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El secretario de Defensa de EE. UU. dice que la coalición anticárteles hará 'cosas malas a la gente mala'

Reportajes Especiales - News

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Pete Hegseth dijo que el objetivo es "degradar, desmantelar y destruir las redes narcoterroristas" y pidió a los países de Latinoamérica que intensifiquen su lucha.

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, pidió el miércoles a los líderes militares de Latinoamérica que intensifiquen su lucha contra los narcotraficantes y se unan a las fuerzas armadas estadounidenses en operaciones contra los cárteles.

Hablando ante líderes de defensa civil y generales de alto rango de otros 18 países en una conferencia en Panamá, Hegseth reafirmó la promesa del gobierno de Donald Trump de usar la fuerza militar además de las medidas policiales para combatir a los narcotraficantes.

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El objetivo colectivo es "degradar, desmantelar y destruir las redes narcoterroristas", dijo Hegseth, hablando al margen de un importante ejercicio de entrenamiento regional dirigido por Estados Unidos en Panamá.

Con la temeridad que le caracteriza, Hegseth dijo que el lema de la coalición anticárteles sería: "Hacemos cosas malas a la gente mala".

En los meses más recientes, el gobierno de Trump ha intensificado su cooperación con aliados de toda Latinoamérica para combatir el narcotráfico. Creó la coalición, parte de la alianza regional Escudo de las Américas, y convocó su primera reunión en marzo.

Ese mes, Ecuador y Estados Unidos lanzaron operaciones militares conjuntas contra grupos designados como terroristas. En mayo, el Pentágono presionó a Guatemala para que aceptara ataques aéreos conjuntos de Estados Unidos y otras acciones militares dentro de sus fronteras para atacar a presuntos grupos de narcotraficantes.

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Hegseth dijo el miércoles que Honduras y Colombia también habían aceptado permitir operaciones conjuntas.

La semana pasada, el Comando Sur de Estados Unidos anunció la Fuerza de tarea conjunta del hemisferio occidental, con lo que estableció la infraestructura para una expansión de su guerra contra las drogas en cooperación con aliados regionales.

Esta nueva fuerza de tarea se basa en una campaña de un año del Pentágono en el Caribe y el Pacífico oriental, donde las fuerzas armadas han llevado a cabo 66 ataques a embarcaciones que han matado al menos a 221 personas que, según afirman sin presentar evidencia, traficaban drogas.

Los expertos legales han advertido que los ataques son ilegales, porque las fuerzas armadas no pueden atacar de manera deliberada a civiles que no participan directamente en las hostilidades, incluso si estos están infringiendo la ley. El tráfico de drogas, dicen, no cumple los requisitos para ser considerado hostilidades.

El miércoles, Hegseth afirmó que estos ataques han reducido a más de la mitad el número de presuntas embarcaciones de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico oriental. Pero una investigación reciente de The New York Times reveló que la cocaína, por mucho la principal droga contrabandeada desde Sudamérica, es tan fácil de conseguir en gran parte de Estados Unidos como lo era antes de que comenzaran los ataques.

Recientemente, Estados Unidos también anunció que estaba acelerando la cooperación militar con Colombia, donde los votantes eligieron a un presidente de derecha en junio. El país podría emerger como una pieza clave del esfuerzo estadounidense contra los narcotraficantes y el crimen organizado en la región.

Colombia es el mayor productor de cocaína del mundo y, en el pasado, ha sido un firme aliado de Estados Unidos.

Sin embargo, durante los últimos cuatro años, las relaciones entre ambos países se tensaron debido a que el expresidente izquierdista de Colombia, Gustavo Petro, se pronunció con frecuencia en contra de los ataques a embarcaciones y otras políticas hacia la región del presidente Trump.

Durante décadas, la política estadounidense en Latinoamérica se ha centrado en la lucha antinarcóticos. Se han gastado millardos de dólares en asistencia militar, erradicación de cultivos y más; los líderes han presionado por medidas de seguridad de línea dura y acuerdos de extradición.

En su segundo mandato, Trump ha ido más allá, al tratar a los narcotraficantes no como criminales, sino como combatientes enemigos.

Al culpar a los cárteles y a las bandas de narcotraficantes de la crisis de sobredosis en Estados Unidos y de avivar los crímenes violentos, el gobierno de Trump ha añadido a alrededor de 20 grupos a su lista de organizaciones terroristas extranjeras desde 2025 --desde importantes cárteles mexicanos hasta bandas ecuatorianas de narcotraficantes-- y ha autorizado el uso de fuerza letal contra ellos.

El año pasado, Trump justificó los ataques de las fuerzas armadas contra pequeñas embarcaciones al afirmar que Estados Unidos estaba involucrado en un "conflicto armado" formal con narcotraficantes que habían sido designados como organizaciones terroristas, y que los contrabandistas de dichos grupos eran "combatientes ilegales".

El ataque más reciente del ejército, que mató a ocho personas, fue el 21 de junio. Funcionarios del Pentágono dicen que ha habido una pausa desde entonces, en parte porque los equipos y el equipamiento militar se destinaron a la ayuda humanitaria para las víctimas del reciente terremoto en Venezuela.

Ahora el gobierno de Trump parece estar trasladando sus esfuerzos que se dirigen a grupos armados en Latinoamérica desde aguas internacionales hacia tierra firme.

Hasta la fecha, 18 países se han unido a la coalición anticárteles liderada por el Pentágono: Argentina, las Bahamas, Belice, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, República Dominicana, Ecuador, El Salvador, Guatemala, Guyana, Honduras, Jamaica, Panamá, Paraguay, Perú y Trinidad y Tobago.

El jefe del Comando Sur, el general Francis Donovan, dijo en una publicación en línea el 3 de agosto que la nueva fuerza de tarea de la coalición "llevaría la lucha al enemigo".

Hegseth se reunió con funcionarios en Ciudad de Panamá durante una visita en abril de 2025 y firmó un acuerdo bilateral de seguridad con el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, un conservador que se ha mostrado ansioso por negociar con el gobierno de Trump tras enfrentar amenazas sobre el canal de Panamá. Panamá no cuenta con unas fuerzas armadas activas.

Las naciones que no tienen oficialmente acuerdos con Estados Unidos han sido, sin embargo, escenario de operaciones muy publicitadas desde que Trump asumió el cargo el año pasado.

Trump aplaudió un ataque que involucró a la CIA a principios de este año en México y que ayudó a matar a Nemesio Oseguera Cervantes, conocido como el Mencho, líder del cártel Jalisco Nueva Generación, una de las organizaciones de narcotráfico más poderosas del mundo.

Trump también celebró un ataque en Venezuela que mató a un líder del Tren de Aragua, un grupo transnacional que, según él, ha invadido Estados Unidos y perpetrado asesinatos y otros actos de violencia.

Los expertos dicen que el crimen organizado y el narcotráfico se han expandido por toda la región en lugares donde el gobierno está ausente, y que las actividades ilícitas se han disparado desde la pandemia.

Advierten, sin embargo, que las pasadas "guerras contra las drogas" dirigidas por Estados Unidos en la región no han logrado frenar el narcotráfico, y señalan que, en la actualidad, gran parte de la cocaína de Sudamérica se dirige a Europa, no a Estados Unidos.

Algunos grupos de derechos humanos también advierten que militarizar la lucha contra los grupos armados corre el riesgo de aumentar la violencia que amenaza a los civiles.

Una ausencia notable de la alianza regional contra el narcotráfico --y de la conferencia en Panamá esta semana-- es México, donde operan cárteles poderosos que trafican fentanilo y otras drogas mortales hacia Estados Unidos. Al igual que Brasil, que tampoco está en la alianza regional, México es gobernado por una líder de izquierda, Claudia Sheinbaum.

Cautelosa ante la reacción del público en un país con una larga historia de intervenciones militares estadounidenses, y decidida a proteger la soberanía de México, Sheinbaum se ha apegado a un mensaje simple: "Coordinación sin subordinación".

Eric Schmitt es corresponsal de seguridad nacional para el Times. Ha informado sobre asuntos militares estadounidenses y antiterrorismo durante más de tres décadas. Se le puede contactar de manera segura en Signal: ericschmitt.36.

Annie Correal es corresponsal en Latinoamérica para el Times.

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