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Por qué Moldavia se volvió una pieza central para Putin en su ofensiva contra Occidente

En la pequeña nación, Rusia pagó a sacerdotes ortodoxos, llevó a cabo un esquema de compra de votos y estableció campamentos de entrenamiento sobre interferencia electoral, todo en un esfuerzo por descarrilar al gobierno de tendencia occidental

Agentes de policía bloquean una calle durante una protesta antigubernamental en Chisináu, Moldavia (REUTERS/Vladislav Culiomza)
Agentes de policía bloquean una calle durante una protesta antigubernamental en Chisináu, Moldavia (REUTERS/Vladislav Culiomza)
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En muchos sentidos, parecía un campamento de verano. Ofrecía asados y partidos de voleibol de playa. Un centro de bienestar se llamaba “Relájate y diviértete”.

Los hombres y mujeres que asistieron al programa realizado en un complejo turístico ubicado en una zona remota de Serbia también participaron en actividades más siniestras, como aprender a romper cordones policiales e incendiar edificios. Se ponían chalecos antibalas y entrenaban con rifles de asalto.

Resultó que sus consejeros eran agentes operativos con vínculos en el servicio de inteligencia militar de Rusia, conocido como el GRU. Su propósito, según funcionarios de inteligencia de tres países que describieron las actividades, era construir un cuadro de tropas de choque disciplinadas y entrenadas en interferencia electoral.

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El objetivo era la pequeña Moldavia, un país de unos tres millones de habitantes que tiene una importancia desmesurada para Vladimir Putin, el presidente de Rusia.

La campaña del Kremlin incluía métodos conocidos en otras partes de Occidente, como el hackeo y la desinformación. Pero en Moldavia, su intervención llegó más lejos que quizá en cualquier otro lugar fuera de Ucrania, y se destaca como uno de los complots más extensos y audaces hasta la fecha en el esfuerzo de Putin por desestabilizar a Occidente, según dijeron los tres funcionarios de inteligencia occidentales.

Además del campamento en Serbia, agentes rusos dirigieron programas de entrenamiento en Bosnia y Moscú que estaban diseñados para convertir a moldavos prorrusos en soldados de infantería. Moscú les pagó a cientos de sacerdotes ortodoxos moldavos para reclutar votantes y promover narrativas rusas desde el púlpito. Además, gastó cientos de millones de dólares en un sofisticado complot de compra de votos financiado por un multimillonario moldavo en el exilio, concebido y operado desde Skolkovo, una zona ubicada a las afueras de Moscú que es considerada como la versión del Kremlin de Silicon Valley.

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La campaña de Moscú no se ha detenido. Esta primavera, misiles rusos atacaron infraestructura energética que brindaba servicio a Moldavia, contaminando vías fluviales e interrumpiendo los flujos de electricidad.

Este artículo se basa en entrevistas con activistas que participaron en el esfuerzo ruso; altos funcionarios de seguridad y de las fuerzas del orden moldavos; y más de media decena de funcionarios de inteligencia europeos y estadounidenses. The New York Times también revisó miles de documentos relacionados con los intentos de Rusia de interferir en las elecciones de Moldavia.

Putin desplegó un sofisticado plan para desestabilizar a Moldavia (Sputnik/Alexander Kazakov/Pool via REUTERS)
Putin desplegó un sofisticado plan para desestabilizar a Moldavia (Sputnik/Alexander Kazakov/Pool via REUTERS)

Muchos de los entrevistados insistieron en hablar de forma anónima, ya sea para poder discutir operaciones de seguridad delicadas o porque temían represalias.

Detalles sobre los esfuerzos rusos en Moldavia han surgido en casos judiciales y reportajes locales, pero el alcance y la extensión de la campaña, incluido el esquema de compra de votos y el papel de los servicios de inteligencia de Rusia, no se habían reportado previamente.

Públicamente, los funcionarios rusos han negado interferir en los asuntos de Moldavia y han desestimado las acusaciones de que Moscú está intentando socavar a Occidente. En diciembre pasado, Putin, en un discurso dirigido a comandantes militares, reprendió a los líderes europeos por “alimentar la histeria” sobre la amenaza de Rusia.

Sin embargo, poco después reunió a los líderes para una sesión informativa secreta con el fin de comunicar exactamente el mensaje opuesto, según funcionarios de dos países con conocimiento del episodio. Su objetivo para 2026, les dijo Putin, es “el colapso de la OTAN y de la Unión Europea desde adentro”, dijeron las personas.

Moldavia es fundamental para este esfuerzo. En la jerarquía de las prioridades del Kremlin, según dijeron los funcionarios de inteligencia occidentales, conquistar Ucrania es lo primero, y tomar el control de Moldavia es lo segundo. Aunque no es miembro de la Unión Europea (UE) ni de la OTAN, está ubicada estratégicamente, encajonada entre miembros de la OTAN y Ucrania.

Moldavia sería una cabeza de playa ideal para Rusia para futuras agresiones bien sea contra Ucrania u Occidente, dijeron los funcionarios, y agregaron que Putin todavía espera conquistar una franja del sur de Ucrania para crear un puente terrestre que conecte a Rusia con Moldavia.

Un mapa de los movimientos planeados de las tropas rusas, exhibido públicamente por el presidente de Bielorrusia al principio de la guerra, mostraba a las fuerzas rusas irrumpiendo en Transnistria, una región separatista en Moldavia que alberga un contingente de tropas rusas. Rusia no ha logrado ese objetivo.

Rusia quiere usar a Moldavia “como un trampolín para actividades hostiles contra Ucrania, así como contra su principal partidario financiero y de defensa, la Unión Europea”, dijo Stanislav Secrieru, asesor de defensa y seguridad nacional de la presidenta moldava.

“Por estas razones”, dijo, “Rusia asignó recursos sin precedentes en los últimos años”.

Cuando se le pidió un comentario sobre las acusaciones de interferencia rusa en Moldavia, Dmitri S. Peskov, el portavoz del Kremlin, dijo: “Todas estas son afirmaciones falsas que no tienen base alguna”.

El gobierno prooccidental de la presidenta Maia Sandu ha establecido la membresía en la Unión Europea como una prioridad, lo que lo ha convertido en un objetivo del Kremlin. En cada votación reciente, incluida una elección presidencial y un referéndum sobre si solicitar unirse al bloque europeo en 2024, y elecciones parlamentarias el año pasado, Moscú ha invertido recursos para desbancar a Sandu y a PAS, su partido.

Maia Sandu, presidenta de Moldavia (REUTERS/Vladislav Culiomza)
Maia Sandu, presidenta de Moldavia (REUTERS/Vladislav Culiomza)

Ese fue el objetivo el otoño pasado, cuando Moldavia celebró elecciones parlamentarias críticas para determinar si el partido de Sandu retendría el poder o lo cedería a una coalición respaldada por Moscú. El Kremlin había pasado meses preparándose. Sus ciberguerreros se infiltraron en la comisión electoral; sus campañas de propaganda y compra de votos estaban en pleno apogeo; sus equipos de reclutas entrenados en Serbia estaban listos para sembrar el caos.

Sergiu Zama, un fiscal moldavo de alto rango, que ha estado investigando casos relacionados con la interferencia electoral durante más de un año, dijo que solo se necesitaba un grupo de reclutas para interrumpir la votación. “El objetivo no era identificar a mil personas para cometer crímenes”, dijo. “Encender la chispa era suficiente”.

Actividades malévolas en campamentos

Los rusos establecieron su campamento de entrenamiento en un complejo turístico en el oeste de Serbia en el verano de 2025, meses antes de las elecciones parlamentarias. A los participantes, en su mayoría de Moldavia, se les pagaron 400 dólares por asistir a un curso de tres a cuatro días, según Zama, lo cual es una suma enorme para los estándares moldavos.

Videos del campamento, que fiscales moldavos y el servicio de inteligencia del país dijeron que fueron tomados de los teléfonos de los participantes, muestran a hombres vestidos con camuflaje y chalecos antibalas entrenando con rifles de asalto.

El campamento de Serbia fue uno de varios establecidos por operativos rusos. También hubo un campamento en las afueras de Moscú donde más de 100 jóvenes moldavos practicaron la “fabricación y el uso de artículos incendiarios y explosivos caseros” y el manejo de drones “con accesorios especiales para explosivos o incendios provocados”, según dijeron los fiscales moldavos en un comunicado. Dos de los funcionarios de los servicios de inteligencia occidentales dijeron que el entrenamiento fue supervisado por el GRU.

Iuri Vitneanski, un activista político moldavo que asistió al campamento de Moscú, negó haber participado en actividades sediciosas. Dijo en una entrevista que el propósito era crear “relaciones amistosas y de cooperación” con jóvenes políticos rusos. Se negó a decir más al respecto.

Dijo que no sabía que el campamento estaba supervisado por la inteligencia rusa. Las autoridades moldavas reconocieron que no todas las personas conocían el verdadero propósito del campamento.

El gobierno de Moldavia es aliado de Ucrania en plena guerra con Rusia (Ukrainian Presidential Press Service/Handout via REUTERS)
El gobierno de Moldavia es aliado de Ucrania en plena guerra con Rusia (Ukrainian Presidential Press Service/Handout via REUTERS)

Algunos asistentes dijeron que se habían negado a participar en las sesiones de entrenamiento. Maxim Rosca, quien asistió al campamento de entrenamiento en Bosnia, testificó más tarde en un tribunal de Moldavia que, cuando dijo que no participaría, un entrenador ruso lo golpeó en la cara y le tumbó un diente.

En octubre de 2024, tres participantes del campamento de Bosnia fueron arrestados al cruzar de regreso a Moldavia. Los fiscales dijeron que llevaban componentes de drones, incluidos accesorios para lanzar granadas.

También tenían un manual titulado Russian Cuisine: The ABCs of Homemade Terrorism (“Cocina rusa: el abecé del terrorismo casero”), según los fiscales.

Dinero por votos

Los manifestantes se reunieron bajo el sol intenso. Agitaban escobas y carteles con consignas antigubernamentales.

La protesta realizada en el pueblo provincial de Taraclia en julio de 2025 parecía orgánica.

Vitneanski, el activista político moldavo que asistió al campamento de Moscú, estuvo en el evento. En una entrevista con la televisión local, lo describió como “la iniciativa de los residentes locales”.

En realidad, fue organizada a unos 1255 kilómetros de distancia, en Moscú, por operativos que trabajan para Ilan Shor, un oligarca israelí-moldavo que vive en Rusia.

Días antes de la protesta, los asociados de Shor, utilizando Telegram, el servicio de mensajería en línea, habían contactado a miles de moldavos, prometiéndoles pagos en efectivo y ordenándoles que se presentaran en el edificio del consejo de distrito del pueblo con escobas, como un accesorio simbólico para “barrer a estos tipos”.

“Se reembolsarán los gastos de viaje y viáticos”, decía el mensaje.

Los mensajes formaban parte de un conjunto masivo de documentos de la empresa de servicios financieros de Shor, con sede en Moscú, que ayuda a las empresas rusas a evadir las sanciones occidentales. Los documentos contenían nombres, ubicaciones e información de contacto de los activistas reclutados por la operación de Shor, y muestran que más de 150.000 moldavos fueron reclutados.

Los documentos también incluían cientos de páginas de mensajes de chat entre operativos que trabajaban para Shor, cuyo nombre de usuario era Travolta.

Una ilustración muestra el logotipo del GRU y la bandera rusa (REUTERS/Dado Ruvic/Illustration)
Una ilustración muestra el logotipo del GRU y la bandera rusa (REUTERS/Dado Ruvic/Illustration)

Todo sumaba una operación en expansión supervisada por Shor, destinada a influir en la política moldava mucho más allá de una sola protesta, según dijeron funcionarios de inteligencia occidentales y fiscales moldavos. A cambio de dinero en efectivo, los reclutas recibían instrucciones a través de las redes sociales para publicar material en internet y participar en mítines coreografiados, instando a los moldavos a votar en contra de Sandu, su partido y la membresía en la Unión Europea.

Los registros estaban almacenados en una carpeta en la nube perteneciente a un ingeniero de software que trabajaba para Shor, que era de acceso público en internet y fue revisada por el Times, que también verificó la base de datos poniéndose en contacto con personas cuya información aparecía en ella, revisando publicaciones en redes sociales vinculadas en los datos y rastreando las coordenadas GPS incluidas en la base de datos hasta la dirección de su desarrollador, cerca del Centro de Innovación de Skolkovo en las afueras de Moscú.

Después de que el Times contactara al desarrollador en Rusia, fue eliminada.

Documentos adicionales de las operaciones de Shor que se filtraron en internet mostraban pagos a 38.000 activistas por un total de casi 20 millones de dólares durante los cuatro meses de 2024 previos al referéndum sobre la adhesión a la Unión Europea. El Times contactó a algunos de los activistas por teléfono para confirmar su identidad; otros son conocidos públicamente.

La existencia de los documentos filtrados y el material que contenían fueron reportados por primera vez por Ziarul de Gardă (ZDG), el principal medio de noticias de investigación de Moldavia. Desde entonces, los documentos han sido eliminados de internet, pero fueron proporcionados al Times por una persona que los descargó antes de que fueran eliminados.

Shor era muy conocido por las autoridades moldavas. Huyó de Moldavia en 2019 cuando fue acusado de defraudar a bancos por 1000 millones de dólares. Se ha establecido en Rusia, donde, según los tres funcionarios de inteligencia occidentales, rinde cuentas a Sergei V. Kiriyenko, un alto miembro del gobierno de Putin que tiene la responsabilidad de países como Moldavia, que el Kremlin considera en su esfera de influencia. En 2025, la empresa de Shor fue sancionada por Estados Unidos.

Shor no respondió a los mensajes que solicitaban comentarios.

Utilizando Telegram, los desarrolladores de Shor crearon 240 chatbots diferentes para alistar y coordinar reclutas, según muestra la base de datos.

Hubo un estricto proceso de investigación de antecedentes para eliminar a los “infiltrados” y a los informantes de la policía. Los nuevos reclutas eran conocidos como “simpatizantes”. Por encima de ellos había 35.000 “activistas” y luego, en el nivel superior, 1200 responsables locales.

Ilan Shor, empresario moldavo prorruso, asiste al Foro Económico Internacional de San Petersburgo (REUTERS/Anastasia Barashkova)
Ilan Shor, empresario moldavo prorruso, asiste al Foro Económico Internacional de San Petersburgo (REUTERS/Anastasia Barashkova)

La estrategia creció como una pirámide: cerca de 99.000 miembros fueron inscritos por alguien que ya estaba involucrado en la operación.

Los operativos de Shor rastreaban el progreso con hojas de cálculo, las cuales muestran a los reclutas moldavos publicando miles de mensajes en las redes sociales, denunciando el referéndum de la Unión Europea y a Sandu. Los reclutas también promovían a Shor, quien, hablando en ruso, prometió proporcionarles gas gratis a los moldavos.

Rusia casi nunca se menciona. Pero un anuncio ampliamente compartido advierte que estrechar relaciones con Occidente conduciría a “una repetición exacta del escenario ucraniano”.

“¿El resultado?”, decía el anuncio. “Guerra. Muerte. Lágrimas”.

En junio, la Unión Europea impuso sanciones a cuatro moldavos asociados con los esfuerzos de Shor por socavar las elecciones parlamentarias de 2025. Entre ellos, estaba Vitneanski, quien, según la UE, recibe un sueldo mensual de Shor y estuvo involucrado en el “intento de desestabilizar y derrocar el orden constitucional”. Los documentos hackeados muestran que Vitneanski recibió pagos de unos 2300 dólares cada uno.

Propaganda desde el púlpito

La campaña del Kremlin también reclutó sacerdotes. Cientos de ellos viajaron a Rusia a partir del verano de 2024, visitando lugares sagrados y a los principales líderes de la iglesia.

Antes de regresar a casa, cada uno de los sacerdotes firmó un contrato para una tarjeta de débito emitida por un banco ruso, Promsvyazbank, que tiene vínculos con el ministerio de defensa del país y posee el 49 por ciento de la empresa de servicios financieros de Shor. En el contrato, del cual el Times revisó una copia, se declararon empleados de Evrazia, una organización vinculada al Kremlin que, según funcionarios de inteligencia occidentales, impulsa políticas prorrusas en los estados exsoviéticos. Shor es miembro de la junta directiva de esa organización.

A cambio de unos 1000 dólares, los sacerdotes debían instar a sus seguidores a rechazar el referéndum sobre la membresía de Moldavia en la UE, así como hacer campaña en contra de las políticas a favor de Occidente. Cientos aceptaron el dinero, dijeron los funcionarios moldavos.

Los documentos hackeados describían a un sacerdote, el reverendo Gheorghe Tursulet, como “un activo confiable”, y registran un pago de unos 1000 dólares. Un alto funcionario moldavo confirmó que participó en las peregrinaciones a Rusia.

Otro sacerdote moldavo, el reverendo Pavel Petrov, está afiliado a un grupo de sacerdotes prorrusos pero no asistió a las peregrinaciones, según dijo el alto funcionario. Unas semanas antes de las elecciones de 2024, pronunció comentarios desde el púlpito denunciando a la UE.

“¿Democracia? ¿Qué tipo de democracia te impone toda la inmundicia que trajeron de Europa?”, preguntó, y continuó condenando a las escuelas con baños mixtos.

“Nosotros, la gente, ¿qué queremos? ¿Sodoma y Gomorra? ¿Que Dios nos queme vivos? Él nos quemará”, dijo según un video de su sermón grabado con un teléfono celular, que posteriormente fue publicado por un medio de noticias local, NordNews, y verificado por el Times.

Tursulet y Petrov no respondieron a una solicitud de comentarios.

Moldavia denunció injerencia rusa en las últimas elecciones (REUTERS/Vladislav Culiomza)
Moldavia denunció injerencia rusa en las últimas elecciones (REUTERS/Vladislav Culiomza)

El reverendo Iulian Rața, arcipreste de la ciudad de Orhei, insistió en una entrevista en que ni él ni los sacerdotes que supervisa “llevaron a cabo una campaña directa ni apoyaron a nadie en las elecciones”.

Sin embargo, es un opositor declarado del gobierno de Sandu, al cual ha acusado de acosar a sacerdotes como él que son leales a la Iglesia ortodoxa rusa. Reconoció haber participado en las peregrinaciones a Moscú y dijo que lo volvería a hacer. La política, dijo, volvería a cambiar a su favor.

“Esperaremos”, dijo. “Tienen dos años hasta las próximas elecciones”.

Un camino incierto a futuro

Los rusos casi lo logran.

El día de las elecciones parlamentarias, el 28 de septiembre de 2025, juntaron todos sus esfuerzos.

Operativos entrenados en Serbia se prepararon para generar caos en Chisináu y en otros lugares. Según el fiscal Zama, lucían brazaletes amarillos y azules para distinguirse en las multitudes y algunos llevaban dispositivos incendiarios.

Hackers rusos habían penetrado la Comisión Electoral Central de Moldavia y tomaron el control de miles de enrutadores personales, dijo el alto funcionario moldavo.

Las autoridades moldavas estaban preparadas.

En las semanas previas a la votación, la policía moldava realizó redadas en cientos de hogares, arrestando a personas que habían asistido a los campamentos o que aceptaron dinero como parte del esquema de Shor.

Los ciberexpertos de Moldavia, con la ayuda de aliados occidentales, frustraron los ataques de hackeo. Estallaron protestas, pero no hubo violencia grave.

Cuando la policía arrestó a varias personas sospechosas de tramar violencia, los arrestados afirmaron que los dispositivos incendiarios que tenían en su poder eran para una fiesta de revelación de género, dijo Zama.

El partido de Sandu ganó con poco más del 50 por ciento de los votos, en gran parte gracias a la fuerza de la diáspora moldava en el extranjero.

Para el Kremlin, la victoria de Sandu apenas fue un fracaso. El gobierno moldavo tuvo que gastar una pequeña fortuna y dedicar vastos recursos de las fuerzas del orden para frustrar la interferencia rusa. Y los aliados del Kremlin han utilizado los arrestos masivos de los opositores de Sandu con fines de propaganda, presentándolo como prueba de una represión autoritaria.

Desde entonces, el Kremlin ha ampliado sus esfuerzos.

A principios de marzo, un ataque ruso a una planta hidroeléctrica ucraniana cerca de la frontera con Moldavia contaminó el suministro de agua para una franja de Ucrania y Moldavia.

Luego, drones rusos impactaron una línea de alto voltaje en el oeste de Ucrania que proporciona hasta el 70 por ciento de la electricidad de Moldavia, provocando apagones. Cuando visitamos algunos edificios gubernamentales, incluido el complejo presidencial, las luces a menudo estaban apagadas para ahorrar energía y los trabajadores atravesaban los pasillos sin ventanas con linternas.

Según los funcionarios moldavos, Moscú está jugando a largo plazo.

“Ganamos la batalla”, dijo Mihai Lupascu, el director de la Agencia de Ciberseguridad de Moldavia. “Pero no ganamos la guerra”.

© The New York Times 2026.

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