
La reciente captura de un funcionario del Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía del Atlántico en Barranquilla ha puesto en evidencia la profundidad de la infiltración del Clan del Golfo en las instituciones encargadas de combatir el crimen organizado en Colombia. Según información obtenida por Semana, este funcionario, conocido como “el del CTI”, habría colaborado activamente con la organización criminal, lo que ha encendido las alarmas sobre la seguridad institucional y la integridad de los procesos judiciales en la región.
El operativo, realizado por la Policía Metropolitana de Barranquilla, permitió la detención de al menos 12 presuntos integrantes del Clan del Golfo, entre ellos el funcionario del CTI.
De acuerdo con Semana, el capturado integraba el grupo de protección a testigos en Barranquilla y, al mismo tiempo, habría actuado como enlace interno para la subestructura Carlos Daniel Fulaye Vargas, una de las ramas más activas del Clan del Golfo en los departamentos de Atlántico y Bolívar. Esta subestructura se dedica a actividades como el narcotráfico, homicidios y extorsión, y mantiene un control significativo en municipios como Soledad, Malambo, Galapa, Puerto Colombia y la propia Barranquilla.
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Las investigaciones citadas por Semana señalan que “el del CTI” mantenía comunicaciones constantes con el principal cabecilla de la organización en el Atlántico, que también fue capturado durante el operativo. Una fuente cercana a la investigación explicó que el funcionario tenía una trayectoria de cinco años dentro del grupo armado, desempeñando un papel clave como facilitador de información sensible sobre operativos judiciales y coordinador de envíos de droga hacia Centroamérica, en colaboración con alias El Gato.
Además, mantenía contacto directo con alias César o Cartagena, considerado el segundo al mando de la subestructura, responsable de ordenar homicidios selectivos y controlar rutas de narcotráfico en el área metropolitana.

El modus operandi descrito por las autoridades judiciales consultadas por Semana revela que la filtración de información desde el interior de la Fiscalía favorecía la evasión de operativos por parte de los criminales y ponía en riesgo investigaciones de alto perfil. “Tenemos informaciones que estamos verificando porque es grave que personas que se supone que son los que atacan a estos grupos y los tienen hasta en nómina. Muchas de las investigaciones son demoradas, pero es porque antes de dar lo que uno llama positivos, los objetivos se mueven y se nos pierden de la nada”, detalló una fuente de inteligencia estatal.
La infiltración del Clan del Golfo en la Fiscalía del Atlántico ha generado preocupación adicional por la seguridad de testigos y víctimas, así como por la protección de datos sensibles.
Según lo recogido por Semana, la exposición de información reservada compromete la integridad de quienes colaboran con las autoridades y debilita la capacidad del Estado para garantizar la confidencialidad y la seguridad en los procesos judiciales. “El tema de las fuentes humanas que nos ayudan con informaciones e incluso las mismas víctimas quedan expuestas porque son datos sensibles, que se supone que el Estado les debe garantizar su reserva, pero nada de eso se estaría cumpliendo con las filtraciones que tendría el Clan del Golfo en la Fiscalía”, advirtió una de las fuentes consultadas.

Ante la magnitud del caso, las autoridades han reconocido la posibilidad de que existan más funcionarios infiltrados en la Fiscalía y otras entidades estatales. Fuentes de inteligencia citadas por Semana no descartan que la red de corrupción y filtración de información sea más amplia de lo que se ha detectado hasta ahora, lo que representa un desafío considerable para la lucha contra el crimen organizado en la región.
El contexto en el que opera el Clan del Golfo en el Caribe colombiano se caracteriza por una estrategia de expansión territorial, aprovechando la supuesta tregua entre otros grupos criminales como Los Costeños y Los Pepes con el Gobierno. Esta situación ha permitido que la subestructura Fulaye Vargas refuerce su presencia en municipios clave, incrementando su control sobre actividades ilícitas y, al mismo tiempo, permeando instituciones estatales para facilitar sus operaciones.
Mientras persista la infiltración de organizaciones criminales en entidades como la Fiscalía, la efectividad de las acciones judiciales contra el crimen organizado continuará viéndose seriamente comprometida.
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