Por Gabo Correa

Con Miguel Pittier nos conocemos bastante. Y hace bastante. Cursamos el Conservatorio Nacional de Arte Dramático en la misma época (él dos años más adelante que yo) y compartimos escenario en Babilonia de Armando Discépolo, que fue la primera vez que yo actué en teatro. Después Copi nos mantuvo entretenidos un par de años e hicimos Las viejas putas y Cachafaz, dos obras sensacionales de ese autor argentino que los franceses lo hicieron suyo. Habíamos encontrado cierta dinámica entre actor y director que nos permitía producir textos que nos gusten a los dos.
Algunos años más tarde él se fue a vivir a España y a su regreso, nos volvimos a juntar para hacer algo. Siempre al principio se llama "algo" a esa cosa informe, que se mantiene en el estadio de una o varias ideas, pero que siempre tiene que ver con la confianza de que el otro va a rumbear en la misma dirección con el pensamiento, con las ideas, con la acción. Además en este caso ese algo no era un texto existente al que aferrarse, sino que había que darle forma desde la escritura.
¡La escritura! Es un tema que abordaré más adelante, y que fue trascendental en la construcción de Criatura.

No teníamos las mismas ideas. Yo hacía mucho tiempo que pensaba en hacer "algo" relacionado con la vida de Pepe Biondi. Había tenido algún encuentro con Margarita, su hija, que al verme quedó impactada con el parecido que tenía con su padre, una de las razones por la que había decidido emprender ese camino, además de ser uno de los cómicos con los que de niño disfrutaba merendar frente a la televisión.
Ensayamos con Fabián Arenillas, dirigidos por Sergio Boris (grandes amigos), durante casi un año entero, y llegamos a construir un relato donde contábamos los primeros momentos de éxito que "Dick y Biondi" tuvo en México, antes de cruzar a Cuba, destino final del dúo, y que después de la separación, Biondi emprendería viaje hacia Buenos Aires de la mano de Goar Mestre, quien fuera productor de canal 13 y de Viendo a Biondi. Frustrado el intento grupal (por razones varias), empecé a pensar que el proyecto Biondi tenía posibilidad de realizarse en formato de unipersonal, haciendo una síntesis condensada en un solo personaje.

La idea de Miguel era hacer una versión de Frankenstein. Reescribir la novela y elegir tres personajes: Víctor Frankenstein, la Criatura y el marino, que es quien escribe las cartas que cuentan en la primer parte de la novela, el relato del navegante que ve a un extraño ser correr a velocidad sobrehumana sobre los glaciares.
En un principio intentamos que estas dos ideas se fusionaran tratando que ninguna de las dos perdiera su esencia, o que perdieran lo menos posible con el fin de que una no se coma a la otra. Pues eso fue lo que pasó. El gran Pepe fue primero diseccionado por Víctor Frankenstein y luego devorado por la hambrienta Criatura, ansiosa por cobrar vida. Pero algo quedó. El unipersonal. ¿Pero cómo contar una historia tan compleja y extensa con un solo actor?

Y acá empieza el tema de la escritura. A los/as actores/actrices nos encanta crear relato o dramaturgia desde la improvisación e ir viendo que queda en esa faena. Pero a muchos/as como es mi caso, nos es ardua la tarea de imaginar frente a la soledad de la computadora las palabras y las situaciones para interpretar después en el escenario. Así fue como empecé a deambular de puerta en puerta, buscando algún/a dramaturgo/a que escribiera la historia que yo claramente imaginaba en mi cabeza. Hablé con una variada selección de ellos/as, de distintos estilos y talentos, pero poco a poco me fui dando cuenta que ninguno/a se interesaba en escribir la idea de otro. Nadie escribía por pedido.
Fue entonces que decidí arremangarme y al mejor estilo Víctor Frankenstein, bisturí en mano, recorrer los cementerios de la imaginación y junto con los diálogos de la novela de Mary Shelley, diseccionar los miembros más hermosos ("hermosos, santo cielo") que después de prolijas costuras, formarían parte de mi Criatura ("¿quién se anima a imaginar los horrores de mis actividades secretas cuando revolvía la tierra de la tumba o torturaba animales para intentar dar vida al barro inerte?").
Hoy el monstruo está vivo, dando sus primeros pasos por este mundo, pero sigue en constante mutación, gracias a la atenta mirada de sus creadores.
*Criatura
Beckett Teatro, Guardia Vieja 3556, CABA
Sábados a las 23 horas
Localidades: $ 350.- Promoción: 2 x $ 500.-
Venta por Alternativateatral.com
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