Agregar Infobae enGoogle

La ley sálica desaparece de Europa: el príncipe Alois de Liechtenstein hace historia al incluir a las mujeres en la línea de sucesión para acceder al trono

El Principado ha realizado una reforma más moderna incluso que la norma española, en la que los varones todavía tienen preferencia

El príncipe Alois de Liechtenstein celebra el Día Nacional (REUTERS/Romina Amato)
El príncipe Alois de Liechtenstein celebra el Día Nacional (REUTERS/Romina Amato)
Guardar

Liechtenstein ha anunciado este 15 de agosto el fin de la ley sálica, una reforma que abrirá el trono a las mujeres y cerrará la última exclusión total femenina que seguía vigente en una monarquía hereditaria europea. Fuera de nuestras fronteras continentales, en países como Jordania o Japón, las mujeres de la realeza siguen sin tener posibilidades de ascensión.

El príncipe regente Alois ha comunicado en el Día Nacional del Principado que la Casa Principesca pasará de la primogenitura agnática a la primogenitura absoluta, después de que el consejo familiar con derecho a voto aprobara la reforma el miércoles por una mayoría de dos tercios. El cambio no altera por ahora la sucesión inmediata, porque el heredero presuntivo sigue siendo el príncipe Joseph Wenzel, nacido en 1995, primer hijo varón de Alois y de la princesa heredera Sophie.

PUBLICIDAD

Aún así, la modificación sí elimina el sexo como criterio para determinar quién ocupa el primer puesto en la línea sucesoria y equipara también los derechos de participación de las mujeres de la familia en las normas internas de la dinastía. En su discurso, Alois ha presentado la decisión como una revisión largamente madurada dentro de la familia soberana. “Con esta modificación de la ley, queremos garantizar que tanto el Principado de Liechtenstein como la Casa Principesca sean gobernados por la persona mejor preparada para esta tarea”, ha afirmado el regente.

El discreto príncipe Joseph Wenzel de Liechtenstein (Grosby)
El discreto príncipe Joseph Wenzel de Liechtenstein (Grosby)

La nueva línea de sucesión de Liechtenstein

Hasta ahora, la Corona quedaba reservada exclusivamente a los descendientes masculinos por línea masculina. Con la reforma, las futuras princesas podrán entrar en el orden sucesorio en igualdad de condiciones que sus hermanos, lo que convierte a Liechtenstein en un caso inverso al que representaba hasta hoy: de ser la única monarquía reinante de Europa que excluía por completo a las mujeres, pasará a aplicar una norma más avanzada incluso que la española.

PUBLICIDAD

España mantiene la preferencia del varón sobre la mujer dentro de un mismo grado de parentesco, mientras que Mónaco conserva igualmente una fórmula de preferencia masculina. El principado alpino rompe así con una singularidad que lo había dejado descolgado respecto a Suecia, Países Bajos, Noruega, Bélgica, Dinamarca, Luxemburgo o Reino Unido, que ya habían corregido sus sistemas sucesorios.

La relevancia del anuncio no reside solo en el alcance simbólico de la reforma. La sucesión al trono no depende de una ley aprobada por el Gobierno ni de una votación popular, sino del derecho propio de la Casa Principesca, un cuerpo normativo familiar con siglos de historia y reconocimiento constitucional. Ese marco explica que la iniciativa haya partido del propio clan reinante. Según ha explicado el príncipe Alois ante los asistentes reunidos a los pies del castillo de Vaduz, el debate sobre estas reglas internas se retomó a finales del año pasado, aunque la cuestión llevaba décadas abierta dentro de la familia.

El príncipe Alois de Liechtenstein celebra el Día Nacional (REUTERS/Romina Amato)
El príncipe Alois de Liechtenstein celebra el Día Nacional (REUTERS/Romina Amato)

La Casa de Liechtenstein arrastra una historia que antecede al propio Estado. La familia tomó su nombre de un castillo al sur de Viena que ya le pertenecía en el siglo XII, recibió en 1608 el título de príncipes del Sacro Imperio Romano Germánico y consolidó su base territorial tras la adquisición de Schellenberg y Vaduz. En 1719, el emperador Carlos VI unió ambos territorios en un único principado y reconoció su soberanía.

El poder monárquico en Liechtenstein

La intervención de Alois ha coincidido con un momento de contestación interna por sus amplias prerrogativas como jefe de Estado de facto, cargo que ejerce desde 2004 por delegación de su padre, Hans-Adam II, que ocupa oficialmente el trono desde 1989. La Constitución del Principado le atribuye capacidad para nombrar jueces, destituir miembros del Ejecutivo, conceder medidas de gracia y vetar leyes.

La tensión se ha hecho visible en torno a la campaña para despenalizar el aborto hasta la duodécima semana del embarazo. En Liechtenstein bastan 1.000 firmas para forzar la convocatoria de un referéndum, y a principios de agosto el comité impulsor presentó ante la Cancillería 4.970 peticiones uninominales, una cifra equivalente a una cuarta parte del electorado del país. Los promotores de la iniciativa sostienen que el 62% de los ciudadanos respalda la despenalización, pese a que el príncipe regente ya ha advertido de que vetaría cualquier norma en ese sentido.

El 2 de junio de 2014 marcó un antes y un después en la historia reciente de la monarquía española. Aquel día, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, anunciaba la abdicación de Juan Carlos I tras casi cuatro décadas en el trono. El monarca que había sido una de las figuras clave de la Transición cedía el testigo a su hijo, Felipe VI, en un movimiento que buscaba garantizar la continuidad de la Corona en un momento especialmente delicado.

Ese pulso de fondo ha convertido el Día Nacional en algo más que una ceremonia. En el pequeño Estado centroeuropeo, encajado entre Suiza y Austria y con más de 40.000 habitantes, la recepción oficial en el castillo de Vaduz ha mantenido este año el mismo ritual de discurso, brindis, comida y música tradicional, pero el anuncio sobre la sucesión ha irrumpido en un momento en que una parte de la población cuestiona ya hasta qué punto la monarquía debe conservar poderes que en otras coronas europeas quedaron hace tiempo reducidos a funciones representativas.

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD