
En algunos países, que un candidato presidencial sea asesinado o víctima de un atentado representa el punto más grave de una crisis de violencia; sin embargo, en Colombia se han registrado hasta ocho magnicidios de esta índole.
El más reciente fue el del precandidato presidencial Miguel Uribe Turbay, un hecho que recordó al país los peores años de los 80 y 90, cuando Colombia era uno de los lugares más inseguros del mundo debido al narcotráfico y al poder que tenían los criminales en la nación.
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Antes de Uribe Turbay, el último asesinato de un candidato presidencial se remonta al 2 de noviembre de 1995, cuando el líder del Partido Conservador, Álvaro Gómez, fue víctima de un atentado sicarial en Bogotá.
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Un caso con condenados y muchas dudas vigentes

Hace treinta años, el asesinato de Álvaro Gómez Hurtado, uno de los principales referentes políticos de Colombia, marcó un punto decisivo en la historia contemporánea del país. A las 9:30 a. m. del 2 de noviembre de 1995, el líder conservador fue atacado a la salida de la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá, cuando se dirigía a impartir una de sus clases; sin embargo, las circunstancias del crimen nunca se han esclarecido completamente.
Álvaro Gómez Hurtado había construido una trayectoria política como excandidato presidencial, constituyente y periodista. Su figura adquirió relevancia nacional tanto por su participación como miembro destacado del Partido Conservador, como por su voz crítica y analítica frente a los asuntos públicos más sensibles de la segunda mitad del siglo XX.
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El impacto de su muerte se extendió más allá del ámbito político, generando repercusiones en los sectores académico y social, así como en toda la institucionalidad del país.
El episodio desató de inmediato una investigación que buscó responsables por distintas líneas. El proceso judicial estuvo marcado por acusaciones cruzadas, desvíos en la investigación y la ausencia de un resultado judicial definitivo. Tres décadas después, aún no hay una condena firme contra los autores materiales o intelectuales del crimen.
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Durante la investigación se produjo el arresto y posterior condena de un oficial de la policía, a quien vincularon como uno de los supuestos autores del hecho; sin embargo, este proceso judicial estuvo rodeado de dudas y terminó con decisión de preclusión ante falta de pruebas concluyentes. El caso fue archivado respecto a dicho oficial, sin que se hayan hallado elementos probatorios suficientes para sostener la condena inicial.
En paralelo, persisten interrogantes alrededor de las motivaciones y los posibles responsables intelectuales. La familia de Álvaro Gómez Hurtado ha mantenido vivo el reclamo de justicia a lo largo de las tres décadas transcurridas.
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Diversos sectores han pedido que el magnicidio sea considerado crimen de lesa humanidad, un estatus que permitiría evitar que los hechos prescriban judicialmente y posibilitaría retomar o reabrir investigaciones con nuevas evidencias.
La ausencia de justicia también ha provocado que el legado del político aumente, puesto que sus aportes en la vida pública incluyeron su participación en la redacción de la Constitución de 1991, donde defendió propuestas orientadas al fortalecimiento de instituciones y la democracia. Además, promovió debates sobre reforma política, fortalecimiento del control ciudadano y revisión de modelos de poder.
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El impacto del asesinato se observa en el modo en que el país discute la memoria y la justicia. La Universidad Sergio Arboleda mantiene homenajes y recordatorios constantes sobre la obra y pensamiento de Gómez Hurtado. Distintas generaciones han utilizado la figura del dirigente como punto de referencia para analizar la arquitectura institucional y la persistencia de desafíos en materia de verdad y reparación.
A pesar del tiempo transcurrido, el crimen contra Álvaro Gómez sigue representando para el ámbito político y jurídico un caso emblemático sobre los límites de los sistemas judiciales frente a magnicidios, el reclamo de justicia de las víctimas y la memoria de líderes asesinados en el ejercicio de sus actividades públicas.
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