
Christa Pike podría ser la primera mujer ejecutada en el estado en más de 200 años. Quienes la conocen dicen que el encierro la ha cambiado; la familia de su víctima quiere que muera.
Durante cerca de tres décadas, Christa Pike ha esperado a solas en el corredor de la muerte de Tennessee.
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Ella torturó y asesinó a una compañera de clase, Colleen Slemmer, con su novio y una amiga. Le hicieron cortes con un cúter, le grabaron un pentagrama en el pecho y le quitaron un fragmento del cráneo. Solo Pike recibió la pena de muerte. Tenía 18 años en el momento del asesinato.
Si su ejecución procede según lo planeado el miércoles, será la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años.
"Repaso esta ejecución todos los días en mi corazón", dijo Pike en una grabación de audio sin editar, compartida por sus abogados en respuesta a preguntas de The New York Times. "Pase lo que pase el 30 de septiembre, este ya no será mi infierno".
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Los estadounidenses se han opuesto cada vez más a la pena de muerte y han mostrado particular reticencia a imponerla a mujeres y adolescentes. Las mujeres representan alrededor de un 2 por ciento de las nuevas condenas a muerte emitidas desde que comenzó la era moderna de la pena capital, en 1973; Misuri fue el último estado en ejecutar a una mujer, en 2023.
Pike, que ahora tiene 50 años, no niega su culpa. Aun así, algunos expertos cuestionan si sería sentenciada de esta manera hoy en día. Su infancia de maltrato nunca se mencionó durante el juicio, algo que los defensores ahora piden a los jueces y jurados que consideren al dictar sentencia. En aislamiento, fue diagnosticada con trastorno bipolar y trastorno de estrés postraumático, lo que sus abogados dicen que contribuyó a su estado mental durante el asesinato.
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Su edad es otro factor; estaba apenas por encima del umbral legal para ser considerada para la pena de muerte.
"Probablemente Christa Pike no sería condenada a muerte si fuera juzgada hoy", dijo Robin Maher, directora ejecutiva del Centro de Información sobre la Pena de Muerte. "Mucho ha cambiado".
Pero la sentencia de muerte de Pike nunca estuvo en duda para la madre de Colleen, May Martinez. Ella se aferra a la memoria de su hija, denuncia la falta de apoyo y hace lo posible para reunir el dinero necesario para viajar a Nashville a presenciar la ejecución.
"Nadie", dijo, "recuerda a Colleen".
Un crimen horrendo
En la noche de su asesinato, Colleen intentó llamar a su madre.
Colleen, de 19 años, vivía a cientos de kilómetros de la casa familiar en Florida. Se había inscrito en un programa educativo de Job Corps en Knoxville, Tennessee, que le permitiría desarrollar su interés por las computadoras. La llamada terminó rápidamente debido a la mala señal telefónica.
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Cuando Martinez devolvió la llamada, su hija "ya no estaba", dijo.
Los espeluznantes detalles de lo que sucedió esa noche en enero de 1995 conmocionaron al este de Tennessee.
Tres estudiantes del programa --incluidos Pike y su novio de entonces, Tadaryl Shipp-- habían atraído a Colleen hacia una zona boscosa del campus de la Universidad de Tennessee. Ahí la torturaron, golpeándole la cabeza con trozos de asfalto. Shipp describió posteriormente cómo le grabó un pentagrama en el cuerpo a Colleen, lo que avivó los temores de que se tratara de adoración satánica.
Pike confesó dos días después, tras el hallazgo del cuerpo. Se había llevado un pedazo del cráneo, el cual mostró al menos a una persona.
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Durante su juicio, los fiscales exhibieron el cráneo roto y el pedazo faltante.
"Eso fue lo más difícil del mundo: ver el cráneo de tu hija pasar de mano en mano", dijo Martinez. Pasaría más de una década antes de que un tribunal ordenara la devolución del cráneo a su familia.
"No soy la misma persona que era antes", dijo Martinez.
Ella recuerda a su hija como una presencia llena de vida y generosidad, que hacía voluntariado en las Olimpiadas Especiales y adoraba los bolos y los juegos de computadora. Cuando murió Colleen, su mundo se vino abajo.
Ha conservado cada recuerdo de la vida de su hija, desde los libros que leía hasta un osito de peluche que confeccionó con una camiseta vieja de Colleen. Cada año, cuelga los adornos del árbol de Navidad que hizo su hija, con luces moradas, que era su color favorito.
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Su furia hacia Pike --y hacia el prolongado proceso de apelación-- la acompaña desde el juicio. En 1996, le dijo a The Knoxville News-Sentinel que "deberían matarla de inmediato".
Pike fue la única estudiante que recibió la pena de muerte. Shipp, quien entonces tenía 17 años y estaba protegido de la pena capital por la ley de Tennessee, fue condenado a cadena perpetua.
Martinez no recuerda haber recibido una disculpa directa en el tribunal.
"Ahora siento mucho remordimiento; al principio no, cuando me acusaron", dijo Pike. "No me importaba lo que había hecho".
Agregó: "No me importaba nadie más que yo misma, los otros acusados y tal vez nuestras familias".
Aislamiento en prisión
Cuando trasladaron a Pike a la prisión de Nashville, su mundo se hizo más pequeño. Pasaba 23 horas al día encerrada en su celda. Solo otra mujer, Gaile Owens, estuvo alguna vez en el corredor de la muerte de Tennessee al mismo tiempo que ella. Antes de que su condena fuera conmutada en 2010, Owens pasó tres años en una celda cercana a la de Pike, pero nunca tuvieron contacto físico.
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Pike comparó su experiencia con estar encerrada en un baño con una bandeja de comida, un televisor y una radio. "El mayor castigo fue alejarme de las personas y del contacto humano", dijo.
En 2001, Pike y otras dos mujeres fueron evacuadas a otra parte de la prisión a causa de un incendio. Las dos mujeres, que tenían un historial de confrontaciones, empezaron a discutir, y Pike usó el cordón de un zapato para estrangular a una de ellas hasta dejarla inconsciente.
Pike fue declarada culpable de intento de asesinato premeditado en primer grado.
Poco después del ataque, los médicos diagnosticaron a Pike con trastorno bipolar. Sus abogados atribuyen la violencia a su salud mental y a su pasado. Según documentos judiciales y evaluaciones psicológicas, Pike sufrió abusos físicos y psicológicos por parte de familiares cercanos durante su infancia. Desde el jardín de infantes, sufrió violaciones y agresiones reiteradas, primero a manos de hombres que conocía y después de un desconocido.
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Sus abogados dijeron que desde que está medicada y asiste a terapia, Pike no ha recibido medidas disciplinarias por violencia. Practicar meditación budista en años recientes, dijo ella, también ha sido una manera de "entrenar mi mente caótica".
En declaraciones y entrevistas, mujeres encarceladas junto a Pike dijeron que aunque las restricciones le impedían tener contacto físico con ellas, era cordial a la distancia. Les enviaba artículos de higiene del almacén de la prisión, cocinaba comida sobre una lámpara y gritaba saludos mientras caminaba encadenada hacia la ducha. (En 2024, un acuerdo con Tennessee le permitió interactuar físicamente con otras mujeres en la prisión).
"Siempre la he visto mostrar amabilidad", dijo Ashlee Sellars, de 48 años. "La he visto ser protectora".
Marcy Graves Wilson, de 60 años, recordó el temor que sintió en 2017 cuando se enteró de que su hija, Teddy, sería internada cerca de ella. Pero Pike le envió a la chica nueva unas sandalias para la ducha cuando supo que no tenía, un gesto que se transformó en una relación entrañable que perduró hasta que Teddy murió por una sobredosis.
"Conocer a Christa ha cambiado lo que siento sobre la pena de muerte", agregó Wilson. "Siento que tiene tanto que podría ofrecer".
Apoyar a otras mujeres encarceladas, dijo Pike, es un intento de expiar el daño que causó.
"Luego de años de estar sentada aquí con profunda contemplación y reflexión, sé y entiendo la vida que he arrebatado y cuánto importa, cuánto significa, cuántos efectos ella podría haber tenido en el mundo, al igual que los efectos que yo podría tener en el mundo", dijo Pike.
Los últimos días
Los abogados de Pike han pasado las últimas semanas intentando detener la ejecución. Su última oportunidad depende del gobernador Bill Lee, un republicano, quien se encuentra evaluando si le permite seguir el resto de su vida en prisión.
Sus abogados han argumentado que ella podría ayudar a otras mujeres en prisión y que su delito no se puede separar de una infancia traumática.
También han cuestionado si el personal médico puede administrar los fármacos letales sin causar un dolor excesivo. Y han apelado ante la Corte Suprema de Estados Unidos para pausar la ejecución, cuestionando si "el sufrimiento mental y el terror psicológico que experimentará" bajo el protocolo califican como castigo cruel e inusual según la Octava Enmienda.
"No creo que alguien deba matarme para enseñarme que matar a alguien está mal", dijo Pike. "No voy a ser yo quien se quede aquí sufriendo después de que hagan esto".
Dos semanas antes de su ejecución, Pike volvió a ser aislada, como parte del nuevo protocolo de Tennessee para las personas próximas a ser ejecutadas. La habían trasladado y sus pertenencias estaban en bolsas de basura. Ya ni se molestaba en sacar sus cosas.
En Florida, Martinez y su esposo han lidiado con una oleada de dolor, haciendo lo posible por reunir dinero para financiar el viaje en auto a Nashville. A Martinez le ha enfurecido la atención que recibe Pike. Para ella, incluso en aislamiento, Pike ha tenido acceso al consuelo y apoyo que se le negó a su hija.
"Nadie podría nunca, jamás, convencerme de que ella ha cambiado", dijo Martinez.
Diez días antes de la ejecución programada de Pike, celebraron lo que habría sido el cumpleaños número 51 de Colleen.
Kitty Bennett colaboró con la investigación.
Emily Cochrane es reportera nacional del Times para el sur de Estados Unidos, y vive en Nashville.
Kitty Bennett colaboró con la investigación.
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