
En las montañas del sur del Valle del Cauca, un predio conocido entre los habitantes como “el resort” se ha transformado en el epicentro del secuestro en la región, bajo el dominio de la disidencia de las Farc al mando de alias Iván Mordisco: el autodenominado Estado Mayor Central (EMC).
Aunque no figura en mapas ni cuenta con coordenadas oficiales, la existencia de esta finca es un secreto a voces entre las comunidades de las veredas La Cabaña y Berlín, en el corregimiento San Antonio, del municipio de Jamundí.
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Lo que aparenta ser una hacienda de recreo, con piscina y extensos cultivos, es en realidad un centro de cautiverio donde permanecen la mayoría de los secuestrados por el frente Jaime Martínez, según información obtenida por la Revista Semana y corroborada por líderes locales.
El control sobre este enclave es absoluto: testimonios recogidos por el citado medio, y confirmados por residentes de la zona, describen un lugar vigilado de forma permanente, rodeado de puestos de control ilegales y accesible únicamente por caminos que solo los lugareños conocen.

Quienes han logrado acercarse relatan que el complejo rural ha sido adaptado para retener personas durante semanas o incluso meses: “Esa finca es grande, tiene piscina y casa de recreo, pero allá no hay descanso. Allá tienen gente amarrada”, afirmó un líder comunitario, que solicitó el anonimato por temor a represalias, según citó Semana.
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El caso del niño Lyan Hortúa, de once años, ilustra la magnitud del fenómeno: secuestrado el 5 de mayo en el corregimiento de Potrerito, también en Jamundí, el menor fue trasladado, según las autoridades, hacia la zona alta del municipio, donde opera el frente Jaime Martínez. Este secuestro desató una ola de indignación nacional y puso en evidencia el nivel de control territorial que ejercen las disidencias sobre esa franja rural.
“Los suben en camionetas; ni el Ejército entra”: la descripción de los pobladores aledaños sobre el ‘resort’
La finca, de acuerdo con la información recopilada por Semana, ha servido como lugar de reclusión para víctimas provenientes no solo del Valle del Cauca, sino también de Tolima, Huila y Cauca. El modus operandi se repite: las personas son interceptadas en áreas urbanas o en carreteras principales, trasladadas hacia el sur de Cali o Jamundí y luego internadas en la montaña por rutas de difícil acceso.
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“Los suben en camionetas, por donde ni el Ejército entra. A los pocos días los familiares ya saben que están arriba”, expuso un campesino de la zona, citado por Semana.

Los testimonios coinciden en la descripción de hombres armados y encapuchados que, durante la noche, bloquean el paso y obligan a los civiles a detenerse, para luego desaparecer con ellos. Algunas víctimas regresan tras el pago de rescate, mientras que otras permanecen desaparecidas.
Líderes comunales sostienen que hay personas secuestradas desde hace más de tres años: “Aquí arriba todavía hay gente amarrada. Eso todo el mundo lo sabe, pero nadie dice nada”, aseguró otro residente a ese mismo medio.
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El terreno del llamado “resort” abarca varias hectáreas, con una casa principal, piscina, edificaciones menores y zonas boscosas. Fotografías aéreas a las que tuvo acceso Semana muestran cómo el lugar se camufla entre la vegetación. Las disidencias han convertido este espacio en un refugio seguro para ocultar a las víctimas y mantener el control sobre el corredor que conecta Jamundí con el norte del Cauca.

“Es una zona estratégica porque está en medio de las rutas del narcotráfico. Desde ahí pueden moverse hacia el Naya, hacia Suárez o hacia el Pacífico caucano sin ser detectados”, explicó una fuente de inteligencia militar consultada por Semana.
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En las zonas rurales altas de Jamundí, la presencia estatal es prácticamente inexistente. Los habitantes afirman que el Ejército solo interviene en operaciones puntuales, mientras que las disidencias controlan el tránsito entre veredas. Un campesino resumió la situación: “Ellos son los que deciden quién entra y quién sale. Si no piden permiso, no pasan. Ni los soldados pueden subir sin que lo sepan”, reseñó.
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