(Maximiliano Luna)
(Maximiliano Luna)

"Difícil competir con un poco de carne", bromeó el juez Carlos Rosenkrantz, presidente de la Corte Suprema, que comenzaba a hablar mientras los mozos servían una bondiola de cerdo roti con salsa de naranja e hinojo braseado a los socios del Rotary Club Buenos Aires.

A la hora del postre, cuando terminaba su presentación, algunos se mostraban muy satisfechos con lo que escucharon del juez. Otros se quedaron rumiando sobre su respuesta respecto a si los jueces deben o no pagar Ganancias.

El magistrado sólo respondió a las preguntas de Clara Mariño, coordinadora del ciclo, y no del resto de los periodistas en el marco de la conferencia "Cómo veo a la Argentina".

Esta vez hubo más participantes de lo que es habitual en el almuerzo: los socios rotarios; socios que hacía mucho tiempo no asistían a las comidas de los miércoles y también muchos invitados que se sumaron excepcionalmente para escuchar al titular de uno de los tres poderes del Estado.

Al término del encuentro hubo quienes consideraron que Rosenkrantz hizo malabares para evitar responder taxativamente si en el Poder Judicial se debe o no pagar el impuesto.  A otros les pareció injusto que planteara que "el mercado de referencia en el caso de los jueces son los abogados de éxito" para calcular cuánto deben ganar.

El juez apeló a su auditorio: "Si les pregunto a ustedes si un piloto de Aerolíneas Argentinas gana mucho o gana poco la respuesta sensata es que no sabemos porque depende de cuánto gana un piloto de LAN Chile o de otra compañía", comparó. De inmediato buscó la complicidad de los presentes ya que, señaló, "muchos de ustedes deben ser abogados" para señalar lo relativo que es "el salario adecuado para la labor de un juez".

En la despedida hubo quienes remarcaron que la explicación debería haber sido más profunda para ser comprendida. Pero aún entre los más satisfechos con la presentación, se apuntaba en voz baja que todos allí, excepto el juez disertante, pagan Ganancias.