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La confusa relación arancelaria entre Trump y Canadá

Reportajes Especiales - Business

FILE — President Donald Trump, right, meets with Prime Minister Mark Carney of Canada in the Oval Office of the White House in Washington, Oct. 7, 2025. Prime Minister Carney has spent most of his tenure cultivating Canada’s trade, defense and investment relationships with Asia and Europe. (Haiyun Jiang/The New York Times)
FILE — President Donald Trump, right, meets with Prime Minister Mark Carney of Canada in the Oval Office of the White House in Washington, Oct. 7, 2025. Prime Minister Carney has spent most of his tenure cultivating Canada’s trade, defense and investment relationships with Asia and Europe. (Haiyun Jiang/The New York Times)
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Tras una extensión del plazo, las últimas amenazas arancelarias de EE. UU. parecían encaminarse hacia una resolución el miércoles, pero persistían las dudas sobre a qué renunciaría Canadá y qué obtendría a cambio.

Las prolongadas negociaciones comerciales entre Canadá y Estados Unidos parecían avanzar el miércoles; el presidente Donald Trump anunció un "trato" y el primer ministro de Canadá, Mark Carney, dijo que ambas partes "avanzaban hacia un acuerdo".

Horas antes, los canadienses se preparaban para un plazo a la medianoche que, de no cumplirse, supondría la imposición de aranceles del 50 por ciento a más bienes, otro posible golpe para la economía canadiense a manos del gobierno de Trump.

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Con una nueva fecha límite para esos aranceles fijada para la medianoche del viernes, la montaña rusa emocional que es la relación entre Estados Unidos y Canadá parecía llegar a una pendiente más suave.

Al hablar con los periodistas en la Casa Blanca el miércoles, Trump dijo que había retrasado sus aranceles "porque creo que tenemos un acuerdo con el primer ministro". Lo llamó un "buen trato para todos".

Cuando se le preguntó si el acuerdo implicaba reducir los aranceles estadounidenses sobre el acero y el aluminio, algo por lo que los canadienses han estado presionando, Trump dijo: "estamos analizando eso". Añadió: "es posible que reduzcamos algunos de los aranceles al nivel en el que están otros países, porque Canadá estaba pagando un arancel más alto".

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Más temprano ese mismo día, Jamieson Greer, el representante comercial de Estados Unidos, dijo a los periodistas afuera de su oficina que Estados Unidos estaba "muy contento con el punto al que llegamos".

"Confiamos en que hemos llegado a un acuerdo que no solo continuará protegiendo a los trabajadores, los empleos y las cadenas de suministro estadounidenses, sino que realmente fortalecerá la economía norteamericana y creará una situación en la que América del Norte continuará siendo una potencia energética y una potencia manufacturera", afirmó.

Greer también informó el miércoles a los miembros del Congreso sobre los avances logrados con Canadá.

Los negociadores han estado debatiendo la reducción de los aranceles estadounidenses a los metales canadienses, un punto de fricción particular para Canadá, dijeron personas familiarizadas con las conversaciones, aunque eso podría provocar resistencia por parte de los fabricantes de metales estadounidenses. Ha sido particularmente difícil encontrar consenso sobre las reglas para la industria automotriz.

En Canadá, Carney informó a los primeros ministros provinciales sobre el acuerdo el miércoles por la tarde y les pidió que restablecieran la venta de vino y licores estadounidenses --que había sido prohibida por la mayoría de los gobiernos provinciales en represalia por aranceles estadounidenses anteriores--, según el primer ministro de Nueva Escocia, Tim Houston.

Las conversaciones estaban programadas para continuar hasta la nueva fecha límite, la medianoche del viernes.

Si sientes una sensación de déjà vu por los aranceles intermitentes que Trump quiere imponer a Canadá, tienes razón. Ya hemos estado aquí antes.

En enero de 2025, amenazó con un arancel fijo del 25 por ciento a todas las exportaciones canadienses al afirmar --sin pruebas-- que había una afluencia masiva de fentanilo y migrantes irregulares desde Canadá hacia Estados Unidos.

Trump finalmente dio marcha atrás, pero solo después de decirle al entonces primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, que no respetaba el tratado fronterizo entre ambas naciones, y que Canadá no tenía sentido como país y debía ser parte de Estados Unidos.

En octubre amenazó con más aranceles por un anuncio de televisión pagado por la provincia de Ontario que destacaba el desagrado del presidente Reagan por los aranceles. Dio marcha atrás cuando Ontario sacó el anuncio del aire.

El mes pasado, volvió a amenazar con nuevos aranceles por el humo de los incendios forestales que entraba a raudales a Estados Unidos proveniente de las llamas que consumían grandes extensiones de los bosques de Canadá y trastornaban a las comunidades. No concretó la amenaza.

Pero las amenazas en serie y los plazos de Trump contra Canadá tienen consecuencias muy reales.

Los aranceles del gobierno de Trump apuntan a industrias canadienses clave, que incluyen el aluminio, el acero, los automóviles y la madera. Y han sumido el comercio de América del Norte en una renegociación constante. La Casa Blanca se ha negado a renovar el tratado entre México, Estados Unidos y Canadá a largo plazo, y en su lugar exige revisiones anuales.

En julio, Trump redobló el patrón de amenazas económicas al anunciar que aplicaría un arancel del 50 por ciento a más de 500 productos de Canadá, lo que representa alrededor del 2 por ciento del comercio total entre ambos países, llevándonos a las conversaciones actuales.

En una proclamación presidencial el martes por la noche, la Casa Blanca dijo que Canadá había "expresado un compromiso" de abordar varios problemas comerciales que eran la base nominal de la amenaza arancelaria de Estados Unidos: prácticas desleales en el sector lácteo de Canadá, un arancel a las exportaciones de automóviles estadounidenses y boicots a los vinos y licores estadounidenses en algunos sistemas provinciales de distribución de alcohol, que se produjeron a raíz de aranceles estadounidenses anteriores.

Y en una publicación en redes sociales, el representante comercial de Estados Unidos afirmó que el acuerdo incluiría beneficios más amplios para los estadounidenses, incluyendo "acceso integral al mercado para todos los bienes estadounidenses, compromisos de seguridad económica" y "alineación del comercio digital".

Pero la pregunta sigue en el aire: qué le dará Estados Unidos a Canadá a cambio, más allá de posponer los aranceles del 50 por ciento a algunos productos. Los ejecutivos de las industrias automotriz y metalúrgica observaban de cerca el miércoles para ver si las concesiones incluían una reducción en los aranceles sectoriales que Estados Unidos había impuesto al acero, aluminio y automóviles canadienses, lo cual ha sido un importante punto de fricción para Canadá; y si esas concesiones tendrían, a su vez, que extenderse a México.

Carney, quien fue elegido en la primavera de 2025 para proteger a su país de un Trump volátil mientras también lograba un acuerdo con él, ha dicho repetidamente que quiere un acuerdo integral con Estados Unidos, uno que reinicie la relación de ambas naciones y establezca la cooperación en materia de comercio, economía, defensa y recursos naturales.

También ha pasado la mayor parte de su mandato cultivando las relaciones de comercio, defensa e inversión de Canadá con Asia y Europa, con lo que ha puesto en marcha un cambio generacional para alejarse de Estados Unidos.

En ese tiempo, Carney ha hecho concesiones a Trump, solo para tener que empezar de nuevo en la siguiente ronda de amenazas.

Ahora, con el reloj corriendo hacia la medianoche del viernes, se prepara para hacerlo otra vez.

Wendy Cutler, exnegociadora comercial de Estados Unidos, dijo que Canadá había "esquivado una bala arancelaria de Estados Unidos, al menos durante los próximos días", y que el acuerdo en negociación debería ayudar a allanar el camino para las negociaciones formales sobre el T-MEC, que habían estado en pausa.

Pero el retraso en el plazo de los aranceles "de ninguna manera indica que todo esté arreglado en la relación entre Estados Unidos y Canadá", dijo. "El último año y medio ha cobrado un precio muy alto en las relaciones bilaterales".

Para Carney, el ciclo de amenazas y concesiones en el que está atrapado con Trump presenta un problema. Aunque sigue siendo muy popular en su país, la base de Carney quiere que se enfrente a Trump. También tendrá que convencer a los gobiernos provinciales, que tienen intereses contrapuestos en estas conversaciones, que deben hacer algunos sacrificios por el bien común.

Algunos ejemplos importantes incluyen lograr que Ontario y Columbia Británica acuerden restablecer las ventas de licores estadounidenses --un pequeño pero crucial elemento de presión que tienen-- incluso si los aranceles a la madera, una gran exportación de Columbia Británica, no se reducen, e incluso si los aranceles a los automóviles --la principal industria de Ontario-- no se disminuyen tanto como se esperaba.

"No creo que la mayoría de los canadienses juzgue un acuerdo solo por la eliminación de los aranceles", dijo David Coletto, quien dirige la empresa de encuestas de opinión Abacus en Canadá, en un correo electrónico el miércoles. "Juzgarán a qué renunció Canadá, si el acuerdo produce estabilidad (que la mayoría sabe que con el presidente Trump es casi imposible), y si el gobierno utilizó esta crisis para reducir nuestra vulnerabilidad ante Estados Unidos. Esa es la verdadera prueba política", añadió.

Es poco probable que esta sea la última vez que Carney les pida a los canadienses que hagan sacrificios por las cambiantes exigencias de Trump.

Con el T-MEC aún en el aire, y los aranceles sectoriales listos para mantenerse en vigor, incluso si se reducen, es casi seguro que Canadá tendrá que negociar nuevamente con el gobierno de Trump.

Y así continúan las cosas.

Matina Stevis-Gridneff es la jefa del buró del Times en Canadá, donde dirige la cobertura del país.

Ana Swanson cubre comercio y economía internacional para el Times desde la corresponsalía en Washington. Ha sido periodista por más de una década.

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