Un rey de Calvino y la utopía musical de un teatro sin límites

Este fin de semana, el Teatro Argentino de La Plata presenta en Buenos Aires una producción de la ópera "Un re in ascolto" (Un rey escucha), de Luciano Berio. Fruto de la colaboración entre el compositor y el escritor Italo Calvino, la obra podrá escucharse en La Usina del Arte, con carácter de estreno americano

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Luciano Berio e Italo Calvino
Luciano Berio e Italo Calvino

A Luciano Berio (1925-2003) e Italo Calvino (1923-1985) los unió una estrecha relación de colaboración creativa que se prolongó por décadas. Allez hop (¡Vamos, salta!, 1959) y La vera storia (La verdadera historia, 1982) son algunos hitos de su interacción, que no estuvo exenta de conflictos. Lo mismo ocurre con la pieza radiofónica Dúo (1982), que funcionó como estudio preparatorio para Un re in ascolto (Un rey escucha, 1984), la obra que este fin de semana por fin se presenta en Buenos Aires. Aunque puede describirse como una de las óperas más radicales de la segunda mitad del siglo XX, tal vez ese nombre –"ópera"– convenga poco al audaz experimento musical que propone Un rey escucha.

Comencemos por la cuestión del "libreto", que presenta más de un desafío.

La trama: "un caleidoscopio de acciones"

Una historia de Italo Calvino está en el origen de la obra de Berio. El cuento versa sobre un rey que, inmóvil en su trono, progresivamente sucumbe ante el delirio acústico que le provocan los sonidos de su entorno palaciego. Mientras un grupo de conspiradores organiza un golpe de Estado, al monarca lo cautiva la voz de una mujer acaso imaginaria, cuyo rastro persigue sin éxito. (Calvino integró esta historia a otros dos relatos que formarían parte de un libro inconcluso dedicado a los cinco sentidos. El volumen se publicó póstumamente, en 1988, bajo el título del cuento dedicado al sentido del gusto: Bajo el sol jaguar.)

El escritor Italo Calvino (1923-1985)
El escritor Italo Calvino (1923-1985)

Al llevarla a la escena, Berio sometió la historia de Calvino a una violenta metamorfosis. Imaginó a Próspero, un viejo empresario teatral que, en sucesivas audiciones, juzga la performance de tres cantantes; ellas aspiran a encarnar un rol que él mismo creó. A su lado merodea un productor, impaciente por involucrarse en el asunto. Al mismo tiempo, una compañía de actores ensaya una obra de ribetes desconcertantes. En el elenco, se destacan un Mimo y un personaje bufo llamado Venerdì (Viernes), que Berio describe como "una figura exótica y repugnante".

Tres de estos personajes evocan el mundo de Shakespeare: si Próspero alude al mago y demiurgo de La tempestad, Venerdì es un avatar del esclavo Caliban (y también de Friday, el caníbal de Robinson Crusoe). En cuanto al Mimo, es una versión muda de Ariel, el Espíritu del aire que mágicamente ayuda al duque de Milán a ejecutar sus designios.

Como vemos, las fuentes de Un rey escucha bastarían para llenar el estante de una biblioteca. Berio enriqueció el núcleo argumental de Calvino con pasajes de un libreto alemán de fines del siglo XVIII basado en La tempestad. El compositor recurrió también a El mar y el espejo (1944), el largo poema en donde Wystan Hugh Auden desplegó su comentario lírico sobre los personajes y el sentido de esa obra de Shakespeare. Y, en la concepción general, Berio se dejó influir por un ensayo sobre el acto de escuchar que había encontrado en la edición de 1976 de la Enciclopedia Einaudi: lo firmaba nada menos que Roland Barthes, en colaboración con su discípulo Roland Havas.

Si en El mar y el espejo Auden pudo escribir un manifiesto de su arte poética, en Un rey escucha Berio difundió un panfleto para la renovación del teatro musical. Porque nada en los textos que deben interpretar los cantantes responde a la lógica de un libreto habitual. "El escenario es un caleidoscopio de acciones", se lee en una de las primeras acotaciones. Y, más que de "obra abierta", habría que hablar aquí de un teatro o de una dramaturgia "abiertos".

Tal vez por eso en la pieza reina el desbarajuste de un ensayo perpetuo, así como cierta atmósfera circense: no faltan bailarinas, acróbatas, un clown e incluso la típica mujer destinada a ser cortada en dos por una sierra de fantasía. (Este tributo a los artistas ambulantes no asombra si recordamos la primera colaboración entre Calvino y Berio: Allez hop, en efecto, ponía en escena los conflictos del director de un circo de pulgas amaestradas.)

El compositor Luciano Berio (1925-2003)
El compositor Luciano Berio (1925-2003)

El concepto de "acción musical"

En 1986, Luciano Berio conversó con Umberto Eco sobre la estética que apuntalaba la concepción de Un rey escucha. En esa charla –titulada chistosamente "Eco in ascolto" ("Eco escucha")–, Berio rechaza el rótulo de "ópera" y expone los motivos por los cuales prefiere hablar de "teatro musical" o "acción musical" (azione musicale). En una "acción musical", el proceso sonoro es lo que comanda el desarrollo de la "historia", nunca a la inversa. Cuando la música gana autonomía –sostiene el compositor–, podemos prescindir de los malos libretos prefabricados. Por su parte, el oyente también se libera del horizonte de expectativas que le ofrecen los géneros líricos tradicionales.

Pablo Druker (director musical) y
Pablo Druker (director musical) y Martín Bauer (director escénico), durante un ensayo de “Un rey escucha”

La "acción musical" de Un rey escucha se organiza en 19 secciones agrupadas en dos partes (no las llamemos "actos") . Ni el lenguaje casi siempre atonal ni las sutilezas de la orquestación impiden reconocer una serie de números autónomos: arias, dúos, ensambles. Ante Próspero comparecen las tres cantantes que aspiran a encarnar la voz anhelada; finalmente, lo real parece coincidir con el deseo cuando llega la "Protagonista", que se explaya virtuosamente en un largo número donde reelabora la música de las escenas anteriores.

También están los episodios de conjunto, algunos de los cuales involucran al coro y, entre otros personajes, a un trío de cantantes doblados por un acordeón. En algunos de esos ensambles o concertati se insinúa un tiempo de 3/4: así escuchamos cómo aparece y retorna, hasta que se deshilacha, un valsecito que parece salido de una sinfonía de Mahler.

Venerdì enriquece la textura con sus intervenciones declamadas: en la partitura, Berio anotó con esmero los valores rítmicos y las alturas aproximadas con que debe abordarse este rol. Y si este personaje grotesco interpreta una "serenata" en la primera parte de la obra, en la segunda también la orquesta se luce con un triste "aire" puramente instrumental.

El barítono Víctor Torres, que
El barítono Víctor Torres, que encarna el rol de Próspero, junto al director Pablo Druker

A lo largo de la pieza, se destacan las cinco arias que interpreta Próspero. Aunque no resulta fácil cantarlas, es posible reconocer sus contornos melódicos, que se despliegan en módulos recurrentes y que en ocasiones surgen del lenguaje hablado o acaban fundiéndose con él. Frente a la pandilla estrafalaria que forman el resto de los personajes, Próspero conserva un lugar de absoluta centralidad. Pero sus melodías siempre están teñidas de un cariz melancólico, como si este empresario anciano con aires de monarca supiera desde el principio que está destinado a morir.

El largo adiós que forman sus canciones, de hecho, nos permite apreciar el rasgo esencialmente elegíaco de Un rey escucha. Porque, en medio de un ambiente caótico, Próspero sueña con fundar una nueva dramaturgia, una forma alternativa del arte escénico. Si bien muere antes de cumplir su anhelo, no es seguro que podamos hablar de un fracaso: la inusual historia de su agonía es, ella misma, un buen ejemplo del teatro utópico que ocupaba casi todos sus pensamientos.

Pablo Druker al frente de
Pablo Druker al frente de la Orquesta Estable del Teatro Argentino de La Plata

* Hoy a las 20 y mañana a las 19 se presenta "Un rey escucha" ("Un re in ascolto"), de Luciano Berio, en una producción del Teatro Argentino de La Plata. Será en el Auditorio de La Usina del Arte (Agustín Caffarena 1), con entrada libre y gratuita, previa reserva en www.buenosaires.gob.ar/usinadelarte/entradasEsta "acción musical" cuenta con la dirección de Pablo Druker al frente de la Orquesta y el Coro Estables del Teatro Argentino y la dirección escénica de Martín Bauer. La preparación del Coro está a cargo de Hernán Sánchez Arteaga y los principales roles serán interpretados por Víctor Torres, Carlos Natale, Hernán Iturralde y Patricia Deleo.

 

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