lejanos y a la vez increíblemente cercanos. Así surgió este cuento coral y oral, en el que miedos, ilusiones y sensaciones dan cuenta de la complejidad de tantos mundos en un solo planeta, con cuya precariedad debemos aprender a convivir, inevitablemente”, Para entramar esta suerte de mapamundi emotivo de la pandemia, las realizadoras consiguieron en sólo tres semanas, buscar, recopilar, escuchar y editar las voces que nos llegan desde geografías tan distantes como Medio Oriente y África, pasando por Europa hasta Latinoamérica y Estados Unidos, durante nueve minutos, con música del compositor Saro Consentino y editing de Riccardo Alessandri.
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-¿Cómo lo llevaron a cabo?
- Brunetti: Este video nunca hubiera sido posible sin el aporte de colegas, amigos y conocidos. Por eso, la recopilación de las voces es fruto de un trabajo colectivo de búsqueda y de vínculos que datan de aquellos años en los que tomar un avión para muchos, era más frecuente que tomar una autopista. Años en los que la cercanía era un brazo alrededor de la espalda, y no una condición del alma, como hoy. Un mundo veloz, cercano. Con la ilusión de tenerlo a mano.
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El caleidoscopio de voces que dan vida al video respondió -a través de audios por whatsapp- a tres preguntas de las realizadoras: ¿Qué te falta o extrañás en estos días de aislamiento? ¿Aprendiste algo con la pandemia? ¿Cómo ves el futuro post-confinamiento? Así, sin narraciones heroicas, ni mucho menos lugares comunes -como ‘todo va a estar bien’- lo más significativo de “Voces…” consiste en “constatar cómo personas de culturas, sociedades, realidades geográficas y socio-políticas tan heterogéneas, están unidas por el gran deseo de compatir y el mismo impulso de llegar ‘al otro’.

“Las personas convocadas devinieron ‘puentes’ hacia otros seres humanos que sentimos el mismo deseo de vencer el miedo, la distancia, la soledad, el aislamiento, para participar de la escritura de un nuevo paisaje humano y emocional, transcultural, multi-generacional y multilingüístico, que nos conduce la una profunda reflexión personal y colectiva”, agrega Brunetti.
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“Nos dimos cuenta de que las personas sienten la urgencia presente y cotidiana de comunicarse con el resto del mundo, de forma honesta e íntegra -afirma-. Y también percibimos cómo resulta una necesidad primaria para cada uno, la libertad de pensamiento, de expresión, de compartir, así como de participar en un discurso público, más amplio y complejo, internacional, capaz de construir momentos de unión y nuevos escenarios de diálogo abierto”.
-¿Por qué decidieron optar por la alternativa estética de un fondo negro, sin imágenes y sin los apellidos de quienes participaron?
-Achilli: Optamos por la vía pura del sonido, convencidas de su poder imaginativo. En un momento histórico como este, poder ´viajar´ simplemente escuchando nos pareció una posibilidad interesante. El trabajo se basa sobre la polifonía de las lenguas de cada voz, que transportan al oyente a una dimensión emotivo-geográfica inédita, dejándolo libre para crear asociaciones visuales totalmente personales.
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“Vivimos en una sociedad en la que el sentido de la vista es, sin dudas, el que más utilizamos, y el que está mayormente estimulado con input externos –sostiene Giulia-. Pero nuestra mente, estimulada sólo por el sonido o por las palabras escritas, es infinitamente capaz de crear imágenes. En este sentido, este trabajo es una experiencia profundamente personal para cada uno. Sobre la ausencia de apellidos, los omitimos para proteger el anonimato de aquellas voces que nos hablan desde ángulos del mundo donde expresarse libremente puede ser un riesgo”.
Para Giulia, si existe una palabra clave como conclusión final de esta obra, esa es “libertad. Libertad de expresarse, y libertad de imaginar”.
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