El silencio de la resignación: historias de hambre, basura y supervivencia en Cuba

El deterioro económico y energético se refleja en alimentos racionados, farmacias sin insumos y cortes prolongados, mientras los testimonios recabados por Azteca Noticias describen una cotidianidad marcada por inflación y desesperanza

Pintura al óleo de cinco personas sentadas a una mesa con fichas de dominó y una vela encendida colocada dentro de una botella.
Una familia en Cuba permanece reunida junto a una mesa iluminada por una vela durante un corte del servicio eléctrico en su vivienda. (Imagen Ilustrativa Infobae)
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Cuba atraviesa una crisis económica, social, política y energética que, según el periodista Rodrigo Lema en un reportaje de Azteca Noticias, se agravó tras el reciente bloqueo al petróleo impuesto por Estados Unidos, con consecuencias visibles en el transporte, la distribución de alimentos, el sistema eléctrico y la vida cotidiana de una población que reclama comida, agua, medicinas y cambios.

Uno de los datos más concretos del deterioro aparece en el costo de la conectividad: un paquete de tres gigas cuesta 3,360 pesos cubanos (CUP)—el equivalente a unos USD 4.96—, uno de siete gigas vale 6,720 CUP (aproximadamente USD 9.91) y uno de 15 gigas llega a 11,760 CUP (cerca de USD 17.34), mientras un ciudadano citado por el medio aseguró que el salario es de 2,500 pesos cubanos al mes, lo que representa apenas USD 3.69 al cambio informal vigente.

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La relación entre ingresos y servicios básicos se repite en otros rubros, desde el transporte hasta la compra de alimentos.

Lema describió una llegada al aeropuerto José Martí marcada por “el silencio de la resignación” y recorrió calles de La Habana donde encontró bodegas vacías, farmacias sin analgésicos y montañas de basura. En uno de esos comercios, un vecino resumió la escena con una frase breve: “Está vacía, no hay nada”.

La escasez alcanza a alimentos, medicinas, combustible e internet

El reportaje mostró que la libreta de abastecimiento, creada en 1963 para distribuir comida, sigue funcionando como referencia en medio de una oferta insuficiente. Un cubano explicó al equipo que las filas existen porque los productos son pocos, y otro añadió que en la bodega “nada viene”, mientras una lata de arroz cuesta 300 pesos.

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Este video reportaje documenta las condiciones de vida en La Habana. Incluye testimonios de residentes que mencionan la escasez de alimentos, la falta de electricidad y la ausencia de libros. Las escenas muestran a tres individuos en entornos urbanos y una imagen de archivo en blanco y negro de una gran multitud. El material ofrece un retrato de las preocupaciones ciudadanas.

La falta de medicamentos aparece como otro eje de la crisis. En varias farmacias, el equipo preguntó por paracetamol y por remedios para el dolor de cabeza, pero la respuesta fue la misma: “No hay na’”. Una trabajadora incluso resumió la situación con una frase que el medio registró textualmente: “Hay más farmacia que medicamentos”.

La escasez de combustible afecta la movilidad urbana y rural. Los bicitaxis se convirtieron en uno de los medios de transporte más demandados y, en un trayecto documentado por la publicación, el pasaje costó 250 pesos cubanos (CUP) por persona—unos USD 0.37—, cuando antes valía 5 CUP (menos de USD 0.01). Un entrevistado explicó que un litro de combustible cuesta 3.000 CUP, el equivalente a USD 4.42 .

El impacto también alcanza al campo. Un ciudadano sostuvo que no hay petróleo para las máquinas agrícolas y que eso hizo caer la actividad, mientras en los barrios, ante la falta de gas y electricidad, muchas familias volvieron a cocinar con carbón y leña.

Los apagones son parte de esa misma secuencia de carencias. En algunos testimonios recogidos por Azteca Noticias, los cortes ocurren todos los días y duran entre cuatro y seis horas. En otro tramo del informe, Lema habló de apagones de hasta 20 horas, asociados a una vida en penumbras y a una creciente incertidumbre.

El malestar social convive con el control político y digital

Las críticas al gobierno aparecen en voces de ciudadanos que hablan de precios imposibles, falta de libertad y servicios públicos sin insumos. “Queremos luz, queremos comida, queremos agua. Y el gobierno no hace caso”, dijo una persona entrevistada por el medio. Otra señaló que la salud y la educación son gratuitas, pero faltan medicamentos y libros.

Un hombre mayor junto al mostrador de madera de una tienda con estantes vacíos y un letrero con la frase Bodega La Esperanza.
Un hombre permanece junto al mostrador de la Bodega La Esperanza, un comercio con los estantes vacíos ubicado en La Habana. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El presidente de Cuba Miguel Díaz-Canel reconoció la gravedad del momento al afirmar: “No soy idealista, yo sé que vamos a vivir tiempos difíciles”. Lema sostuvo que se trata de un escenario incluso más crítico que el período especial de los años noventa tras la caída soviética.

El control también se expresa en las telecomunicaciones. Según el reportaje, la empresa estatal ETECSA mantiene el monopolio y aplica tarifas que muchos no pueden pagar. A eso se suma, siempre de acuerdo con los testimonios recogidos, que durante apagones masivos o manifestaciones se corta la red y que para acceder a plataformas internacionales algunos usuarios necesitan un VPN.

Un entrevistado describió las limitaciones a la libertad de expresión con una formulación directa: “No la tenemos”. Otro afirmó que el país se presenta como libre ante el exterior, pero que quienes viven “adentro” saben que no lo es.

Artistas, creyentes y trabajadores narran el desgaste de la vida diaria

La censura a la crítica artística aparece vinculada al decreto 349, al que Lema llamó “ley mordaza”. El informe menciona al Movimiento San Isidro y a artistas como Luis Manuel Otero y Maykel Osorbo, presentados como figuras perseguidas o encarceladas por cuestionar al gobierno desde el arte.

En el caso de Osorbo, el reportaje relaciona su condena con la canción Patria y Vida, convertida en consigna opositora frente al histórico “patria o muerte”. Un entrevistado habló de personas con condenas de hasta 20 años de cárcel por salir a la calle a protestar.

Los testimonios comparan ingresos de 2.500 pesos con servicios y productos básicos fuera de alcance, desde paquetes móviles hasta arroz, en un escenario de malestar, control estatal y protestas castigadas. (Video retomado de reportaje de Azteca Noticias)

La dimensión religiosa aparece en iglesias de Centro Habana y Regla, donde los fieles piden salud, prosperidad y un cambio para el país. Una mujer resumió su deseo en pocas palabras: “Que la vida cambie y Cuba cambie”.

El trabajo también quedó retratado en historias personales. Una maestra de 91 años dijo que dedicó su vida a la docencia y que terminó “en la miseria”. Un barbero llamado Jordan mostró cómo improvisa herramientas con espuma extraída de un colchón y cómo repara máquinas dañadas porque no consigue recursos ni productos para el pelo a precios accesibles.

A lo largo del recorrido, Lema afirmó que el equipo fue vigilado y que hacer periodismo en la isla exige pasar desapercibido. En ese contexto, el reportaje reunió una secuencia de testimonios sobre hambre, inflación, basura, cortes de luz, transporte paralizado, censura y temor, en una Cuba donde, según uno de los entrevistados, “esto no es una crisis, esto es peor que un caos”.

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