
Hubo un tiempo en el que se lo llamaba "El amor que no osa decir su nombre". Era el amor gay. Entre dos personas del mismo sexo. Pero, a decir verdad, era más osado todavía decir su nombre si ocurría entre dos mujeres -siempre silenciadas-. Y casi imposible de pronunciar -ni ya que decir de pensar- si era un amor entre dos chicas adolescentes, jóvenes, que se conocen en la escuela secundaria, se gustan, en esta segunda década del siglo veintiuno, se enamoran. Infobae visita a Patricia Kolesnicov (Biografía de mi cáncer, No es amor) escritora y periodista, autora de la reciente Me enamoré de una vegetariana, en su casa de San Cristóbal. La charla tiene lugar mientras Olga, su esposa, riega las plantas y, luego de un rato, va a comprar facturas.
-Usted había escrito No es amor, una novela de amor lésbico con fuerte tensión sexual. Acá cambia el tono.
-Aquella era una novela mucho más cargada sexualmente. Quizás se deba a que ahora pensé mucho en el lector, un público juvenil. Mientras escribía pensaba en protagonistas jóvenes y también en un público joven. Por otro lado, Claudia Piñeiro decía estos días que mi novela no es sólo una novela juvenil sino que les va a interesar mucho a adultos que tratan con chicos. Cuando la escribí, pensaba en un público. Y no sé si no es tan sexual porque yo soy adulta y me daba cosa escribir eso en una literatura para chicos, para los nenes. O quizás ya lo había escrito: ya había contado cómo era el sexo entre mujeres. Y esa parte en la adolescencia lo había hecho muy bien La vida de Adèle.

En su momento, Kolesnicov, que escribe sobre cultura en Clarín y que es una periodista apasionada, había comentado con sus amigos el estreno de la cinta, como shockeante. La historia de dos adolescentes que se entregan al amor y al deseo de manera explícita y que había logrado la Palma de Oro de Cannes marcó, entonces, una influencia.
-Fue una película audaz y al leer su novela pensaba en la película, pero por omisión.
-Es que son más grandes.
-¿Qué edad tienen sus protagonistas?
-Están en tercer año. Tienen unos quince años.
-¿Por qué se le ocurrió escribir sobre chicas adolescentes que pueden descubrir que se enamoran de otra chica?
-Un día iba caminando por Villa Crespo y vi salir de una casa a dos pibas, muy temprano, muy riéndose. Evidentemente habían dormido juntas e iban a la escuela, iban con bolsos para la escuela, de la mano. Y me detuve un poco en ellas. Era una cosa tan relajada. Supuse que era la casa de alguna de ellas dos, que vivía con sus padres porque eran muy chicas para vivir solas, y me di cuenta de que las cosas habían cambiado respecto de cuando yo era chica. Me quedó dando vueltas esa idea y cuáles serían los conflictos. Estoy lejos de pensar que la vida es color de rosa y sé que todavía hay pibes que se suicidan, que les hacen bullying, no es que está todo divino. Todavía tienen que escuchar las barbaridades que dice sobre ellos dice la Iglesia. Pero evidentemente no es lo mismo, es más abierto. Esos días nos fuimos de vacaciones, me quedé masticando el asunto y me vino a la cabeza la palabra "vegetariana", que es también una marca de época.

-Todos los protagonistas tienen un tinte bien marcado. Incluso la novela comienza con una discusión sobre cómo se definirían.
-Claro, y esa diversidad también está en el modo de definirse. Una se define de un modo más político, otra de un modo más físico, la otra definición es alimentaria y esto hace a un tema que es la identidad. Yo no estoy tan segura acerca de si la identidad sexual es una, o si soy yo quien quiero que así sea. Hay muchas elecciones sobre la vida y es cierto que es relevante, ¿pero es una identidad fija? ¿Yo soy la persona con la que me acuesto?
-Por eso la otra protagonista, cuando le preguntan, responde…
-Cuándo le preguntan ¿qué sos? Dice "normal". Pero no lo dice porque le da vergüenza, ¿cómo va a decir que es normal?
-Es una palabra polémica, ¿quién define qué es normal?
-Uno de los títulos que barajamos para la novela era: Ella vegetariana, yo normal, y después algunos amigos me dijeron: yo no compraría un libro con un título que incluyera la palabra "normal". Esa palabra te espanta: ¿quién te está hablando, quién es el dueño de lo normal?
-Quizás se deba a la experiencia: yo, por ejemplo, siempre supe que era gay, desde chiquito.
-Totalmente. Hay gente que lo tiene clarísimo desde siempre y gente que no.
-Sin embargo, si usted hubiese sabido desde siempre que su objeto amoroso y de deseo eran las mujeres, hubiera sido más difícil que para los chicos de hoy.
-Sin duda. Entenderlo, decirlo, hablarlo con las amigas hubiera sido más difícil.

-Hay quienes dicen que aquellas generaciones no tuvieron adolescencia, ya que no tenían la experiencia del aprendizaje del amor o del sexo, o lo hacían de manera clandestina, con culpa o represión.
-Claro. En mi caso, si era una represión, yo tardé mucho en enterarme porque mientras tanto viví la parte heterosexual. En cierta tensión. Yo me casé con un tipo del que estaba enamorada. Me parece hermoso, no tenía que fingir nada, yo era yo y me sentía muy bien
-¿Investigó sobre el tema o toda la historia es fruto de la imaginación?
-De la imaginación. Y de lo que vi. Una vez en la puerta del Mariano Acosta vi a dos chicas chapando fuertemente mientras yo iba a buscar a Joaquín, mi nieto. Algunas amigas que tienen hijos me contaron que sus hijos les cuentan que "fulano es gay" como si nada.
-Una de las protagonistas de su novela llega de España.
-Es producto de la crisis de 2002 y después de la crisis española y conozco familias así, que se fueron porque la cosa se puso muy dura luego de 2001 y volvieron diez años después cuando empezó el desempleo en España. Por eso ella se siente catalana, de hecho. Tenía cinco años cuando se fueron, sus amigos son de allá, su habla, la manera de llevar la mochila… A la vez es de una familia argentina, se hace vegetariana como una forma de rechazo al asado argentino, al asado de los amigos que se hace escuchando la Rock&Pop por internet, que es algo que yo vi. Mi hermana vive en Sitges y la vi en su laburo escuchando esa radio que decía: "hace frío, son las seis de la mañana" y nosotras estábamos con calor al mediodía. Me imaginé cómo veía eso una persona que crece ahí y que quiere integrarse, que no quiere ser un extranjero. Esa piba es trasladada abruptamente a la Argentina porque empieza otra crisis y llega un poco enojada. Las pibas de esta historia no viven en una burbuja.

-Es que además del gesto político que implica contar la historia de amor entre dos adolescentes, pasa esto de la crisis económica y, además, las chicas atraviesan una toma de la escuela.
-Y es una toma de hace dos años. Esa escena no la escribí con estas tomas, pero eso persiste en la Argentina. Y justo ahora cuando sale la novela, queda muy actual.
-En un momento de la asamblea dicen: "Hay veinte escuelas tomadas". Y el lector dice: "Pero esto está pasando hoy".
-Claro, se van comunicando entre las distintas tomas. Cuento un activismo estudiantil que además yo conozco, lo veo. Es algo un poco negado, como si no existieran los secundarios de los partidos, pero existen y son los amigos de los chicos, esos mismos chicos. No es que vienen los partidos a invadir el colegio. Mirá si no van a estar metidos en la realidad si no tienen gas en el colegio y se les caen pedazos del techo, eso es la realidad pura. Cuando se ponen en sujeto político lo ven como algo grandilocuente, pero lo que están haciendo no es un juego.
-La película El estudiante lo plantea desde otro punto de vista.
-Para mi gusto esa película está filmada con una orientación ideológica muy clara y con un prejuicio sobre lo que son los activistas estudiantiles. Por supuesto que hay rosca, pero los activistas que yo conozco militan, cotizan (N. de R.: aportan dinero al partido), se van a pintar a las cinco de la mañana. Mi mirada es cariñosa y a favor de la intervención política en la realidad. El kirchnerismo dijo: "Los jóvenes tienen que intervenir: voten". Es una manera, pero los pibes intervienen de una manera más directa, también. Y ahí molestan un poco más.
-Volvamos a su novela. Martina va descubriendo que algo le pasa. Es más, tiene un noviecito trosko.
-Que es lindo, además, que le gusta. Es un aprendizaje.
-Esa es la cuestión. Si un chico lee esta novela, ¿podría pensar tal vez: "ah, esto no es malo, esto yo lo puedo hacer"?
-Creo que todo lo que existe es más pensable, es más pensable para uno porque existe. Obvio que nadie va a cambiar su orientación sexual porque lea una novela, porque si no, no habría gays. Todos pasamos nuestras vidas leyendo novelas de amores heterosexuales. Si fuera por eso…

-Justamente, un chico gay no accede a esa educación sentimental que dan las novelas en su propio ámbito.
-Prácticamente no existen. Y hasta ahora no encontramos otra, en la Argentina, de chicas. Poder hablar del tema, que sea el tema de una novela y que no sea una novela de ghetto, que la editorial tome la decisión política de ponerla en la colección que va a las escuelas… Las cosas que se hablan se habilitan, dejan el espacio del silencio para ser algo que se conversa. Otra vez, los pibes ya están más adelante en eso. ¿Por qué no hablar de esto en la escuela?
-Se dice que la sociedad estaba un paso adelante para la aprobación de la ley de matrimonio igualitario.
-Sí, lo estaba, pero a la vez creo que la ley habilitó más de lo que iba a habilitar. Le dio un nombre. Yo ahora digo: "mi esposa". Le di un nombre. Y como la ley tiene un peso simbólico, la gente pone "esposa". Esta relación tiene un nombre que el Estado reconoce. Y me contaban que alguna escuela en la que se había hablado sobre esta novela, alguna maestra dijo: "Aunque nosotros no estemos de acuerdo con esta novela, esto es legal en la Argentina". Y que se pueda discutir en las aulas como cualquier libro también abre la posibilidad de disenso, que alguien diga no estar de acuerdo, y que también se haga cargo.
-Usted tiene un nieto, ¿cómo toma él su relación con su pareja?
-Él dice: "las abuelas". Se queda a dormir. Es una relación muy cotidiana. En algún momento preguntó, ahora ya no. Los nenes tienen novio o novia, se conversó.
-¿Piensa que su libro puede provocar polémica?
-Ya las hubo. Yo conté en dos páginas de Clarín mi casamiento con Olga. No soy una militante de género, pero soy una persona pública. Soy tranquilamente lesbiana. Si querés que tu hijo tenga la cabeza más cerrada, puede ser que esta novela te moleste. Si querés que tu hijo reprima lo que siente, lo va a sentir igual, aunque nunca haya visto un gay en el mundo, que es lo que viene ocurriendo a través de los siglos. En cambio, puede sufrir, reprimirse. Yo creo que el silencio enloquece y enferma, el disimulo enloquece y enferma. Tal vez eso sea más deseado que pasar vergüenza con tus amigos de la iglesia o del club. Yo estoy a favor de la libertad. ¿Puede haber polémica? Bueno, espero que la Iglesia saque un comunicado y así este libro se vende de a millones, como le pasó a Dan Brown.
LEA MÁS:
___________
Vea más notas de Cultura
Últimas Noticias
Así será el operativo de seguridad que se desplegará en el Estadio Ciudad de México para el México vs Portugal
Clara Brugada y el Gobierno de CDMX anunciaron un operativo de seguridad sin precedentes para el regreso del Coloso de Santa Úrsula rumbo al Mundial 2026

Canal de Panamá no limitará participación en nuevo embalse: empresas europeas y chinas podrán competir
El proceso incluirá una precalificación rigurosa para asegurar que solo participen empresas con experiencia en grandes obras hidráulicas.

Clima: las temperaturas que predominarán este 25 de marzo en Santiago Ixcuintla
La temperatura más baja registrada en el país fue la del 27 de diciembre de 1997, cuando el termómetro descendió hasta los -25 grados

Francisco Cerúndolo, tras una victoria que ilusiona en el Masters 1000 de Miami: “Esto no terminó, quiero ir por más”
El argentino celebró su clasificación a cuartos de final en el certamen estadounidense tras superar al francés Ugo Humbert por 6-4 y 6-3
Debate presidencial Perú 2026 EN VIVO HOY: segunda fecha con 11 candidatos, temas y todo sobre la jornada del 24 de marzo
Hoy, once candidatos expondrán sus propuestas sobre seguridad ciudadana y lucha contra la criminalidad, integridad pública y corrupción


