
El fútbol profesional colombiano atraviesa una crisis por culpa de los errores arbitrales que siguen siendo el ‘pan de cada fin de semana’. La situación empieza a preocupar a los diferentes actores de ‘deporte rey’ en Colombia y no auguran un buen futuro, recordando el grave episodio que se vivió en 1989, en el cual un árbitro murió violentamente.
Como consecuencia de estos errores, Álvaro Ortega fue asesinado en Medellín por órdenes de Pablo Escobar, como aseguró su mano derecha y ya fallecido Popeye. La preocupación en la actualidad es que el camino de los desaciertos impulse a los grupos ilegales que están detrás de las casas de apuestas a cometer otro homicidio, solo por equivocarse en el fútbol.
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Iván Mejía: “Esto puede terminar mal”
Una de las controversias más recientes involucra a un partido entre Deportivo Pereira y Junior, donde un gol del equipo de Barranquilla generó disputa por una aparente posición adelantada de Carlos Bacca, que no fue considerada por el árbitro Andrés Rojas.

Este incidente ha provocado fuertes reacciones en la comunidad futbolística, destacando las declaraciones del periodista Iván Mejía Álvarez, quien expresó su preocupación por la tendencia de decisiones arbitrales que, a su juicio, podrían tener graves consecuencias.
“De robo en robo, de favorecer siempre a los mismos, de arbitrajes torcidos, esto puede terminar mal. Pero Don Ramón cree que todo anda bien”, fueron las palabras del comunicador.
Mejía recordó un oscuro episodio en la historia del fútbol colombiano, el asesinato del árbitro Álvaro Ortega en 1989, insinuando que la persistencia de errores arbitrales podría desencadenar en otra tragedia.

El tema no solo ha involucrado a figuras del periodismo deportivo como Mejía, sino que también ha resonado entre los aficionados y en las redes sociales, donde se evidencia una creciente frustración con las decisiones arbitrales en el campeonato. Una imagen compartida en redes sociales, que muestra a una barra de hinchas con una pancarta advirtiendo sobre las posibles consecuencias de continuar siendo “robados”, refleja la tensión que existe entre los seguidores del fútbol en Colombia.
¿Qué pasó en el 89?
El 15 de noviembre de 1989, en un caso que sacudió al deporte y a la sociedad colombiana, el árbitro Álvaro Ortega fue víctima mortal de un ataque perpetrado por sicarios al servicio del narcotraficante Pablo Escobar, en las inmediaciones del lugar donde se alojaba en Medellín.
Este suceso se derivó de una controversial decisión arbitral tomada en un encuentro entre América de Cali y Deportivo Independiente Medellín, en el que Ortega anuló un gol que desató la ira del capo del narcotráfico.

El origen del conflicto se remonta a un partido del campeonato colombiano de 1989, específicamente en el Estadio Pascual Guerrero de Cali, donde Ortega, al arbitrar el juego, invalidó un gol crucial para el Deportivo Independiente Medellín, resultando en una victoria de 3-2 a favor del América de Cali.
La decisión generó un ambiente tenso y peligroso para Ortega, quien había sido designado para el juego de vuelta en Medellín y había solicitado a la División Mayor del Fútbol Colombiano (Dimayor) ser relevado de su función en dicho partido por temores por su seguridad. Sin embargo, fue informado que no existían inconvenientes para que continuara en su rol.
La trágica noche del asesinato fue precedida por advertencias y temores expresados por Ortega ante la Dimayor, que, pese a sus solicitudes, mantuvo la designación del árbitro para el partido en Medellín. Este acto de violencia condujo a que, una semana después, la asamblea de la Dimayor decidiera cancelar el campeonato colombiano de fútbol de ese año, resaltando las graves implicaciones del narcotráfico en el fútbol colombiano de la época.

John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, exsicario al servicio de Escobar, confirmó en declaraciones posteriores que el asesinato de Ortega fue ordenado directamente por el capo colombiano, quien consideró la acción arbitral como un acto injusto contra el Medellín durante la transmisión televisiva del partido en octubre de 1989.
La muerte de Ortega quedó marcada por la impunidad, y sus restos reposan en el cementerio Jardines del Recuerdo en Barranquilla. En un giro irónico del destino, su sobrino, Carlos Ortega, se desempeña hoy en día como árbitro en el fútbol profesional colombiano.
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