
¿Atrapados sin salida o presionando para ganar tiempo? No son pocas las voces que se empiezan a alzar expresando su preocupación por el mercado automotriz dentro de 15 años. Aunque haya quedado abierta la posibilidad de utilizar tecnología alternativa como el hidrógeno o los e-fuels, la realidad es que los autos que se venderán en casi todo el mundo entre 2035 y 2040 serán eléctricos, y estos convivirán por un tiempo con los autos usados impulsados con motores de combustión interna que se hayan fabricado hasta mitad de la próxima década.
Pero la renovación inexorablemente llegará en algún momento, y los líderes de la industria tienen que estar preparados para ese nuevo escenario. Los grandes negocios se planifican a largo plazo y las decisiones, buenas o malas, se deben tomar con mucha anticipación. Mientras el mundo mira todavía con cierta incredulidad cuánta contaminación genera fabricar un auto, cuánto contaminarán o se podrán reciclar las baterías, cuánto tiempo de litio habrá en el mundo hasta que extraerlo sea más costoso y contaminante, y cuándo se generará electricidad sustentable para que el ahorro de gases de efecto invernadero no se mude del escape de los autos a las chimeneas de las estaciones generadoras de energía eléctrica, hay otro tema que no se puede evitar: el costo de los autos eléctricos.
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Son caros, en Europa, ningún EV se puede comprar por menos de 20.000 euros, y en EE.UU. no bajan de los 25.000 dólares. No es muy distinto en otros mercados, aunque en China y Japón existen los micro autos que se pueden comprar por precios que van desde los 4.500 a los 13.000 dólares al cambio. El problema es que esos autos solo se venden en su país, y aunque en Europa empiezan a aparecer conceptos similares, ninguno baja de los 12 o 13.000 euros.

Carlos Tavares, el siempre muy pragmáticos CEO de Stellantis, hace tiempo viene alertando de la diferencia entre los tiempos de las fábricas versus los de la política. Con frecuencia suele resaltar que lo bueno de la electrificación, que el Grupo acompaña con una enorme variedad de productos en todas sus marcas, puede verse afectado por un ritmo demasiado acelerado de la transformación que se pretende imponer.
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Ahora ha sido un alto ejecutivo de una de las marcas de Stellantis quién decidió dar una declaración en el mismo sentido, aunque con una dosis de crudeza mayor aún. Según publica Bloomberg, el Jefe de Producción de DS, Arnaud Deboeuf, ha dicho que tras el anuncio del acuerdo de los países de la Unón Europea para eliminar los motores impulsados por combustibles fósiles a partir de 2035, la industria automotriz está “condenada”, salvo que los automóviles eléctricos se vuelvan más baratos.
“Si los vehículos eléctricos no se vuelven más baratos, el mercado colapsará”, fue la expresión textual del ejecutivo, explicando que si los autos a batería no bajan su precio, el parque de autos se reducirá en el futuro, y eso pondrá en apuros a la industria en general.
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Claro que como las leyes del comercio así lo marcan, cuanto más masivo es un producto, su precio es más competitivo y los costos bajan. Stellantis, sin ir más lejos, prevé una reducción de costos de un 40% para el año 2030, sin embargo, para que ciertos números se reduzcan, hay procesos que deben abaratarse también, y la obtención de materias primas para fabricar los componentes eléctricos sigue siendo costosa con pocas posibilidades de reducirse.

Por otro lado, hay una pequeña crisis en el horizonte relacionada con las baterías. Por norma, para que un auto sea considerado de fabricación local en Europa, y no pague ciertas tazas o impuestos, sus componentes deben ser en gran parte producidos en el territorio continental. Sin embargo, aunque trabajen contra reloj en fábricas y gigafábricas en varios países, parece poco probable que estas produzcan masivamente hasta entrada la próxima década o los últimos años de la actual.
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Esto hace que la dependencia de China o Asia en general, sea casi inevitable para los autos que se fabrican en Europa, y eso pone un manto de dudas sobre si podrán mantenerse los costos más bajos, precisamente por esa dependencia.
“Una mayor demanda de baterías para vehículos eléctricos entre 2024 y 2027, un período antes de que entre en funcionamiento una mayor capacidad europea, beneficiará a los productores asiáticos y ‘pondrá en riesgo’ la producción de células en Occidente”, dijo Tavares.
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Hacer más fábricas de baterías y comprar minas de litio propias para asegurar materia prima, son algunas de las medidas que intentan tomar las grandes corporaciones de la industria del auto. Pero eso no asegura que el precio bajará lo suficiente, y si como se sabe, a más tardar en 2030, pero mucho antes en algunos casos, los gobiernos deciden interrumpir las subvenciones o planes para ayudar a acceder a un auto eléctrico a las personas, la pendiente podrá ser más empinada aún.
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