Borges, en un Olimpo compartido

Existe ya una camada de autores jóvenes que no lo incluyen entre sus influencias o bien lo consideran uno más

Guardar

En "Kafka y sus precursores" (Otras inquisiciones) Jorge Luis Borges concluyó: "En el vocabulario crítico, la palabra precursor es indispensable, pero habría que tratar de purificarla de toda connotación de polémica o rivalidad. El hecho es que cada escritor crea sus precursores. Su labor modifica nuestra concepción del pasado, como ha de modificar el futuro".

Así, muchos jóvenes escritores argentinos construyen un Borges a su medida: cercano, lejano, una inspiración extraordinaria entre otras del mismo nivel, uno bueno cuyo nombre empieza con B…

"Nunca tuve una relación estrecha con la obra de Borges ni con su figura", dijo Selva Almada, autora de Ladrilleros, Chicas muertas y El desapego es una manera de querernos, entre otras obras. "Honestamente lo leí muy poco: sus cuentos de cuchilleros sobre todo, que me gustan, pero tampoco soy fan".

Los precursores que ella se construyó fueron otros: Juan Carlos Onetti, Juan L. Ortiz, Horacio Quiroga. "Nunca Borges. No niego la dimensión ni la importancia que tiene en la literatura argentina, por supuesto, pero no fue una influencia, ni un palo en la rueda, para mí como escritora".

Con el paso de los años, dijo Oliverio Coelho (Los invertebrables, Borneo, Parte doméstico y Hacia la extinción entre otras novelas y colecciones de cuentos), la figura de Borges dejó de ser un modelo al que mirar con la candidez propia de la juventud. "No sólo aprendí a leer a Borges con una distancia extraña, como si leyera a un clásico universal comparable a Kafka, sino que aprendí a escribir sin Borges, a un costado de su tradición. Esto ocurrió en tanto fui encontrando mi propia tradición, genealogía o lista de caprichosos, que incluía varios autores que Borges no habría nunca digerido, como J.G. Ballard o William Burroughs".

Mauro Libertella (Mi libro enterrado, El invierno con mi generación) cree que su generación, los nacidos con la democracia recuperada, "pudo disfrutar y absorber a un Borges limpio de rispideces políticas, y eso fue en cierto modo una liberación, porque nos fue posible leerlo sin tanto escándalo ideológico". Quizás se perdieron algo con esa lectura no-politizada, arriesgó, pero sin dudas "ganamos mucho más de lo que perdimos".

En los años noventa, cuando Libertella cursó la escuela secundaria, Borges aparecía en la bibliografía obligatoria. "Eso es un peligro —opinó—: muchas veces terminamos odiando a los escritores a los que tenemos que leer por obligación". Pero Borges pasó la prueba.

Una de las almas de la editorial Eloísa Cartonera, el escritor Washington Cucurto (autor de los poemarios Zelarrayán y La máquina de hacer paraguayitos, las novelas Cosa de negros y Las aventuras del señor Maíz, entre otros títulos) ha leído a Borges una y otra vez, y siempre le ha generado un pensamiento contradictorio.

"Hace poco [la crítica] Beatriz Sarlo hablaba de retomar algunas lecturas de Borges, de la importancia que tiene dentro de nuestra cultura pero yo, francamente, nunca he sido muy borgiano", dijo. "Lo he leído bastante, lo he disfrutado por momentos, pero para mí nunca resultó una gran influencia, o nada determinante. Me gusta como me puede gustar Eduardo Galeano. Pero de Borges se habla en todas partes del mundo…"

—¿Entonces?

—Por esa influencia social uno tiene que volver a tratar de descubrir qué hay ahí… Todavía no lo he encontrado. Pero uno piensa que hay algo que buscar, porque si el mundo lo dice uno ha de estar equivocado. Para mí hay otros escritores muy interesantes, aunque no son internacionales.

—¿Cuáles?

—Los hermanos Osvaldo y Leónidas Lamborghini me parecen muy buenos; Néstor Perlongher y César Aira me gustan mucho. Son escritores que veo con más lecturas posibles en el futuro. Borges tiene esa cosa de clásico que a veces lo aplasta un poco, ¿no? Incluso cuando habla del gaucho lo hace con una mirada como lo harían los escandinavos con sus osos y sus bosques. Es como leer a Joseph Conrad o cualquier otro clásico. Tal vez me pase porque estamos separados en el tiempo: nosotros no lo hemos visto vivo, y las cosas decantan y se ven de otra manera. Es fascinante pero no es el único.

Gabriela Cabezón Cámara (La virgen cabeza, Beya. Le viste la cara a Dios), si bien calificó a Borges como "medio genio", cree también que comparte el olimpo de los buenos con Osvaldo Lamborghini, Perlongher, Roberto Arlt y Alejandra Pizarnik. "Ahora es todo mucho más disperso", dijo. "Mejor, ¿no?"

 

Testimonios recogidos por Gabriela Esquivada  gesquivada@infobae.com