
La presencia de exmilitares colombianos en conflictos armados de África, Medio Oriente y Europa ha llamado la atención de la opinión pública y de los organismos internacionales, motivo por el que Human Rights Watch (HWR) emitió un informe en el que destacó la importancia de los cafeteros en este tipo de conflictos.
Al respecto, en diálogo con Infobae Colombia, el experto en geopolítica Juan Camilo Ubaque habló de la demanda de soldados y mercenarios colombianos en el mercado internacional y porque esta se debe a una combinación de factores estructurales, formativos y sociales.
“La doctrina de las fuerzas colombianas está alineada estructuralmente con los manuales estadounidenses y los procesos de estandarización de la OTAN”, señaló Ubaque, que afirmó que esto significa que los militares colombianos manejan armamento, comunicaciones y tácticas que resultan universales en el ámbito mercenario, facilitando su integración en estructuras de mando extranjeras.
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La importancia de los mercenarios colombianos en el mundo

“Hablan el mismo lenguaje común de la guerra”, declaró el experto al hablar de la suma de experiencia geográfica que tienen los soldados colombianos que han combatido en “todos los pisos térmicos de una geografía accidentada”, lo que incluye alta montaña, desierto, entornos fluviales, zonas áridas y selva tropical.
Esta versatilidad los convierte en perfiles altamente adaptativos para operaciones en territorios tan disímiles como Sudán, Ucrania, México o el Sahel africano. El experto enfatizó que el aparato militar colombiano ha estado “enfocado de manera masiva en la infantería ligera y las maniobras de control territorial irregular”, lo que ha naturalizado una mentalidad de combate asimétrico desde las etapas iniciales de formación.
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El estándar militar sobre el que habló Ubaque es especialmente valorado por reclutadores internacionales de empresas privadas, que buscan personal con experiencia real en escenarios de guerra irregular. Por otro lado, explicó que la disposición de los exmilitares colombianos para trabajar como mercenarios en conflictos extranjeros responde en gran medida a condiciones internas.
“El flujo constante de personal militar colombiano a fuerzas mercenarias responde a una profunda asimetría económica interna y a fracturas institucionales que precarizan la vida del soldado profesional tras su salida del servicio activo”.

Para el experto, el diseño del sistema de seguridad social militar en Colombia permite un retiro temprano, por lo que miles de soldados pasan a la reserva activa a los 38 años, aun en plena edad productiva y operativa, pero desvinculados de la fuerza pública. Las oportunidades laborales en la vida civil son limitadas, casi exclusivamente en el sector de la seguridad privada convencional, mientras, que en contraste, las agencias de reclutamiento internacionales ofrecen remuneraciones significativamente superiores y oportunidades en el exterior.
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Esta migración se ve intensificada por las marcadas diferencias de estatus y derechos económicos entre los distintos rangos. “Mientras los oficiales gozan de carreras robustas, primas especiales y amplios reconocimientos, al soldado profesional se le regula bajo un vínculo laboral básico que frecuentemente restringe o niega derechos económicos fundamentales”.
Ubaque destacó la falta de compensaciones plenas por muerte en cualquier circunstancia del servicio, lo que aumenta la vulnerabilidad de quienes dejan la vida militar.

En cuanto a lo que distingue al militar colombiano frente a otros países, Ubaque mencionó la magnitud del aparato militar, en el que Colombia ocupa el puesto 14 a nivel mundial en personal activo, con más de 400.000 efectivos combinados, superando individualmente a potencias como Francia o el Reino Unido; además, la reserva oscila entre 900.000 y un millón de efectivos, ubicando al país en el puesto 11 a nivel global.
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El valor agregado del militar colombiano, según Ubaque, radica en su experiencia en el conflicto armado interno más antiguo del hemisferio occidental. “Esto se traduce en años de despliegue directo frente a amenazas híbridas, insurgencia organizada, economías criminales y tácticas de terrorismo”, resaltó el experto, que mencionó cómo el soldado colombiano suele estar especializado en operaciones contraterroristas, combate urbano y rural, asaltos helitransportados y desactivación de artefactos explosivos improvisados.
“Son destrezas técnicas que representan un costo prohibitivo de desarrollo para la mayoría de los Estados. Así, la combinación de formación, experiencia y condiciones laborales ha convertido a los mercenarios colombianos en un recurso codiciado por empresas de seguridad privada y ejércitos irregulares en zonas de conflicto alrededor del mundo”.
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