Eduardo Basualdo
Eduardo Basualdo

Una torre medieval con un reloj gigante, un edificio industrial con ladrillos a la vista en un extremo desolado de La Boca, a la vera de la Autopista Balbín. Es la Usina del Arte. Una arcada de metal, un patio enorme, escaleras, más escaleras y ahí empieza a asomarse algo exótico, enorme, imponente y por momentos atemorizante. Hay un sonido que seduce como el canto de una sirena asesina, como las que atacaron a Odiseo y a sus tripulantes. El sonido es agudo y zumbón —la composición es de Nicolás Varchausky— y a medida que llegamos a estar frente a frente con La cabeza de Goliat, la muestra de Eduardo Basualdo, va en aumento.

Y allí está. En el Salón Mayor, cuelga de las vigas del techo una especie de roca inmensa, de carbón gigante, de meteorito. Sus proporciones son desmesuradas y su destino parece tener una sola posibilidad: caer, estrellarse contra el piso, rodar obstinadamente por las escaleras y llevarse puesto todo lo que encuentre a su paso. No se sabe bien qué es pero al rodear la instalación, al pasar por debajo —está a poco más de dos metros del suelo— se ven los miles de pliegues que invitan a reflexionar sobre eso que está sobre nosotros. Es inevitable, nadie puede mantener la mente en blanco al ver esta instalación.

"La gente necesita a veces que le expliquen lo que está viendo, pero si se pone a describir lo que ve, si empieza a enumerar lo que primero se le viene a la cabeza, es probable que recorra todos los conceptos de la obra". El que hace su aparición es el mismo Basualdo. Ojos claros, rubión, estatura baja, 40 años y una calma que oscila entre la introspección y la seriedad. Recorremos la instalación y no se priva de hacer comentarios en esta tarde fresca de viernes sobre el rol del arte, el presente de la cultura, los tiempos nuevos que nos arrebatan. Algunas preguntas y respuestas habían girado por mail, pero ahora, en el cara a cara, Basualdo tampoco le teme a ponerle palabras a lo indescriptible e intelectualizarlo.

“La cabeza de Goliat” de Eduardo Basualdo
“La cabeza de Goliat” de Eduardo Basualdo

— ¿Cómo surgió la idea de La cabeza de Goliat?

— La obra surgió en un momento en que estaba interesado en la idea de que el espacio está atravesado por fuerzas invisibles. Fuerzas naturales por supuesto, pero también sociales y culturales. Intentaba crear campos de tensión en el espacio que permitieran percibir reglas invisibles que lo atraviesan. Originalmente la obra se encontraba suspendida por encima del cubo blanco que ocupaba mi galería en una feria. Quería que los visitantes se enfrentaran a un espacio vacío cargado de una violencia latente. Un espacio bajo amenaza. Al cambiar el contexto de la obra, el volumen negro y gigante suspendido sobre la cabeza de los espectadores comenzó a ocupar un lugar más protagónico. Su aspecto genera intriga y despierta toda clase de especulaciones.

— Al igual que su instalación Freelancer, la primera impresión que tiene el espectador es de desconcierto, como si le costara entender lo que está viendo. ¿Esa intención es buscada?

— El desconcierto, la sorpresa y el asombro son estados muy valiosos para mí. Son figuras que logran quebrar la percepción cotidiana. Pero como el arte en sí mismo ya propone una manera distinta de experimentar la realidad, con mis instalaciones busco que la experiencia con la obra misma se distancie de la clásica manera de recorrer un museo. Muchas veces el desafío pasa por intentar trascender la experiencia de estar viendo arte. Me interesa que el cuerpo de los espectadores entre en tensión con las obras. Introducir la amenaza o la desmesura en la construcción de las obras permite generar otro vínculo con los espectadores.

Detalle de “La cabeza de Goliat” de Eduardo Basualdo
Detalle de “La cabeza de Goliat” de Eduardo Basualdo

"Sería una posición infantil si no hablo sobre lo que hago", dice con una ironía que se mantendrá en toda la charla. Basualdo nació en Buenos Aires en 1977, estudió Bellas Artes en el IUNA y viene del dibujo y de la escultura, pero su inquietud parece ser el motor originario. "Estudié con un profesor de teatro que además era filósofo y sostenía que la esencia es el espacio. Sin luz se puede hacer teatro, sin humanos también, pero sin espacio es imposible". Quizás allí está la verdadera piedra angular para entender su trabajo, que no es otra cosa que su obsesión. "El espacio nos asfixia. En las villas, en los edificios, en las cárceles. El mundo físico es limitado. Creo que la escapatoria está por el lado de abrir un mundo interno que ensanche las posibilidades."

Tanto en Freelancer —la instalación que expuso en ArteBA el año pasado: dentro de una sala, un helicóptero de tamaño real con las hélices girando— como en La cabeza de Goliat, está clara la propuesta por hacer del arte algo más que un objeto consumible bajo las normas tradicionales. La Bienal de Venecia de 2015 y las Bienales de Lyon y Pontevedra en 2011 fueron sólo algunos de los lugares donde ha expuesto.

Basualdo señala eso que está allá arriba, una amenaza a punto de desatar su destino gravitacional, y reflexiona. Menciona a Michel de Certeau, a Peter Sloterdijk, se interesa por establecer un diálogo que sortee las trampas de la banalidad. "El arte personal, como lo conocemos hoy, antes no existía. Antes no había ideas propias, privadas. Las cosas se decían y fluían", comenta y luego establece tres líneas para pensar una obra: la idea, la materia y el valor. "¿Cómo puede ser que un cuadrito chiquito valga tantos millones de euros? No es la idea, tampoco la materia con la que está hecho. Hoy en el arte sucede que el valor que se le agrega lo ocupa todo". Su postura frente al arte contemporáneo es crítico pero no en el sentido demoledor, mucho menos en la celebración pomposa. Sugiere pensarlo como el fin de las etiquetas o, mejor dicho, una posibilidad para subvertir los preconceptos que nos invanden y nos serializan. "El arte es una caja de resonancia. Cada espectador carga la obra con su mirada".

“La cabeza de Goliat” de Eduardo Basualdo
“La cabeza de Goliat” de Eduardo Basualdo

— ¿Te resulta cómoda la etiqueta de referente del arte contemporáneo?

— Me parece que son definiciones un poco vagas y un concepto muy relativo. Creo todo está en movimiento y esas etiquetas generan una rigidez que se quiebra inmediatamente. Genera expectativas que son fácilmente defraudadas.

— ¿Cómo ves al arte hoy? ¿Cuál creés que es el proceso que está viviendo?

— No se si puedo definir algo así. A medida que avanzo en mi trabajo, más consciente soy de la amplitud del campo. El arte estaba antes y estará después de nosotros. Un aspecto que me llama la atención es el carácter material de nuestra disciplina, el valor que tienen los objetos físicos. A veces llama la atención la energía que se lleva la materia y la mercancía en comparación con las ideas y las personas. Supongo que no se aleja mucho de lo que sucede en el resto de las actividades. Vivimos un momento en el que la materia es más valorada que la vida. Es paradójico, porque por otro lado los objetos son los que nos sobreviven y permiten establecer diálogos con el futuro.

— En una entrevista del año pasado, dijiste que "el arte no es belleza, es reflexión". ¿Cuál creés que es la función, el propósito, que tiene que tener el arte en la sociedad?

— En su momento alguien respondió a esa frase diciendo "la belleza es una forma de inteligencia". Estoy de acuerdo en parte. Deberíamos definir el concepto de belleza. En todo caso yo me refiero a la belleza instituida, aquella que lo deja a uno afuera o lo lleva por lugares comunes. Una escritora definía a "los lugares comunes como zonas muertas del pensamiento". La belleza instituida es desafectada, distante. No te involucra, te adormece. Los sentidos están subordinados a la conciencia, los gustos también, quien piense lo contrario está subestimando su alcance. El arte puede en todo caso expandir el concepto de belleza. Generar nuevos espacios mentales, activar zonas del afecto.

 

* La cabeza de Goliat
De martes a jueves de 14 a 19 horas
Viernes, Sábados, Domingos y feriados de 10 a 21 horas
Hasta el 22 de abril en el Salón Mayor
Usina del Arte – 
Agustín R. Caffarena 1 – CABA
La obra "La Inquietud" se podrá escuchar de martes a domingos a las 17 hs.
Entrada libre y gratuita

 

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