
Una de las primeras sensaciones que un automovilista siente al regresar a Argentina de un viaje en el que ha podido conducir en países desarrollados, es tan brusca e impactante como el golpe que una de las ruedas de su auto sientan al caer en un pozo, bache o incluso toparse con los típicos escalones repentinos por una obra de repavimentación parcial, de una calle, avenida o ruta.
Los argentinos están acostumbrados a un tránsito desordenado por idiosincrasia, pero también porque las calles no son lo que deberían y, casi como un mandato, en lugar de permitir que los autos unan con seguridad un punto y otro, a veces son verdaderas pistas de obstáculos entre reductores de velocidad de todo tipo y tamaño, autos mal estacionados o circulando por el carril izquierdo a baja velocidad y las irregularidades del propio suelo que pisan las ruedas.
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Pero aunque rara vez ocurre porque el sistema funciona de modo tal que se pueda evitar, en los países desarrollados pueden aparecer pozos accidentalmente, por ejemplo, producto de accidentes de tránsito en los que un gran peso impacte sobre el asfalto, y en caminos rurales o rutas secundarias con poco flujo de tránsito y menor mantenimiento.

La tecnología aplicada a los automóviles de última generación ha comenzado a desarrollar sistemas que contribuyen a evitarlos o reducir las consecuencias de encontrarse con un pozo que pueda dañar los neumáticos o incluso partes de suspensión.
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Hace algunos años, Ford desarrolló un primer dispositivo que mediante sensores, detectaban que una rueda estaba entrando repentinamente en una depresión mayor a lo previsto, y actuaba sobre la dureza de la suspensión de esa rueda. Es un sistema efectivo para pozos relativamente suaves, ya que previene especialmente los daños de extremos de dirección o rótulas de las parrillas de suspensión, pero si el pozo es suficientemente profundo o con bordes cortantes, difícilmente pueda evitar que se dañen las telas internas de un neumático, que se pueden cortar debilitando invisiblemente a las cubiertas.
Así como hoy un conductor puede recibir en su GPS, alertas de tránsito congestionado o autos detenidos con desperfectos en el camino, la maravilla de esta tecnología y conectividad ha comenzado a ofrecer otro modo de evitar también los pozos.
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El pionero es Mercedes Benz, que ya desde 2016 ha iniciado un camino de conectar sus autos con un sistema que los alerta incluso también de fuertes vientos repentinos en las rutas, y que ahora, a través de esa misma red de conexión propia, ha incorporado en sus modelos de lujo Clase S y su equivalente eléctrico, Clase EQS, un modo de recolectar y poner a disposición de todos los automóviles de esos modelos, alertas sobre pozos en el camino por el que se está transitando.
El sistema funciona con el mismo concepto de comunicación entre auto y objeto conocido como “Car-to-X”, que es equivalente al “Car-to-Car” por el cuál la conexión se establece comunicación o percepción de un auto con otro, o un auto con infraestructura u obstáculos.
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Pero para que un pozo sea visible en el tablero de uno de estos modelos de Mercedes, anteriormente algún otro auto similar tiene que haberse sorprendido al encontrarlo sin previo aviso, de modo tal que el sistema lo identifique y lo suba automáticamente a la nube del sistema a través de la red de telefonía móvil, junto a los datos de posición.
A partir de entonces, esa información queda disponible para todos los autos de la marca que se encuentran en las inmediaciones y se avisa al conductor a través de iconos en el mapa de navegación y una advertencia sonora.
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No pasará mucho tiempo para que ese tipo de servicios estén disponibles en todas las marcas de automóviles conectados, e incluso podría ser una nueva herramienta para los sistemas de asistencia a la navegación como Google Maps, Waze y otras similares.
Pero para que sea efectiva en países con el estado de calles y rutas como Argentina, debería primero reacondicionarse buena parte de la red de caminos, que no solo tienen pozos sino también fuertes ondulaciones que son tan peligrosas o más que un bache, especialmente cuando llueve, ya que con rutas llenas de imperfecciones, el sistema se volvería loco indicando pozos continuamente y perdería efectividad.
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Y por supuesto, luego también debería ampliarse la cobertura de telefonía móvil nacional, porque las rutas con peor estado de mantenimiento suelen ser las que menos se transitan y están más alejadas de los grandes centros urbanos, y es precisamente allí donde generalmente no hay buena cobertura de conexión como para que un sistema tipo “Car-to-X” pueda funcionar.

Mientras tanto, quizás la mejor solución sería que cada vez que alguien se encuentre con un gran pozo en una zona donde puede ser sumamente peligroso, pudiera alertar aunque sea visualmente de alguna forma ingeniosa que no dependa de la tecnología.
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