
Más de un cuarto de siglo de toda forma de corrupción, narcoterrorismo, violación judicializada de derechos humanos, masacres, torturas, asesinatos, persecución de inocentes por los crímenes de sus acusadores, migraciones forzadas, tráfico de personas, abuso de menores, terrorismo de Estado, traición a la Patria y la comisión de todos los delitos posibles, son notas características del “grupo delictivo organizado” llamado socialismo del siglo 21 o castrochavismo. Terminar la impunidad de los detentadores del poder en Cuba, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y sus satélites es imprescindible para libertad y la seguridad de los pueblos de las Américas.
La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia Organizada Trasnacional o “Convención de Palermo” define en su artículo 2 inciso a que por “grupo delictivo organizado se entenderá un grupo estructurado de tres o más personas que exista durante cierto tiempo y que actúe concertadamente con el propósito de cometer uno o más delitos graves o delitos tipificados con arreglo a la presente Convención con miras a obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico u otro beneficio de orden material”.
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Esta definición comprende exactamente al grupo organizado por Hugo Chávez, Fidel Castro y Luis Ignacio Lula da Silva, que desarrollaron y ampliaron públicamente a partir de 1999, hasta llegar a controlar prácticamente toda Latinoamérica. Instalaron dictaduras como expansión del modelo castrista de Cuba en Venezuela con Chavez y Maduro, Nicaragua con Ortega/Murillo, Bolivia con Morales/Arce y Ecuador con Correa. En el resto de la región con para dictatoriales como los Kirchner en Argentina, Toledo en Perú, Lugo en Paraguay, Boric en Chile, Lula y Rousseff en Brasil, López Obrador y Sheinbaum en México, Petro en Colombia y más.
Suplantaron la política por la delincuencia organizada trasnacional y le dieron rótulo de socialismo del siglo 21, lo que el Departamento de Estado ha denominado recientemente “comunismo del siglo 21”, que la prensa reconoce como izquierda latinoamericana.
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En más de dos décadas, cambiaron constituciones políticas, leyes, códigos, procedimientos, instituciones e instalaron en la función pública, judicial e institucional a operadores o cómplices en la perpetración y encubrimiento de todo tipo de delitos. Lideraron un cambio cultural en las sociedades nacionales y latinoamericana, promoviendo la suplantación de la libertad por el sometimiento, de los méritos por el facilismo, del respeto a los principios y valores por la tolerancia al delito o la participación en él como sistema de sobrevivencia y/o de éxito económico.
Un apretado resumen de la prueba del grupo delictivo organizado detentando el poder en Latinoamérica se verifica en: la situación de narcoestados de Cuba, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador en desmontaje avanzado; la existencia de narcoestados como territorios, estados o provincias en México, Argentina, Colombia, Brasil y más; el sistema criminal que se llamó “Lava Jato” operado con fondos federales de Brasil con manejo del eje La Habana-Caracas-Brasilia, hasta ahora impune o “lavado” en la mayoría de los países afectados; la riqueza injustificable y públicamente expuesta de los detentadores del poder y los entornos de los socialistas del siglo 21; los presos y exiliados políticos víctimas de la violación judicial de derechos humanos; los asesinados como el candidato presidencial Fernando Villavicencio en Ecuador, el Tte. Ronald Ojeda en Chile, y otros asesinatos selectivos, las centenas de muertos en masacres represivas, las decenas de muertos en prisiones en Cuba, Venezuela, Bolivia y Nicaragua; los expropiados, usurpados y privados de sus bienes, empresas y recursos legítimos….
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Con el cambio geopolítico reciente hay avances muy importantes como la captura de Nicolas Maduro, el creciente ataque al narcoterrorismo, la presión para que gobiernos para dictatoriales extraditen criminales, la incremental coordinación para el desmontaje de los narcoestados y sus operadores de crimen común, el retorno de la cooperación internacional contra el crimen y la identificación pública del “grupo delictivo organizado”.
Sin embargo hay aflicción pública, una mezcla de esperanza y ansiedad porque está intacta la cabeza o jefatura de este “grupo delictivo organizado” que está en Cuba, que opera libremente en Nicaragua, que mantiene su estructura en Bolivia y resiste en Venezuela. Los jefes del grupo delictivo organizado llamado socialismo del siglo 21, castrochavismo, comunismo del siglo 21 o izquierda latinoamericana son impunes y son los jefes de las dictaduras de Cuba y Nicaragua y los miembros de su sistema en Bolivia y Venezuela.
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Con impunidad no hay democracia. Mientras no termine la impunidad de los delincuentes que detentan el poder en Cuba y Nicaragua, que mantienen estructuras de poder en Bolivia y Venezuela, que se han habilitado como actores políticos en Brasil, Mexico, Colombia y más, no habrá ni libertad ni seguridad en ningún país de las Américas.
* Abogado y Politólogo. Director el Interamerican Institute for Demodracy
www.carlossanchezberzain.com
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