Un médico cubano radicado en nuestro país asegura: “Entre dar prioridad a un profesional argentino o uno de allá, hoy elijo al de acá con los ojos cerrados”

El neurólogo Roberto Quiñones Molina -hijo de Hilda Molina, co fundador con ella del CIREN, un centro de excelencia en Cuba en los ’80 y ’90- coincide con la mirada de muchos colegas argentinos: “Hoy no se ven trabajos relevantes en la medicina cubana”. Y analiza la posibilidad que con ellos viajen miembros del servicio de inteligencia de ese país: “No niego ni afirmo... pero podría ser”

“Hace 26 años que formo parte de la comunidad médica argentina. Cuando llegué de Cuba tenía un currículum muy bueno, muy abultado. La secretaria del Rectorado de la UBA lo miró y me dijo: ‘Su currículum es envidiable, pero sepa que en este país no es ni bachiller’”, cuenta Roberto Quiñones Molina, neurólogo cubano que llegó a nuestro país en 1994. Es hijo de la reconocida médica Hilda Molina y en su país natal fundó junto a ella el CIREN (Centro Internacional de Rehabilitación Neurológica), donde entre otros argentinos se atendieron el fallecido legislador César Jaroslavsky y el actor Carlos Calvo. Luego de una larga lucha, su madre logró salir de Cuba en el año 2009 y se radicó desde entonces en nuestro país. "Mi madre hoy tiene 77 años y está bien, pero como adulta mayor en su departamento cumpliendo con la cuarentena para evitar el riesgo de contagio. Y no está en su ánimo hablar sobre temas que rocen la política ahora”, dice su hijo.

Quiñones continúa con el recuerdo de su propio arribo: “La secretaria me dijo, luego: ‘Para ejercer como médico en Argentina tiene que hacer las equivalencias del secundario, y tiene dos opciones: o hace cinco materias en un secundario común o se presenta en el Colegio Nacional de Buenos Aires y rinde Historia Argentina, Instrucción Cívica y Geografía. Y después va a la Facultad de Medicina y rinde diez materias de esa carrera’. Y tuve que hacerlo. Hice mi reválida como Dios manda. Entré por el aro, como quien dice. No me regalaron nada. Después me inscribí en los Colegios Médicos de acá, que son instituciones muy serias, muy respetadas, y puedo asegurar, después de 20 años de ser miembro de la Sociedad Argentina de Neurología, que el nivel de excelencia de los neurólogos de acá no tiene que envidiarle nada a nadie. Darle prioridad de un médico argentino o uno de allá, hoy con los ojos cerrados digo de acá mil veces”.

La posible llegada de 200 médicos cubanos, pero más aún el hecho que puedan ejercer su trabajo sin más requisitos que completar una planilla, tiene en vilo a la comunidad sanitaria argentina. Colegios Médicos, profesionales que ejercen en hospitales de nuestro país y otros varados en el extranjero protestaron por lo que consideran un privilegio inaceptable. Además, antecedentes internacionales y distintas denuncias ponen un signo de interrogación sobre la capacidad y la transparencia de esa llegada.

El neurólogo Roberto Quiñones Molina
El neurólogo Roberto Quiñones Molina

“La verdad que hoy no puedo decir si los que vendrán son médicos o no -comienza-. Hace 26 años me fui de Cuba. Si la preparación médica de estos profesionales es buena o mala, afirmar algo categórico sería aventurado. Hace 33 años me gradué. Para acceder a la carrera de medicina, en esa época, tenías que pasar por un montón de filtros. Tener un promedio no menor a 9 en el secundario. Era un privilegio ingresar. En la Facultad de Medicina de la Universidad de La Habana el claustro de profesores era impecable, inmejorable. Fue una de las experiencias más lindas de mi vida. Nos enseñaron lo mejor. Por entonces había que sacarse el sombrero. Nadie lo pone en duda. Los hospitales, con más o menos recursos, daban un servicio muy bueno a enfermos cubanos y extranjeros. Con el tiempo y la necesidad de atender personas del exterior que pagaban en dólares, vi que la salud se deterioró para los cubanos y se priorizó la atención a los extranjeros. Yo me vine en el 94, entre otras cosas, por diferencias políticas con el régimen entre otras cosas por esa diferencia que se hacía con la atención médica a los pacientes cubanos”.

-¿Qué opinión tiene de las misiones internacionales de médicos cubanos?

-Por aquella época las misiones iban a diferentes países del mundo. Mi madre, antes de ser una personalidad en la neurociencia cubana, cumplió servicios médicos internacionalistas en Argelia. Fue entre el ’79 y ’81, ’82. Por conocimiento de primera mano sabía que el gobierno argelino pagaba 8 mil dólares por médico y por mes al estado cubano... ¡8 mil dólares de esa época! Y a los profesionales como ella les daban 30, 40 dólares, y un departamento que debía compartir con otra médica. Se iba, sí, con idea de ayudar a esos pueblos que no tenían servicios médicos, y esas remesas de dólares servían a la revolución cubana para su subsistencia. Pero eran médicos de verdad, capacitados, preparados. De eso no había dudas.

-¿Y hoy?

-Lo que se dice, pero no te lo puedo afirmar ni negar, es que debido a la necesidad económica de Cuba de sostener estas misiones, se aceleró y masificó la formación de médicos. Se ha resignado calidad por cantidad. Muchos de estos profesionales son los que prestan servicio en países como Venezuela y otros. Y se dice también que entre esos grupos vienen siempre los cuidadores de los médicos, que son miembros de la seguridad del estado cubano, de la inteligencia, que cuidan que estos profesionales no deserten, no escapen, no establezcan vínculos con nacionales de esos países, y un poco para el mantenimiento de la moral y las directivas que les da el Partido Comunista de Cuba. No puedo afirmar ni negar, te repito y quiero que quede explícito, que sea como los videos producidos por las actuales autoridades de Bolivia, que afirman que muchos de estos médicos son adoctrinadores políticos, personal de servicios de inteligencia cubanos que vienen a hacer labores de espionaje.

-No puede afirmar ni negar, ¿pero lo cree?

-No se que decir, pongo un signo de interrogación. Yo digo que podría ser.

La llegada de Hilda Molina a la Argentina en el 2009, rodeada por su hijo Roberto Quiñones Molina, su nuera Verónica Scarpatti y sus nietos. (Télam)
La llegada de Hilda Molina a la Argentina en el 2009, rodeada por su hijo Roberto Quiñones Molina, su nuera Verónica Scarpatti y sus nietos. (Télam)

-Hay denuncias de la ONU sobre prácticas como esclavitud y corrupción.

-Bueno, sé también que algunos médicos que desertaron de Venezuela y otros países hicieron presentaciones donde se acusa a autoridades cubanas en complicidad con la Organización Panamericana de la Salud -estos entes que actúan como intermediarios- de quedarse con una parte del dinero de estos contratos. Han ido hasta la Organización Internacional del Trabajo a quejarse, a denunciar que han estado casi en condición de esclavitud, que no se los contrata directamente a ellos sino que es un contrato entre gobiernos. Y la persona que realiza el trabajo recibe una mínima paga.

-En definitiva, ¿le parece necesario que vengan?

-Hay una gran realidad también. Si esas personas que vienen demuestran que son médicos, se los acepta y los Colegios los autorizan ante una situación de desmadre de la salud, porque el virus se escapó de las manos, porque hay miles de casos por día y las terapias intensivas están abarrotadas y no haya cómo hacer frente porque -como hemos visto, lamentablemente- el personal de la salud se contagia, sólo en ese caso y con todos los filtros correspondientes, serian bienvenidos profesionales de cualquier país, no sólo de Cuba, que vengan a dar un servicio. Pero siempre que sean absorbidos y autorizados por los colegios médicos competentes, y que los abonos de honorarios sean equiparados a los de acá, no que les paguen diez veces más. En este momento no hacen falta. pero si sucede una calamidad, Dios quiera que no, podrían haber necesidad. Es una opinión mía y respetuosa. El gobierno tiene un comité asesor de personalidades muy prestigiosas, habría que preguntarle a ellos en ese caso.

-El doctor Juan Manuel Jimenez Torrado, entrevistado por Infobae, recordó que hace años la medicina cubana tenía desarrollo, pero que hoy, en los congresos internacionales, no ven trabajos destacados de sus médicos.

-Yo creo que eso es verdad. Por aquella época, por la experiencia del CIREN, una de las tareas más importantes que hizo mi madre, fue enviar cartas enviar a todos los referentes de neurociencias los pedidos para que aportaran su experiencia y asesoramiento. EL CIREN se enriqueció con la experiencia de figuras relevantes mas la experiencia que se creaba en Cuba. Muchos de los profesionales concurrimos a cuanto evento internacional había, publicamos nuestras experiencias y revistas prestigiosas como The Lancet las pusieron como referencia. Era una época muy ferviente. Hoy no he visto trabajos nuevos y relevantes de la medicina cubana.

Quiñones Molina está hoy al frente del Centro Ambulatorio Rebiogral, de evaluación y tratamiento interdisciplinario de discapacidades varias. Allí, cuenta, trabajan unas 40 personas entre quienes están en relación de dependencia y monotributistas. Y tiene los problemas comunes a toda pyme en medio de la pandemia por el Covid-19.

“Estamos trabajando on line -explica-. El día 20 de marzo hubo una circular que todos los centros médicos de rehabilitación teníamos que acatar la cuarentena. Desde entonces no hemos podido hacer rehabilitación presencial. Nosotros tenemos una cartera importante de pacientes con discapacidad mental y motora. Muchos han tenido un agravamiento de sus manifestaciones por la falta del trabajo habitual de rehabilitación. Hemos tenido que recurrir y armar a un grupo de apoyo mediante skype, videollamada, whatsapp. Los kinesiólogos hacen planes a través de videos orientativos que incluyen ejercicios de elongación, estiramiento, equilibrio, atención de dolores que en muchos casos se agravaron. Son pacientes crónicos, con discapacidades varias y severas”.

Por supuesto, la economía es el otro frente de batalla que enfrenta: “Nuestros pacientes tienen obras sociales, y sus tratamientos son costeados por ellas. Algunas tienen largos retrasos en el pago de los mismos. No sólo a nosotros, sino a otros centros de rehabilitación, centros terapéuticos, colegios especiales… Trabajamos con 33 obras sociales, pero principalmente OSBA (Obra Social de la Ciudad de Buenos Aires) e IOMA (de la provincia de Buenos Aires) tienen problemas para pagar los trabajos que realizamos en diciembre del año pasado. Al menos en IOMA por lo menos atienden el teléfono. Por supuesto, los casos particulares, si bien son pequeños, también cayeron. Instituciones pequeñas como la nuestra no recibimos ayuda de los bancos para el pago de salarios. Como a cualquier pyme, nos está costando”.

“Hemos hecho pagos de salarios parciales, porque no es posible sin ingresos genuinos hacer frente a las obligaciones. Si las obras sociales que te mencioné nos abonaran el trabajo aunque sea de diciembre, podríamos enfrentar el pago sin recurrir a préstamos. Los gobiernos de la ciudad y de la provincia deberían ver que estamos conteniendo a muchísima gente, tenemos hasta el último papel, la última habilitación, mientras ellos no cuidan la habilitación de geriátricos donde no hay un protocolo de seguimiento de pacientes y se contagian con Covid-19. Nos sentimos abandonados. Y muestra la hipocresía que hay en los gobiernos de todo el mundo con la salud. Ven que existen los médicos y personal de salud cuando todo se desmadra. Se vio desde China hasta Estados Unidos. Y acá también, sólo que gracias a la cuarentena los casos se pudieron contener”, se descarga.

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