
La segunda vuelta enfrenta a un político de izquierda que intenta ganarse a los indecisos de centro y a una derechista con discurso de mano dura contra la delincuencia.
Los resultados preliminares de la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú, celebrada el domingo, fueron demasiado reñidos, lo que sentó las bases para un recuento que podría durar días o semanas. Un sondeo a boca de urna mostraba a ambos candidatos en un empate estadístico, aunque la candidata conservadora, Keiko Fujimori, tenía una ligera ventaja.
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La contienda enfrentó a Fujimori con Roberto Sánchez, legislador de izquierda y heredero político del expresidente encarcelado Pedro Castillo. El padre de Fujimori fue Alberto Fujimori, un presidente autoritario de la década de 1990 a quien se le atribuyó el desmantelamiento de brutales grupos rebeldes de izquierda, pero a costa de desmoronar la democracia del Perú.
Sánchez dedicó las últimas semanas de la campaña a pivotar hacia el centro, intentando atraer a los moderados indecisos. Prometió mantener políticas fiscalmente responsables, proteger la propiedad privada y preservar la autonomía del Banco Central de Reserva.
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Fujimori, por el contrario, se dirigió a su base derechista como candidata de mano dura contra la delincuencia, y presentó a Sánchez como comunista y autoritario en potencia, alguien que torpedearía la inversión privada.
La contienda se produjo en un momento en que una oleada de oposición a los gobiernos en el poder desplaza a América Latina hacia la derecha política. Los gobiernos a favor de la ley y el orden ya han transformado Argentina, Bolivia y Ecuador.
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Al cierre de las mesas de votación en el país, los datos a boca de urna, publicados por la empresa Ipsos, mostraban un electorado profundamente dividido geográficamente. Fujimori mantenía una ventaja en los centros urbanos, mientras que Sánchez dominaba en el electorado rural.
El recuento oficial, con menos del 24 por ciento de los votos escrutados, mostraba a Fujimori a la cabeza con el 53 por ciento y a Sánchez con el 47 por ciento, pero no reflejaba aún la votación en los bastiones de Sánchez.
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El domingo por la noche, después de que Fujimori tomara la delantera en algunos resultados preliminares, Sánchez hizo un llamamiento a la calma y al respeto de los resultados oficiales. Pero también hizo hincapié en que aún no se habían contado los votos en muchos de sus bastiones rurales e instó a los observadores de su partido a permanecer atentos.
"Creemos, con mucho entusiasmo, con mucha esperanza, que llega el momento ahora de la defensa del voto, el voto de los pueblos profundos, el voto rural, el voto de todos los peruanos", dijo Sánchez.
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Los funcionarios electorales dijeron en una conferencia de prensa que el recuento final auditado tardaría aproximadamente un mes en completarse, lo que planteaba la posibilidad de un prolongado periodo de inestabilidad política.
Las tensiones en torno a la votación desataron temores de supresión de votantes el domingo por la mañana, después de que surgieron informes aislados de papeletas premarcadas o dañadas. Las cuentas de redes sociales de izquierda dijeron que habían aparecido papeletas premarcadas a favor de Fujimori en un barrio acomodado de Lima, mientras que las de derecha dijeron que se habían encontrado papeletas amañadas a favor de Sánchez en la sierra rural.
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La Defensoría del Pueblo de Perú aumentó brevemente la inquietud al calificar las irregularidades de "intento de fraude", antes de dar marcha atrás horas más tarde y afirmar que las papeletas defectuosas solo habían afectado a una veintena de recintos electorales de todo el país, sin repercusión negativa en la votación.
En un intento de proyectar una imagen de control en una conferencia de prensa celebrada el domingo por la tarde, los máximos responsables electorales de Perú rechazaron la posibilidad de un fraude sistemático y dijeron que un puñado de irregularidades aisladas se habían resuelto rápidamente.
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El coordinador de las Fiscalías en Prevención del Delito, Alfonso Barrenechea, declaró a los medios locales que 7000 representantes estaban vigilando la votación. Dijo que las protecciones del sistema habían conseguido hacer frente a amenazas localizadas, y que los investigadores habían interceptado y sustituido entre 60 y 90 papeletas manipuladas en 12 centros de votación de todo el país.
Genevieve Glatsky es reportera del Times, radicada en Bogotá.
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