Un hombre que no acató la cuarentena golpeó al vigilador que se lo hizo notar. Miguel Angel Paz, el agresor, está detenido en su domicilio.
Un hombre que no acató la cuarentena golpeó al vigilador que se lo hizo notar. Miguel Angel Paz, el agresor, está detenido en su domicilio.

“Tenemos los teléfonos explotados de denuncias a gente que no cumple con la cuarentena”, le dijo ayer a Infobae Florencia Carignano, la titular de la Dirección Nacional de Migraciones. Ya comenzaron las detenciones de ciudadanos que no se aislaron durante 14 días después de venir de las zonas donde el virus circula libremente, como decretó el gobierno nacional el jueves pasado. Ayer, todos vimos con espanto la agresión a golpes de un hombre, Miguel Ángel Paz, a un vigilador que le indicó que violaba la cuarentena y estaba en infracción. Y la pregunta llegó sola: ¿por qué tanto egoísmo e ignorancia?

La psicóloga Alejandra Libenson señala que “es la omnipotencia del ser humano que no acepta los límites, que en este caso es el límite entre la vida y la muerte”. La profesional, que trabaja principalmente sobre “la prevención de las violencias invisibles”, escribió libros como “Criando hijos, criando personas” y “Los nuevos padres” y tiene un espacio online llamado “De esto queremos hablar” en Radio Zónica, dice que en su consultorio recibió muchas consultas sobre el temor que provoca el coronavirus.

-Que tiene en la cabeza la persona que no cumple la cuarentena? ¿Por qué actúa con semejante irresponsabilidad?

-Desde el punto de vista psicológico, a nadie le gusta que le digan lo que tiene que hacer. Particularmente, el tema de los límites atraviesa a toda la población y las clases sociales. Y se nota que está más arraigado en figuras como este personaje que le pegó al guardia de seguridad, porque marca ciertos modelos de masculinidad y machismo. Hay personas cuya características son la impulsividad, y la falta de límites personales. No tienen tolerancia a la frustración ni capacidad de demorar un deseo, todas actitudes y conductas solidarias y empáticas. Sumado a eso el modelo de machismo, que “yo con el poder y la fuerza física soy dominante y el otro es inferior a mi”. Eso es un combo tóxico que va en contra de lo que es una situación de crisis en la que nos tenemos que unir solidariamente como sociedad.

En Capital fueron clausurados boliches por abrir a pesar que las normas excepcionales por el coronavirus no se lo permitían.
En Capital fueron clausurados boliches por abrir a pesar que las normas excepcionales por el coronavirus no se lo permitían.

-¿Qué estamos demostrando como sociedad?

-Que somos una bastante individualista. Lo que se intenta hacer es convertirnos en una comunidad protectora, donde para cuidar al otro me tengo que cuidar yo. Y si eso implica quedarme en cuarentena aunque no quiera, me lo tengo que bancar. Y ese límite hay personas que no lo soportan. “A mi no me van a decir lo que tengo que hacer”, “yo hago lo que quiero”... Es una mezcla de soberbia, omnipotencia, destrato, falta de solidaridad. Son males de la época. En situaciones como esta del coronavirus, al que es buena persona se le potencia la solidaridad, y quienes estructuralmente son complicados, les saca lo peor.

-Cuando el ser humano comenzó a agruparse en tribus, y luego en ciudades, fue para protegerse unos a otros de un enemigo común. ¿Por que ya no funcionamos así, cuando es evidente que estamos ante una amenaza poderosa.

-En una época, las familias funcionaban así, como tribus. Se acompañaban y se sostenían internamente. Ahora, en las urbes, estas tribus se han fragmentado. Se crearon otras, más virtuales, porque la gente está más aislada por la necesidad de producir dinero. Y esta situación de crisis que impacta en todos, que no deja afuera a nadie, hace que nos debamos replantear conductas que habíamos olvidado, porque atravesamos una vida más individualista. Esto nos invita nuevamente a tener que mirarnos entre todos, que nos debamos abrazar y decir que si no me cuido yo te puedo enfermar. Esto nos iguala a todos ante el riesgo. Lo democratiza. Y cuando aparece la agresión como respuesta es peligroso. Al romper las reglas que se imponen, se pone en juego la vida de padres, hijos, amigo y desconocidos. Este virus nos está interpelando como sociedad y como personas.

Detenido en Santiago del Estero por no cumplir el aislamiento.
Detenido en Santiago del Estero por no cumplir el aislamiento.

-Hoy, además, nadie puede decir “yo no sabía del peligro”, porque la información sobreabunda…

-Te insisto, hay un nivel de negacion por miedo, exceso de pánico u omnipotencia. Y estos extremos pueden ocasionar respuestas de sobreprotección o de mucho desapego: “Esto no es verdad”, “no está pasando”... Hay tanto miedo a la muerte, que tomar contacto con algo que puede acabar con tu vida es muy traumático. En definitiva, la prevención y la información fidedigna son los antídotos para este exceso de pseudo información que circula. Hay que empezar a decirle a la gente que debe dosificarla, porque el abuso que hay -sobre todo por whatsapp-, más que tranquilizarla, la asusta más. Debería haber una voz que represente a la Salud Pública, al gobierno, que nos cuide, que sea protectora y diga lo que hay que hacer.

-Pero eso es, precisamente: mucha gente se rehúsa a cumplir.

-Es un tema con la Ley. Al otro le enoja la arbitrariedad, el “lo tenés que hacer porque lo digo yo”. Otra cosa es representar la palabra de la Ley, y decirle a la población “señoras y señores, esto es lo que hay que hacer sí o sí por tal razón. Y si no lo hacen tendrán consecuencias legales o penales”, porque dentro de nuestra sociedad hay quienes no le alcanza con que se lo digan, es necesario penalizarlos para que cumplan.

La psicóloga Alejandra Libenson
La psicóloga Alejandra Libenson

-¿Estas conductas vienen de nuestra inmigración? Vemos que en Italia no le dieron la importancia al principio, y ahora son los países europeos con más problemas…

-Los italianos son más como nosotros, más rebeldes que los chinos. Estos se guardaron y en veinte días superaron la crisis.

-Pero son una dictadura.

-Bueno, entonces habría que encontrar la manera de democratizar el “no”: Explicar que si te digo que te quedes en tu casa, es porque te quiero. Esta conciencia solidaria hay que construirla, no es natural, no está en todos. Estas crisis ponen en la lupa quienes somos con mayor claridad. Nos damos cuenta quién es quién cuando nos enfrentamos a una situación traumática. Por algo la gente se mete en los supermercados y compra todo, sin dejar para el que viene atrás y también necesita. Nos va demostrando quienes somos como sociedad y como personas.

-¿Y hasta ahora como nos va mostrando?

-Alterados, asustados y sobreinformados. Pero fundamentalmente con mucho miedo, buscando una respuesta más contundente. Las medidas escalonadas dan más temor.

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