(Fotos: Nicolás Stulberg)
(Fotos: Nicolás Stulberg)

La intimidad pública, el nuevo libro de Beatriz Sarlo -editado por Seix Barral – que estas semanas ha llegado a las librerías, vuelve a mostrar a la prestigiosa ensayista posando su mirada crítica sobre objetos inesperados. Tal como en el pasado hiciera en sus ya clásicas Escenas de la vida posmoderna, Sarlo utiliza las herramientas de la crítica literaria y el análisis cultural para ir más allá, a lugares inesperados para una intelectual de su talla. Esta vez, la ex profesora de literatura argentina de la UBA repara nada menos que en figuras como Mirtha Legrand y Diego Maradona para indagar sobre el sistema de la fama y los escándalos que los rodea, o Florencia Peña, Marley y Luciana Salazar, y analizar las diferentes concepciones de la maternidad.

A continuación, algunos extractos:

1. Mirtha Legrand es una estrella, no simplemente alguien famoso en los medios durante un período. Algunos episodios de su vida se hicieron públicos (como la muerte de su hijo homosexual), pero no tuvieron ni el desenfado ni el vale todo que caracteriza al escándalo. Muchos condenaron a Mirtha Legrand por su actitud frente a la enfermedad de su hijo y la helada distancia que interpuso con la pareja que lo sobrevivió. Pero esas condenas fueron discusiones psicológicas o morales. La restricción con que la verdadera «estrella» deja trascender episodios de su vida es contraria al desenfado del escándalo. Lo que, en el caso de una «estrella» como Legrand, puede ser presentado como problema moral (¿qué hace una madre con un hijo homosexual y su pareja?), el escándalo del fugazmente famoso lo presenta como develación que, supuestamente, deja todo al desnudo. Es obvio que el estatuto de «estrella» es más duradero que el de «famoso».

Mirtha Legrand, una estrella ajena a los escándalos
Mirtha Legrand, una estrella ajena a los escándalos

2. La «estrella» es una mezcla de voluntad, aptitudes originales y otras adquiridas muy temprano. Es un hombre o una mujer que tiene un cuerpo cercano al ideal de lo que se propone hacer. Desde muy chico, ha trabajado sobre ese cuerpo para perfeccionarlo y convertirlo en máquina perfecta. Es necesario ser concentrado como una piedra; implacable; monotemático: en el límite, inhumano. Mirtha Legrand tiene esos rasgos. Su cuerpo es su máquina, pero no en un sentido peligroso, sino en el de un entendimiento con esa materia física que, además, debe adecuarse perfectamente al deporte elegido (estrella de la tele es un deporte de alta competición). Mirtha Legrand es una «estrella» porque ha permanecido y ha trabajado duramente. No son los escándalos, ni los chismes, ni los avatares de su vida privada las causas de su duradera gloria mediática.

3. ¿Y Diego Maradona? Es evidente que quien está en el cuadro de honor de los tres, cuatro o cinco mejores futbolistas del siglo xx, es una «estrella ». Sin embargo, una revisión de sus apariciones en las redes y los medios podría demostrar que la tesis sobre «estrellas» y escándalos no contempla su caso. Maradona vive en estado de escándalo. A la inversa, Mirtha Legrand vive en estado de noescándalo y, cuando en su familia le tocó vivirlo (como en el caso de su nieta), sintió que se había roto una discreción que había cultivado desde la adolescencia hasta la vejez.

Diego Maradona, eterno protagonista de una vida de escándalos (Foto: Reuters)
Diego Maradona, eterno protagonista de una vida de escándalos (Foto: Reuters)

4. Mirtha y Maradona. Hay que tomar en cuenta no solo las diferencias socioculturales (Maradona viene del fondo de la pobreza suburbana; Mirtha pertenece a las capas medias que consideraron, en el pasado, que la dignidad era uno de sus valores constitutivos). Existen también diferencias profundas en el temperamento. Ambos, Mirtha y Maradona, se apoyan en sus méritos. Pero el futbolista actúa como si esos méritos debieran recordarse no solo en lo que son, sino por cualquier otro medio posible. Maradona es la extraversión del éxito. Mirtha es la administradora de setenta años victoriosos. Maradona ni siquiera «arma bien» sus escándalos. Simplemente le suceden y él los atiza. Mirtha los evita cuidadosamente en caso de que algo en su vida pudiera cruzarse con esa dimensión pública. Repudia el escándalo, porque su figura fue arma da sobre la base del trabajo. Maradona se encontró que su figura era la del genio.

Por eso son casos que no pertenecen a la dimensión moderada y mediocre de los escandalitos que ponen en escena la vida de los simplemente famosos por un rato, que son trabajadores proletarios del escándalo: lo necesitan para comer.

Florencia Peña y Marley junto a sus hijos
Florencia Peña y Marley junto a sus hijos

5. "Maquillada y peinada por los profesionales, que forman la tropa indispensable para cualquier foto, Florencia Peña (como lo hizo Serena Williams) mostró su gran vientre, cuya redondez combinaba bien con sus pechos redondos y los visibles tatuajes. La ropa blanca elegida se abre para dejar ver el cuerpo de la embarazada que, para darle un toque salteño, propio del padre también salteño de la criatura, lleva un sombrero descomunal. El tema de la foto es «famosa embarazada». Pero el niño ya ha nacido y la felicidad se amplifica en consigna: «¡Nos espera la mejor aventura del mundo! ¡Me explota el corazón!». Después, la revista Paparazzi explica pedagógicamente a los lectores que «un hijo inunda de felicidad la vida». Por supuesto, además de inundar la vida, un hijo es monetizable en publicidad. Y las fotos tienen que ser un poco emocionantes y un poco exageradas".

6. "No mucho después, el niñito de dos meses de Florencia Peña salió en la tapa de Caras junto al niñito de la misma edad de Marley (obtenido por subrogación de vientre en Estados Unidos). La nota tiene la franqueza de informar a sus lectores que la felicidad en los rostros de ambos amigos viene, claro está, de que sostienen a esos bebés en brazos, metidos hasta la cintura en la piscina de la quinta de uno de ellos. Felices hasta más no poder, nos informan también que el nacimiento de los niñitos no les impide divertirse y hacer bromas como antes. Sus sonrisas lo prueban".

Luciana Salazar y su hija Matilda
Luciana Salazar y su hija Matilda

7. Por supuesto, nada superó la felicidad de Luciana Salazar. Su historia tiene un claroscuro novelesco y escandaloso: la niña Matilda nació por subrogación de vientre, en Estados Unidos, trámite que, según trascendidos publicados en Perfil, costó ciento veinte mil dólares. Ella da a entender que puede revelar el nombre del padre; la sombra de un economista, ex presidente del Banco Central, se mueve en bambalinas. El trámite está lleno de conflictos, que la famosa resume con el sintético auxilio de un tweet: «¿Cuándo le vas a contar la verdad a tus hijos y a la sociedad @martinredrado?». La angustia de tales secretos e insinuaciones no fue obstáculo para que la «operación nacimiento» fuera grabada, colgada en YouTube y seguida en las revistas Caras y Hola que exhibieron una secuencia fastuosa de ropita y mueblecitos, sabanitas, empapelados, objetos y marcos todos cubiertos de florcitas. En este caso, la sobrecarga de detalles kitsch es más efectiva que las panzas y los amamantamientos. Quien observe las fotografías puede preguntarse (en todos los sentidos): ¿hasta dónde llega la nueva madre en su dispendio y su embeleso? La oda de la madre feliz es cursi, como probablemente lo sea cualquier felicidad que no haya sido elaborada por la inteligencia sensible, o trabajada por el arte. La exageración repetitiva (estos personajes tienen poco vocabulario) resulta inevitable.