La tranquilidad del balneario en el que una adolescente vive junto a su familia se ve alterada por un rumor: dicen que, por primera vez, hay tiburones en la playa. La noticia sacude a todos menos a Rosina, protagonista de Los tiburones, la película de la directora uruguaya Lucía Garibaldi que tras su recorrido por festivales internacionales tuvo su estreno comercial en la Argentina.

La génesis del filme data de siete años, cuando estaba terminando de cursar en la Escuela de Cine del Uruguay. "Quería hacer una película, pensé que tenía que ir a un terreno conocido y finalmente me incliné por la adolescencia", cuenta la directora de 32 años y advierte de antemano que el largometraje sufrió transformaciones desde entonces. Dice que perdió solemnidad.

Rosina tiene 14 años y vive en Piriápolis junto a su padre, madre y dos hermanos. Aparece desde el primer fotograma de la película, mientras corre en dirección al mar, ahí donde se deja ver el escualo, después de una pelea con su hermana mayor. La chica ayuda a su papá en trabajos de jardinería junto a otros empleados. Uno de ellos se llama Joselo, tiene unos años más que ella y le atrae en plena etapa de descubrimiento de su sexualidad.

El guión del filme es, en cierto modo, un desprendimiento del personaje que interpreta Romina Bentancur en su debut como actriz. Así lo explica la cineasta: "Quería que fuera un poco retorcido, que pudiera ser leído como bueno, malo, tierno, como todo. Yo me ponía a pensar en el lugar del personaje: ¿qué pasaría si hiciera esto o lo otro? Así fue surgiendo la historia, los hechos, las acciones. Todo era producto de cómo pensaba el personaje y cómo ejecutaba eso que pensaba".

"Rosina no es el estereotipo de mujercita adolescente, no se me ocurre que una nena tenga que llorar y ser frágil", analiza, y destaca cómo las características de la actriz contribuyeron a la configuración el personaje: "Romina es muy ducha con su corporalidad, sus movimientos, me gusta la hibridismo de su cuerpo. También tiene la voz grave. Me gusta mucho la masculinidad en lo femenino".

Garibaldi cuenta que a Romina la conoció a través de un profesor de teatro. En una primera reunión le mostró cómo actuaban sus alumnas en las clases. No lo dudó: era ella. "Fue la primera que vi y me encantó. Me gustó la ambigüedad de su cara, toda la película se resumía ahí…", recuerda.

Y abunda: "No solo el personaje es ambiguo y contradictorio, la película y el discurso también lo son. Como espectadora, soy de las que prefieren que no me resuelvan mucho, que no me den conclusiones, y la película no concluye nada sino que solo pone las cosas ahí".

Las devoluciones que recibió Garibaldi durante el recorrido que hizo Los tiburones por el mundo le permitieron arribar a una conclusión: "La película es mucho más sentida profundamente por las mujeres. Me dicen 'yo tendría que haber sido así', o 'a mí me pasó lo mismo', comentarios con respecto a la sexualidad, a esa incomodidad…".

"La adolescencia me parece muy compleja, muy incómoda y esa sensación me resulta muy interesante —reflexiona la directora—. A este personaje no sabés bien cómo hacer para quererlo o no, o te hace dudar si empatizás o no, y la adolescencia tiene mucho de eso, es una mezcla de sensaciones de incomodidad, inconsciencia y valentía".

Lucía Garibaldi
Lucía Garibaldi

Garibaldi quería que, en la película, la Piriápolis en la que pasó tantos veranos sufriera una invasión -"el tema de la paranoia vecinal me gustaba un montón, como la construcción de algo paralelo"- y en ese proceso brotó la idea de los tiburones. "Me parecían una amenaza linda", acota. Además, claro, habilitarían toda clase de lecturas alegóricas que la entusiasman.

"Nadie es profeta en su tierra". La directora cita a Jesucristo varias veces en menos de un minuto, cuando se acerca el estreno de su ópera prima en Uruguay. Reconoce que siente cierta presión por el acontecimiento, pero no es algo que la desvele. Y se entiende por qué no: hace unos meses obtuvo el premio a la Mejor Dirección en Sundance. "Lo que uno más quiere es que la película guste en su lugar, pero creo que es lo más difícil. Es difícil verse como pueblo en la pantalla. A mí me gusta, pero entiendo que a veces en Uruguay resulta incómodo. Igual, viendo todo lo que alcanzó hasta ahora es suficiente. No podemos pedir más nada".

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