
El reciente debate en Colombia por el futuro de los hipopótamos del Magdalena Medio —descendientes directos del excéntrico zoológico privado de Pablo Escobar— volvió a poner sobre la mesa una historia que mezcla lujo, ilegalidad y consecuencias inesperadas que hoy tienen en jaque al país.
Todo comenzó en la icónica Hacienda Nápoles, donde el jefe del Cartel de Medellín construyó un zoológico con especies traídas de distintas partes del mundo, pero detrás de esa imagen extravagante se esconde una historia menos conocida que fue relatada por el reconocido periodista Germán Castro Caycedo, el cual tuvo encuentros directos con el capo en medio de su investigación periodística.
Según esa versión, durante una de las reuniones en la hacienda, Escobar no solo habló de su fascinación por los animales exóticos, sino también de los usos que les daba. Más allá del espectáculo, el narcotraficante reveló detalles insólitos sobre cómo incluso aprovechaba los desechos de los animales para evitar ser detectado por las autoridades.
En ese mismo encuentro surgió la historia que hoy explica por qué Colombia enfrenta una sobrepoblación de hipopótamos. Escobar le contó a Castro Caycedo que sus primeros ejemplares habían sido traídos desde África, pero todos eran machos. Un detalle que, de haberse mantenido así, habría evitado la expansión descontrolada que hoy preocupa a expertos.

Sin embargo, el capo quería que los animales se reprodujeran y fue entonces cuando ordenó a Ricardo “Cuchilla” Londoño conseguir una hembra. Lo curioso es que no llegó desde África, sino desde un zoológico en Texas, Estados Unidos y esa única hipopótama se convirtió en el origen de todos los ejemplares que hoy habitan en Colombia.
La llegada de la hembra estuvo rodeada de irregularidades, ya que tras ser transportada junto a otros animales, fue decomisada por el antiguo Inderena y llevada a un zoológico en Medellín. Sin embargo, mediante sobornos, el círculo de Escobar logró recuperarla.
En una maniobra tan absurda como reveladora, las cebras que venían en el mismo cargamento fueron reemplazadas por burros pintados con rayas.
Después de la muerte de Escobar en 1993, los animales quedaron a su suerte y, con el paso de los años, los hipopótamos comenzaron a reproducirse sin control en los ríos y humedales del Magdalena Medio, convirtiéndose en una especie invasora con impacto directo en los ecosistemas.

El problema escaló a tal punto que en 2009 el entonces ministro de Ambiente, Carlos Costa, autorizó una controvertida “caza de control”, una medida con la que buscaba reducir la población, pero terminó desatando una ola de indignación nacional e internacional.
El encargado de ejecutar la operación fue el cazador Federico Pfeil Sneider, que abatió a uno de los ejemplares en una intervención que fue respaldada por el Ejército. Sin embargo, la imagen del animal muerto —al que muchos llamaron “Pepe”— provocó protestas masivas y críticas de ambientalistas de todo el mundo.
La presión fue tal que el plan se detuvo tras ese único caso y desde entonces, la población de hipopótamos no ha dejado de crecer.
Hoy, más de tres décadas después de la muerte de Escobar, el país enfrenta las consecuencias de aquella decisión. Se estima que hay más de 160 ejemplares, con proyecciones que podrían llevar la cifra a más de 1.000 en los próximos años si no se toman medidas urgentes.

De acuerdo con la información que han brindado las autoridades, cada uno de estos animales consume grandes cantidades de alimento, altera los ecosistemas, compite con especies nativas e incluso ha protagonizado incidentes con comunidades locales. Su presencia, lejos de ser una curiosidad turística, se ha convertido en un desafío ambiental complejo.
En medio de este panorama, han surgido nuevas propuestas y una de ellas ha sido impulsada por el ambientalista Nicolás Ibargüen, quien plantea trasladar parte de la población a un santuario en la India y aplicar procesos de esterilización a los ejemplares que permanezcan en Colombia.
Mientras el país debate entre la eutanasia, el traslado o el control reproductivo, lo cierto es que la historia de estos hipopótamos sigue siendo un reflejo del legado inesperado de uno de los personajes más controvertidos de la historia reciente.
Lo que comenzó como un capricho exótico en la Hacienda Nápoles terminó convirtiéndose en un problema ambiental de gran escala, cuya solución aún está lejos de resolverse.
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