
Migrantes y locales salieron a las calles para hacer suyo el reclamo de mejores condiciones de vida tras la muerte de una mujer de 87 años cuyo desalojo se convirtió en un símbolo de la crisis de vivienda del país.
Miles de personas marcharon en Madrid el jueves en memoria de María del Carmen Abascal, la mujer de 87 años cuyo dramático desalojo hace dos semanas sacudió al país y llevó al primer ministro de izquierda de España a convocar elecciones anticipadas debido a una crisis de vivienda.
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Antes de su muerte el miércoles, Abascal, conocida popularmente como Maricarmen, se convirtió en un símbolo de la crisis de vivienda. Solo alrededor del 20 por ciento de los españoles tiene que alquilar sus casas, pero esa proporción ha aumentado en los últimos años a medida que ser propietario de una vivienda --algo profundamente arraigado en la cultura de España-- se vuelve cada vez más inalcanzable.
El primer ministro Pedro Sánchez ha presentado su decisión de celebrar elecciones como una oportunidad para que su bloque de izquierda obtenga una mayoría en el Parlamento y aborde la crisis de vivienda. Pero sigue sin estar claro si el tema influirá en suficientes votantes, ya que los partidos conservadores y de extrema derecha enmarcan la elección como un referéndum sobre el propio Sánchez.
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Y mientras los partidos discuten, muchos españoles se mantienen en las calles, diciendo que se sienten aplastados por los problemas del aumento del alquiler y los salarios estancados.
A nivel nacional, las rentas han subido un 87 por ciento desde 2015, mientras que los salarios han aumentado solo un 28 por ciento, según un análisis del periódico El País. Como resultado, muchos jóvenes españoles se quedan en casa de sus padres hasta bien entrados en sus 30 años. Los migrantes recién llegados se hacinan en pequeños apartamentos con otras familias. Y muchos residentes de toda la vida se ven obligados a abandonar sus vecindarios a medida que sus rentas se disparan.
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Hablé con decenas de manifestantes el jueves por la tarde sobre por qué se habían unido a la marcha, sus propias situaciones de vivienda y lo que Abascal significaba para ellos.
'La gota que colmó el vaso'
En la Puerta del Sol de Madrid, una plaza central de la capital y el origen de la marcha del jueves, han aparecido cientos de tiendas de campaña desde el desalojo de Abascal.
Entre los manifestantes allí estaba Alejandra Osés, una estudiante de posgrado en escritura creativa de 22 años que ha acampado durante 10 días. "Está bastante complicado acceder a la vivienda", dijo. Maricarmen "fue la gota que colmó el vaso".
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Osés comparte un apartamento en Madrid que se alquila por 1500 euros al mes, o unos 1680 dólares. Mientras buscaba departamento, se encontró con "pisos sin ventanas, sin casi espacio, donde apenas podías entrar en la habitación porque el armario no dejaba espacio".
Después de esa lucha, dijo, "la pregunta es: ¿cómo no voy a estar aquí?".
A su lado estaba Santiago Larraín, de 22 años, un inmigrante chileno que estudia actuación y acepta trabajos ocasionales en limpieza y hostelería. Comparte un departamento de dos habitaciones en las afueras de Madrid con su madre, que trabaja como empleada de limpieza, y dos hermanos. Pagan aproximadamente 1345 dólares al mes.
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"Estoy aquí hoy porque yo tengo una madre", dijo. "Y pienso que mi madre puede ser Maricarmen, porque también nos van a correr del piso".
Encontrar vivienda en España, dijo, es un "un sorteo, una lotería, un bingo de compasión o de pena" en el que los inquilinos quedan a merced de los caprichos del mercado.
'Una mártir de esta causa social'
A unos cientos de metros de distancia, cerca de la emblemática estatua del Oso y el Madroño de Madrid, se habían reunido cientos de manifestantes, incluidos Fernando Manjón, de 29 años, y João Didelet, de 27.
Maricarmen "se ha convertido, siento, un poco en mártir de este reclamo social", dijo Manjón, quien gana 1900 dólares al mes trabajando para una organización sin fines de lucro y comparte un departamento que se alquila por 1400 dólares mensuales. Cuando su arrendador intentó subirle el alquiler recientemente, él impugnó el aumento con éxito.
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"Ya es difícil vivir", dijo. "O sea, pagar el alquiler, vivir en Madrid y luego querer ahorrar para otras cosas, pues se va complicando".
Didelet, de Portugal, paga 460 dólares por una habitación en un departamento compartido, una cantidad que muchos otros consideran barata. Pero no puede imaginar poder permitirse un lugar propio.
"Es un sueño que ni siquiera es una idea que baraje", dijo.
'La locura nos ha alcanzado'
Alfonso Lechón, un maestro jubilado de 72 años, contemplaba un altar que el sindicato de inquilinos había instalado junto a una fotografía de Maricarmen.
Lechón es dueño de su departamento en San Blas, un barrio de clase trabajadora en las afueras de Madrid, desde 1982. También heredó una pequeña propiedad junto a la playa y recibe una pensión decente.
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"En lo personal no tengo ninguna queja", dijo. "Pero lo que veo alrededor sí que es complicado".
Su vecindario ha cambiado drásticamente, dijo. En su complejo de departamentos, construido por una cooperativa de taxistas, los alquileres casi se han duplicado en los últimos años, pasando de 670 o 780 dólares al mes a más de 1345 dólares.
"Ha llegado la locura allí también", dijo.
Dijo que también le preocupa su hijo, que alquila un departamento en Galicia, y su nieto.
"Hay que hacer de la vivienda un derecho, igual que es la educación y la sanidad", dijo.
'Maricarmen no es única'
Carlos Sánchez, un arquitecto de 36 años, dijo que se había unido a la manifestación porque estaba profundamente conmovido por la muerte de Abascal.
"Maricarmen no es única. Hay mucha gente en España que está perdiendo su vivienda", dijo.
Sánchez comparte un departamento con un compañero en Lavapiés, un barrio popular entre los turistas. Pagan 900 dólares al mes, muy por debajo de los 1345 dólares que él calcula que el departamento alcanzaría en el mercado.
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Se considera afortunado de tener un arrendador que sube el alquiler solo en línea con la inflación. "Parece que estoy aquí diciendo como que es el mejor casero del mundo, y es un casero que debería ser el normal, ¿sabes?", dijo.
Como arquitecto, ha lidiado con trabajos y pasantías mal pagados. El aumento de las rentas y los salarios estancados, dijo, lo habían dejado con pocas esperanzas para el futuro.
"Es que te derrumba el sueldo", dijo, refiriéndose a las altas rentas. "Es que no te queda nada".
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