
Después de haber finalizado su misión como embajador argentino en China, Diego Guelar -quien también fue representante diplomático en los Estados Unidos, en Brasil y ante la Unión Europea- volvió a Buenos Aires. Más precisamente el 9 de diciembre -cuando aún el mundo no tenía registro de que el coronavirus había mutado de los animales a los humanos- tomó el avión que lo traería de regreso a la Argentina sin imaginar que -aproximadamente un mes después- comenzaría a advertir la inminente llegada de ese virus a nuestro país.
¿Cuándo terminó su misión en China y regresó a la Argentina?
Me fui de China el 9 de diciembre del año pasado y, en ese momento -al menos desde el punto de vista público- el tema no existía ni allá. Me fui antes de la irrupción pero, por supuesto, tuve el impacto muy fresco de lo que estaba pasando por el vínculo diario con mis colegas y amigos. Tomé conciencia a principios de enero. Según mis datos, esto empezó a aparecer a principios de diciembre en Wuhan. A los chinos los criticaron enormemente, pero ellos no sabían qué era lo que pasaba. Tuvieron un proceso de impacto cuerpo a cuerpo con este virus nuevo que parecía una gripe.
Efectivamente, hubo un retraso que, a mi juicio, no fue largo porque el 1 de enero el tema se lanzó con todo. Entender qué pasaba les llevó unos 20 días, al margen del “estilo chino” de la no información pública y de que no hay prensa libre. De alguna forma, lo procesaban sin testigos. Lo estaban procesando y creo que la compresión no fue larga porque después tomaron la decisión, inédita en la historia de la humanidad, de hacer una primera cuarentena total de 60 millones de habitantes.
Ahora, los países toman la cuarentena como algo casi normal pero, cuando el 1 de enero la declararon en la provincia de Hubei, esto implicaba no poder entrar ni salir, ni circular y regía una cuarentena total en las casas. En el resto de China la dictaron de manera parcial, pero también con un sistema hiper - detectivo, que todavía existe. Hoy hablé con un amigo que acaba de volver de China y tiene que hacer la cuarentena: nadie circula. Así que el sistema sigue con mucha fuerza y estamos hablando de Beijing, no de Wuhan como epicentro. Todo esto me hizo tomar rápida conciencia de que el tema revestía una gravedad extraordinaria.
-¿En qué momento tomó la dimensión que tenía y se dio cuenta que, indefectiblemente, el coronavirus iba a llegar a la Argentina?
En la primera quincena de enero. Como el virus estuvo circulando libremente -como mínimo más de un mes- hubo millones de chinos portadores que salieron del país y que no entraron en ese cepo, que se cerró entre el 10 y el 15 de enero. Esto, inevitablemente, tenía que tener un impacto primario en el sudeste asiático, en Australia, en Europa y en los Estados Unidos por los flujos turísticos. Mi conclusión fue inmediata: coincidía con las vacaciones de verano en el Hemisferio Sur, concretamente en la Argentina, y el Año Nuevo Chino, que es el mayor circuito de visitas interfamiliares.
En Argentina tenemos una comunidad china de unos doscientos mil miembros. Eso implica que vienen a visitar a sus parientes -porque coinciden tanto las vacaciones en la Argentina como en China- y que, aquellos que están acá, también van a visitar a sus familiares. Entonces, teníamos una circulación extraordinaria de gente.
El segundo dato que tuve en cuenta fue la temporada de los cruceros a la Antártida: el segundo contingente de turistas es chino, el primero son los estadounidenses. Como todos, los chinos llegan al crucero después de bajarse del avión en Ezeiza, suelen quedarse como mínimo una noche en Buenos Aires y, luego, van a Aeroparque para volar a Ushuaia y embarcarse. Había una circulación muy grande.
-¿Qué nos protegió?
Que en el momento de mayor flujo, los chinos ya habían tomado recaudos de cuarentena para aquellos que salían del país, y así evitar contagiar al mundo. Ya se había perfeccionado eso: el chino que se embarcaba para Buenos Aires tenía que hacer 15 días de cuarentena. En China, lo controlaban en el aeropuerto. Por eso, no nos apareció la mano china, porque nosotros no teníamos controles, pero ellos sí. El flujo de nuestro intercambio y llegada ya nos tocó con el operativo cerrojo chino a pleno. Fue muy eficaz y, por eso, no registramos ningún contagio. El cerrojo chino tuvo mucha eficacia pero, a nosotros, este tema nos aparece por Italia.
- Imagino su desesperación al ver cómo era el panorama y lo que podía llegar a pasar en nuestro país
Fue horrible. No se lo puedo describir porque era una sensación de profunda angustia. Yo sentía esa responsabilidad, y entendía que tenía una vivencia y una comunicación personal inédita en la Argentina. Por ello, adopté algo que muchos criticaron e hicieron bromas, pero no lo hice de "careta": lo hice con conciencia del servicio público: si no lo hacía yo, no había nadie que lo hiciera.
-Fue entonces cuando intentó empezar a comunicarse con el ministro de Salud, Ginés González García, recurrió a los medios de comunicación e, incluso, lo publicó en su cuenta de Twitter
Exacto. Fui a todos los canales de televisión con ese mensaje. Incluso, lo advertí en muchos tweets. En esa época, el ministro Ginés González García me cargaba por televisión y decía que no había ningún riesgo de que el coronavirus llegara a la Argentina: una actitud que prefiero olvidar pero que está registrada, porque todo el mundo lo vio y es consciente. Siento mucho que haya sido así porque, indudablemente, es el mayor responsable. Yo no puedo imputar en esto al presidente Alberto Fernández, obviamente, ni a los otros ministros, ni a los gobernadores. El ministro de Salud cometió un error... más que un error, porque los datos que yo disponía -desde el punto de vista técnico epidemiológico- él no podía desconocerlos.
Traté de comunicarme, le mandé mails porque no me recibía... Hice todo esto a favor del Gobierno, entendiendo que era mi responsabilidad por haber sido durante 4 años embajador argentino en China. Además, tenía el privilegio de contar con esta percepción universal de la que no soy propietario, porque forma parte del bagaje público y no del privado.

-Ud. dijo que al ministro Ginés González García lo conoce desde hace muchos años
¡Lo conozco de toda la vida! Al principio, mis mails comenzaban con la frase “Querido Ginés”. Por supuesto que después, cuando no me respondía ni los mails ni los llamados, el trato era diferente. Yo no estaba haciendo nada en sentido crítico. No soy médico y no sabía exactamente cuánto podía tardar en llegar, pero me daba toda la sensación de que iba a ocurrir antes. Yo pedía que utilizáramos el tiempo y le mandaba mails en términos logísticos, no médicos. Le pedía de prever respiradores y equipamiento que, inevitablemente y en un stock mínimo, siempre iba a ser poco.
El ejemplo más claro de mi seguimiento del tema, en enero, fue la reacción de Corea del Sur que puso énfasis en los test: cada persona que entraba al aeropuerto era testeada. Se hicieron 20 mil test por día. Ese fue el secreto de controlar la pandemia. Acá, era tener equipo y testear constantemente en los aeropuertos: prácticamente el 98% en un solo lugar, que era Ezeiza, más el 2% en Córdoba. Pero esa facilidad que nosotros teníamos, desgraciadamente la perdimos. Mi angustia era muy grande porque era absolutamente consciente de que, en ese camino, teníamos la posibilidad de hacer una prevención muy fuerte.
Mi secretaria llamaba todos los días a la de Ginés. Cuando vi que no me daba bola, le pedí que me indicara a alguien como interlocutor. Pero nunca me contestó. Yo nunca me peleé con Ginés, para mí era una persona apreciada y toda mi actitud era de cooperación. Sentía que era una obligación hacerlo: es más, hubiera sido harto condenable para mí no hacerlo. Insistía sólo a esos efectos, porque me parecía fundamental que tuviera en claro, no los elementos médicos, porque obviamente no iba a ser yo quien lo informara médicamente, pero estaba este dato de entender que China no era un país lejano: esa era la clave. Había que entender que nos estaba pasando muy cerca y que, inexorablemente, nos iba a ocurrir.
-También intentó comunicarse con el canciller Felipe Solá
Sí, y tampoco me contestó. Felipe es un viejísimo amigo, para mí es incomprensible porque no soy un enemigo del Estado ni del Gobierno. Al contrario, milité muchísimos años en el peronismo. Considero que tengo más gente a la que estoy vinculado histórica y personalmente en este Gobierno, que en del PRO.
-¿Por qué cree que no le contestaron ni González García, ni Solá?
¡No lo puedo entender! No tengo forma de entenderlo porque el tema era muy específico, estaba muy fundado y la realidad demostró que yo no estaba molestando, ni pidiendo trabajo: ya me había ido de la embajada, no estaba buscando trabajo en el Gobierno... Esta fuerte sensación era de deber público.
-A la luz de lo que fue pasando y viendo que usted tenía razón en sus advertencias, ¿qué cree que pensarán Ginés González García y Felipe Solá ahora?
No sé, no se lo puedo decir: espero que hayan reflexionado. Lo importante en esta etapa es que hoy no hay ni banderas, ni sectores, ni nada... como no lo había en mi intento de comunicación. Hoy, las señales del discurso presidencial, acompañado por referentes muy importantes de la oposición, marcan que se está encarando el problema como lo tenemos que encarar: no me puedo imaginar otra forma que no sea en el marco de una unidad nacional estricta y donde, por supuesto, la responsabilidad hoy es muy vertical. Por lo tanto, lo que tenemos que hacer todos, lo hago ahora en mi casa: cumplir hacer la cuarentena y las instrucciones que se nos den desde la autoridad. Eso es lo que hay que hacer y punto.
Al día de hoy, está registrado lo que ocurrió y no vale la pena perder el tiempo en este tema. Hoy estamos en una nueva etapa, donde el concepto de unidad nacional es fundamental para todo. Nosotros tenemos lo que yo llamo “Las siete plagas”: empieza con la pobreza -que va a aumentar- sigue con la inflación, la recesión, la deuda externa, el sarampión, el dengue y, ahora, el coronavirus
Tenemos siete plagas para combatir con la misma metodología de unidad nacional: no podemos vencer a ninguna si no es con la unidad nacional. Tenemos que salir fortalecidos de esta batalla, pero después, sin lugar a dudas y porque no tenemos capacidad para combatir a las siete al mismo tiempo hasta derrotar a esta, las otras seis van a empeorar porque no les hemos dedicado tiempo. Esto nos tiene que dejar lo suficientemente fuertes para redoblar la apuesta y, con la misma metodología de unidad nacional, poder enfrentarlas.
-¿Qué análisis hace hoy de la situación?
Hubo una creciente toma de conciencia. En general, hoy hay una conciencia muy generalizada. Por vivir en la Ciudad, tengo más conocimiento de sus medidas y se lo ha ido encarando con mucha decisión. Me faltan datos, aunque supongo que lo mismo estará ocurriendo en la provincia de Buenos Aires y en el interior. Pasamos de ignorar el tema a un salto muy rápido, hacia una conciencia colectiva que hoy creo que es unánime. No veo a nadie que no esté respondiendo a esta idea de unidad nacional.
La combinación entre las decisiones públicas y la actitud de la gente está teniendo un saldo muy positivo. Estamos en plena batalla. El perfeccionamiento y el ajuste de las medidas van a ir siendo corregidas por el Comité de Crisis y por la gente que está teniendo una visión global. Pero creo que estamos en el punto que, sin lugar a dudas, me quitó el sueño durante dos meses. Hoy tengo la plena tranquilidad de que estamos haciendo lo que, conceptualmente, hay que hacer.
También, me hubiera gustado ver en enero o febrero a los infectólogos, que hoy van por todos los canales de televisión: a los llamados expertos, que es un fenómeno muy argentino. Hubo un faltante de estos especialistas para que pusieran al rojo vivo una situación que no era quién tenía razón; porque si hubiera sido eso, ¡ojalá yo no hubiera tenido razón! Pero no era un dato personal y me parece que ahí, los llamados expertos, estuvieron ausentes y deberán explicar por qué.
El coronavirus me quitó el sueño durante dos meses. A mi esposa (Viviana Fontanini), constantemente le traducía esta angustia porque la sentía vivencialmente. Ahora, la Argentina está dando en forma unida una batalla para el control del daño. No tengo la menor duda. Esa angustia hoy no la tengo, pero tengo los sustos y las preocupaciones que tiene cualquier argentino.
-¿Cómo transita la cuarentena obligatoria?
Cuando uno es lector, la compañía de un libro es maravillosa. Por supuesto, la compañía más importante es la de mi mujer. Fuera de ello, ser lector siempre te acompaña cuando tenés que estar con cierto nivel de encierro. No soy de vacacionar. Me tomo 3 o 4 días en forma muy aislada, pero mi concepto de vacación es leer y escribir. Miro televisión y Netflix. Por mi edad y por algunos temas crónicos respiratorios, estoy en la zona de riesgo.
-¿Qué nivel de miedo le provoca toda esta situación?
Tengo la desgraciada experiencia personal de haber tenido la presencia de la muerte desde muy joven, porque soy un superviviente de la década del 70. Y, desgraciadamente, he perdido a muchos seres queridos cercanos. Así que siento la muerte como una compañía que se sienta a mi lado desde hace muchos años. ¡Eso no quita que sea un voluntario! (risas) Tengo conciencia, que es más que miedo.
Cuando tenía 20 años, me acuerdo de que mi fantasía era si iba a vivir los próximos 6 meses: acabo de cumplir 70 años. Estoy muy agradecido a Dios, que me ha dado el beneficio de tener una larga vida, y a mi familia. Obviamente, no puedo quejarme.
Tengo un tema respiratorio de tipo alérgico asmático, con un episodio serio respiratorio anual. Pero tenía más riesgo cuando era miembro del Consejo de la Unión Nacional de Estudiantes, en 1969: éramos 16 miembros y, en 1974, habían sido asesinados 12. Así que tengo más chances ahora. En los últimos 50 años tuve una presencia muy constante de la muerte, lo que no significa que no tenga miedo ni preocupación. Al contrario, tengo consciencia de que ese riesgo está siempre al lado de uno.
-¿Qué origen tiene este coronavirus con una cepa que mutó de los animales a los humanos?
De una tradición gastronómica de China, que hay que entenderla desde lo que yo llamo “las dietas del hambre”. Nosotros tenemos una frase que en China es literal y es “todo bicho que camina va a parar al asador”. En el caso de China, los 100 años de humillación -como ellos lo llaman- y que ocurrió entre mediados del siglo 19 y 20, en donde vivieron una situación de hambruna producto de las guerras civiles y de la guerra de ocupación japonesa, se comía lo que se podía y el acceso a la proteína era a través de la ingestión de víboras, murciélagos, ratas...
Esta historia, que hoy está superada, se transforma en folclore. Hay hechos que se transforman, mudan en el tiempo y se transforman en un folclore, porque hoy no hay hambre en China pero lo que queda es una historia con estos mercados, como el de Wuhan. Todo el mundo lo vio por la televisión: son mercados que tienen problemas sanitarios muy grandes y que tienen estos animales, que no es un dato menor. Estoy seguro de que una de las consecuencias del coronavirus, es que estos mercados van a desaparecer definitivamente. Son motivo de la aparición de enfermedades y de problemas sanitarios muy graves, como el SARS, la gripe aviar y la porcina, que fue muy grave y provocó el sacrificio de 200 millones de cerdos pero no enfermaba a seres humanos.
Los problemas sanitarios chinos son objetivos y China está haciendo un esfuerzo extraordinario. Esta campaña que hizo por el coronavirus es admirable, desde todo punto de vista, porque, finalmente, un virus puede aparecer en cualquier lugar. Si no hubiera sido por la campaña de contención que hizo China, hoy estaríamos hablando de cientos de miles o de millones de muertos en todo el mundo.
-¿Qué datos le llegan desde China? ¿Ya fue realmente controlado?
Todo indica que está en vías de ser controlado. Hablé con un amigo y me contó que las medidas de control son súper serenas. No dan por terminado el tema porque, además, ahora tienen el boomerang: el control de los que llegan de afuera de China. El tema doméstico estaría controlado pero, como ahora es una pandemia, el virus le entra por el ingreso de los que no son chinos.
-¿Qué diferencia hay entre las medidas tomadas en China y las aplicadas en nuestro país?
Tenemos que entender la diferencia cultural. Miremos lo que pasa en Italia, que todavía lo está intentando y le ha costado más de mil muertos. Por una cuestión cultural, para nosotros es más difícil la imposición de medidas. Hay que entender esto y tiene su costo. Tenemos un marco cultural diferente. En Oriente, hay una cultural vertical que permite una disciplina social que es más difícil en Occidente, pero la realidad muestra que las medidas tomadas son las correctas.
Los casos siguen subiendo en España e Italia. Cuando tomás las medidas y el virus ya está circulando, ya tenés un stock de infectados y de multiplicación que es muy alto. En los próximos tres meses vamos a poder analizar si estuvimos a tiempo o llegamos tarde. En España e Italia las medidas llegaron tarde. Por suerte, acá tomamos las medidas porque sería terrible que estuviéramos hablando como cuando yo lo hacía como un loco en enero: parecía que se me había ocurrido ponerme a jorobar con este tema.
-¿Que pasará el 31 de marzo, cuando termine esta cuarentena obligatoria?
Cuando termine esta cuarentena, vamos a estar todavía empezando. Así lo contengamos en estos 10 días, las cifras van a dar aumentos y no retrocesos, porque hay una cantidad de test que se están procesando en este momento y que, inevitablemente, van a dar más infectados. Lo que no significa que no estemos haciéndolo bien. Por eso, el 31 de marzo hay que diferenciar las cifras, no como cifras que puedan demostrar que el número aumentó porque las medidas no sirven. Lo que estamos haciendo es lo que hay que hacer.
El grave problema con el inicio de estación es que empiezan a haber gripes normales y leves, que presentan síntomas como tos, resfrío y un poco de fiebre: eso va a complicar porque van a necesitar una multiplicación de los servicios médicos para ir descartando estos casos que no van a ser de coronavirus.
-Finalmente: ¿Qué le diría al presidente, Alberto Fernández?
Hoy le diría que estoy totalmente de acuerdo con las medidas que se han tomado, aclarando que no soy médico. Creo que tenemos que tener esta disciplina social que planteó. Me pongo a su disposición y me ofrezco como voluntario para prestar algún servicio que sea necesario.
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