
Cuando los integrantes de la Fundación Somigliana comentaron su deseo de tener una sala propia en el barrio más emblemático del teatro off de la ciudad, el Abasto, parecía justo pero también difícil, dada la coyuntura económica.
En ese momento, no contamos con la cabeza dura de Tito Cossa, Roberto Perinelli, Bernardo Carey, Marta Degracia, Héctor Oliboni, Mariela Asensio, Andrés Binetti, Adriana Tursi y Raúl Brambilla. Los cinco primeros, por ejemplo, son parte de la historia del teatro independiente como autores, historiadores, directivos de instituciones docentes, miembros de asociaciones que defienden derechos de autor, partícipes de la construcción de leyes del teatro, o sea… obviamente esta vez ¡también lo lograron!
Construyeron un teatro hermoso con dos salas. Héctor Oliboni me pidió que dirigiera su obra Un destino absurdamente pequeño y yo dije que sí, obviamente.
El teatro se construía mientras ensayábamos. La estética de los medios y de la clase política cambiaba. Los temas aspiracionales de las y los jóvenes que se ponían en agenda, también. Todo nos influía. También a las actrices y actores.
Estar en el Teatro del Pueblo nos acercó a la historia de la actuación en el teatro popular argentino. Eso que visitan muy bien Mauricio Kartun y sus actores, por ejemplo. Por otra parte, el policial nos llevaba por el lado tarantinesco (Quentin Tarantino) de la actuación. Descubrimos que ambas cosas no son contradictorias. Absurdo, sorpresa, violencia y humor.

La pieza de Oliboni elige situarse en la cotidianidad de una pareja joven de clase media argentina, Lucrecia y Ezequiel (Anahí Gadda y Diego Freigedo). El conflicto es clásico y sencillo, lo que dispara no lo es. Son universitarios con primeros trabajos profesionales y aspiraciones económicas desmedidas. Buscan hacer lo que creen que hay que hacer para triunfar en la vida. El público ingresa como voyeur a espiar su intimidad, vida sexual, violencia y más. Una pareja como muchas que conocemos, podrían ser parte de nuestra familia, disfuncionales e hipócritas, eso sí. De pronto, en esa cotidianidad ingresa el absurdo. Dos delincuentes, casi payasos (Jorgelina Vera y Guillermo Aragonés) descentran la vida de la pareja. Todo se extrema, cambia, se invierte.
Mientras terminamos nuestros ensayos y aceleramos los tramos finales de nuestra obra, en la bellísima sala Teatro Abierto del nuevo Teatro del Pueblo, se terminan los detalles de la otra “obra” la arquitectónica, se pintan las gradas, se habilitan lugares de guardado, se preparan los camarines… Siempre esperando al querido público, ese que permite que se sigan creando teatros y estrenando obras, y que apoya al teatro independiente.
Es ese mismo público que permite que la ciudad de Buenos Aires y su escena teatral off sigan siendo una referencia para los estudios de teatro en el ámbito internacional.
*Ana Alvarado es directora de la obra “Un destino absurdamente pequeño” de Héctor Oliboni. Con funciones los domingos a las 18 hs en el Teatro del Pueblo, Lavalle 3636, CABA. Entradas: $400, con descuentos para jubilados y estudiantes, disponibles en Alternativa Teatral y en boletería del teatro.
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