La historia de Carlos Cuesta no empezó en los grandes estadios de Europa ni en las concentraciones de la selección Colombia. Comenzó en Condoto, Chocó, un municipio donde hace dos décadas soñar con el fútbol profesional parecía una apuesta demasiado lejana. Allí, entre dificultades y pocos escenarios deportivos, apareció la figura que más creyó en él: su abuela.
El defensor colombiano, hoy consolidado como uno de los hombres de confianza de la Tricolor y con el Mundial de 2026 en el horizonte, tuvo detrás una historia marcada por el sacrificio familiar. Así lo contó a Infobae Colombia, Yadira Figueroa, tía del futbolista y una de las personas más cercanas a su proceso desde niño.
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¿Qué pasó con Carlos Cuesta?
“Carlos nació en Medellín, pero se crió en el Chocó. Desde muy pequeño soñaba con ser futbolista y acá las posibilidades eran muy escasas”, recordó. En ese entonces, según explicó, prácticamente no existían oportunidades para que un niño del departamento pudiera ser observado por clubes profesionales.
Por eso, cuando apenas tenía cerca de 11 años, la familia tomó una decisión que marcaría su destino: enviarlo a Medellín para perseguir su sueño. No fue sencillo. El joven defensor todavía cursaba la secundaria y tuvo que aprender rápidamente a convivir con la disciplina y la distancia.
“A él le tocaba estudiar en la mañana e ir a entrenar en las tardes. Prácticamente tenía que hacer muchas cosas solo, pero siempre tuvo la fe de que podía llegar”, contó Yadira.
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¿Quién era el padre de Carlos Cuesta?
Sobre el papá de Carlos Cuesta, no habló Yadira Figueroa, insistió en su abuela, que aunque no era amante del fútbol, entendió desde temprano que su nieto tenía un sueño distinto. “Mi mamá no era futbolera. Se volvió futbolera por Carlos. Pero siempre se ha caracterizado por apoyarnos muchísimo a hijos y nietos. Ella siempre ha querido que los sueños de ellos se hagan realidad”, afirmó.
Esa visión permitió que el central saliera del Chocó antes que muchos otros jóvenes de su generación. La familia entendió que quedarse significaba limitar las posibilidades de crecer en el deporte profesional.
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Con el paso de los años, el sacrificio empezó a dar frutos. Primero llegaron las convocatorias juveniles, luego el salto al fútbol internacional y más tarde las constantes apariciones en la selección Colombia. Aunque al inicio muchos cuestionaban que fuera llamado sin sumar demasiados minutos, la familia nunca dejó de respaldarlo.
“Hubo momentos en los que la gente decía que siempre lo convocaban para estar en la banca. Nosotros siempre le decíamos que no se desesperara, que la oportunidad iba a llegar”, recordó Yadira.
Y llegó. Un 9 de septiembre de 2021, Cuesta hizo su debut oficial con la Tricolor y terminó convirtiéndose en uno de los momentos más especiales para toda la familia, que acompañó al defensor desde las tribunas de Barranquilla. “Prácticamente toda la familia estuvo allá y gracias a Dios tuvo un gran debut”, dijo.
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Hoy, con experiencia en Europa y con la posibilidad de disputar el Mundial de 2026, Carlos Cuesta representa mucho más que un futbolista exitoso para su tierra natal. En Condoto se convirtió en inspiración para cientos de niños que ahora ven en él un ejemplo posible.
Parte de ese legado se refleja en la Fundación Carlos Cuesta, creada hace aproximadamente cinco años y enfocada en trabajar con niños y jóvenes del municipio. Según explicó Yadira, el proyecto nació del deseo del jugador de devolverle algo a la comunidad que lo vio crecer.
La fundación trabaja desde tres ejes: deporte, cultura y educación. Allí se desarrollan procesos de fútbol y voleibol, además de grupos de danza, música, formación en inglés y tecnología.
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“El objetivo es formar integralmente a los niños y alejarlos de tantas cosas negativas que pueden encontrar en la calle”, explicó.

Pese a sus compromisos internacionales, Cuesta suele regresar al Chocó cada vez que el calendario se lo permite. Incluso, durante unas vacaciones recientes, compartió varias jornadas de novenas navideñas con los niños de la fundación.
Ese vínculo permanente con su tierra explica por qué su historia trasciende lo deportivo. Porque detrás del defensor que hoy se perfila para jugar el Mundial de 2026 hay una familia que resistió obstáculos, una abuela que apostó por un sueño improbable y un pueblo entero que vio cómo uno de los suyos logró llegar a la élite del fútbol mundial.
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