Los titulares periodísticos destacaron que Donald Trump anunció “el mayor acuerdo petrolero de la historia” con Venezuela. “EE. UU. se aseguró un control mayoritario de más de 65.000 millones de barriles de las reservas venezolanas” fueron sus palabras textuales. Por su parte, Delcy Rodríguez agradeció a Trump este acuerdo, proclamando “el renacimiento de nuestra nación”
Lo acordado abarca el desarrollo de 17 campos estratégicos con una inversión estimada en más de US$ 100.000 millones, exactamente la cantidad que se mencionó en la reunión que Trump sostuviera en la Casa Blanca con ejecutivos de empresas petroleras, poco después de la acción militar de enero de este año.
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En publicación en la red Truth Social de su propiedad, Trump agregó que se haría “sin costo alguno para el contribuyente” y que el acuerdo “duplicará con creces las reservas” de EE. UU. Por su parte, la presidenta encargada habló de “un hito histórico en las relaciones bilaterales”. La información agregaba que ambos coincidieron en “que los aportes fiscales proyectados eran US$ 209.000 millones para las arcas venezolanas”.
Entendible que se haya dado este paso, pero sigue haciendo mucho ruido que nada semejante haya tenido lugar para la democracia, que sigue relegada, con ruido y escenografía teatral en la forma de un “diálogo”, pero todavía sin fecha de elecciones y sin itinerario para hacer o para culminar la transición a medias que se vive.
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Entendible, ya que el tema del petróleo siempre estuvo presente y adquirió una importancia renovada con el empantanamiento de la guerra con Irán, toda vez que si algo ha enfatizado este conflicto es la importancia del petróleo para todo el mundo, no solo para los productores del Golfo Pérsico/Arábigo, sino también para las dos potencias de mayor relevancia como lo son el propio EE. UU. y China. Del mismo modo, si algo ha demostrado lo que ocurre en el Estrecho de Ormuz, es cuán relevante es y será el petróleo venezolano, dado que hay una cantidad destacable que no está fluyendo, ni para compra ni para venta.
Sin embargo, sigue sin ser adecuadamente explicado qué impide que no avance paralelamente la democratización del país, sobre todo, si se considera que antes de la aparición del chavismo y su prolongación en Maduro, Venezuela tuvo una limpia continuidad democrática, muy destacable, cuando en el siglo pasado América del Sur tuvo una mayoría de países con dictadura militar.
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Sin embargo, dadas las características de este acuerdo, que, al mismo nivel de la conveniencia para Venezuela tiene el pecado de origen de haberse firmado en las condiciones que se firmó, en un país virtualmente sin independencia y con un gobierno que no fue electo por nadie. Sirve en el corto plazo para el gobierno de EE. UU. y para el régimen venezolano dada su crisis de ingresos, pero es un mal negocio en el largo plazo, ya que va a ser en el futuro un verdadero grito de guerra para el antinorteamericanismo que sobrevive en la región, y hará revivir fantasmas sobre el uso y abuso de los recursos naturales. Incluso, cuando haya elecciones, la candidata Delcy Rodríguez podrá exhibir este acuerdo como un logro de ella.

En otras palabras, carece de una legitimidad que solo lo puede dar la democracia, ya que como lo dijo un CEO de una gran empresa después de la reunión mencionada en la Casa Blanca, que a ellos le preocupaba que un acuerdo con el régimen actual no sobreviviera en el tiempo, precisamente por sus características dictatoriales, y lo cierto, es que hoy gracias a la intervención efectuada, desde el 3 de enero Venezuela es un mejor país, pero el balance muestra que se fue el dictador, pero sobrevive la dictadura, a pesar de que se vive ya la transición.
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Las preguntas para hacer son dos: ¿un acuerdo así podría haberse firmado sin cuestionamientos y/o protestas en democracia?; y la democracia ¿para cuándo?
Entendemos y aceptamos que siempre se ha hablado de tres etapas, que la primera empezaba por el petróleo y que al final aparecía la democracia, pero sigue siendo difícil de entender y aceptar que se haya avanzado tan poco y en forma tan débil, en la necesaria democratización, y, por lo tanto, en la transición, incluyendo, fechas y calendario.
Del mismo modo, suena muy difícil de entender, si se ha iniciado un diálogo, porque se buscó una legitimación recurriendo a quienes encabezaban la Asamblea Nacional el 2015, para que fueran contraparte del chavismo representado por los hermanos Rodríguez, toda vez que en una fecha mucho más cercana, el 28 de julio del 2024, Edmundo González fue electo con al menos el 70% de los votos, quien compitió en representación de una mayoría para quienes la lideresa era María Corina Machado (MCM), a quien con malas artes, la dictadura le impidió competir.
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Por lo tanto, la otra pregunta es ¿por qué EE. UU. se ha comportado con María Corina Machado (MCM) en la forma como lo ha hecho? ¿Es su plan que la transición a la democracia se haga sin ella? ¿Es ese el plan o realmente no hay un plan más allá de los 3 aspectos/etapas identificadas como tales desde el 3 de enero? No lo sabemos, pero se sabrá, ya que una cosa segura de EE. UU., es que tarde o temprano alguien hablará y contará lo que ocurrió entre bambalinas.
Este es hoy por hoy el verdadero elefante en la cristalería, del cual los venezolanos hablan en voz baja más que a viva voz, pero es difícil que la democratización y, por ende, la transición a la democracia avance, sin antes despejar si existe alguna relación entre la actitud de la Casa Blanca hacia MCM y la falta de avance democratizador.
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Durante muchos años he tenido la oportunidad de enseñar sobre Transiciones a la Democracia y las hay de distinto tipo y a distinta velocidad, al igual que no hay dos del todo iguales, en una variedad que incluye Latinoamérica, Europa del Este, Asia, África, España y Portugal, pero al menos todas las exitosas tienen importantes elementos en común, que siguen estando ausentes en Venezuela, y obviamente ello no se debe a que Marco Rubio y el Departamento de Estado ignoren cuáles son ellos. Al contrario.
En Venezuela todavía no se puede hablar de transición plena, ya que faltan fechas y un calendario. Tampoco es irreversible, ya que sigue sin recuperarse el Estado de Derecho. Falta también consensuar una visión común entre el chavismo y los demócratas sobre cómo y cuándo avanzar. De hecho, en todo lo que está pasando y en la misma prolongación indebida de Delcy Rodríguez en el cargo actual de presidente encargada, es notorio el hecho que no se está respetando la Constitución, y tampoco lo está haciendo EE. UU, ya que por el tiempo transcurrido correspondía la convocatoria a elecciones.
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Sin embargo, al estar vigente, se debiera obedecer, para tener al menos un marco rector sobre el cual conducir la transición, hasta que nuevas autoridades legitimadas por el voto, acuerden, si así se desea, cambios a ese documento, y para ello falta todavía un sistema electoral y autoridades que respeten el marco legal común, pero nada, absolutamente nada impide que se tenga un itinerario para llegar a la elección correspondiente, ya que no hay una transición exitosa que haya carecido de lo expuesto en los párrafos anteriores.

Igualmente sigue haciendo mucho ruido lo que ha ocurrido con MCM, ya que no hay ninguna exitosa en que la transición no se haya legitimado con las principales figuras democráticas, y en la ausencia de MCM, es indudable que no ha sido suficientemente querida por Washington. He escuchado muchas opiniones acerca de porque ello ha ocurrido, pero ninguna me convence, ya que la propia ausencia de la lideresa en estos días donde cosas importantes se deciden, si fuera por entendibles razones de seguridad, de quererlo, nada impide que a gobernantes tan obedientes como los actuales, Washington los haga personalmente responsables de lo que le ocurra en su regreso a MCM.
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Sea cual sea el motivo, corresponde que MCM hable, ya que me cuesta creer lo que un alto dirigente me mencionara, que su ausencia se debe a una petición de EE. UU. Creo que es necesario que también hable para dar su opinión sobre el acuerdo petrolero que se acaba de anunciar, ya que, si llega a ganar la elección presidencial, no va a poder introducir cambios relevantes, ya que la situación en que el país va a ser recibido es de extrema debilidad, por lo que el gobierno no va a poder introducir además inestabilidad económica.
Además, ahora que se ha iniciado el regreso a Venezuela de exiliados importantes como Omar González, se hace necesario que María Corina explique su situación personal, ya que, por motivo alguno, debe arriesgar la posición única en la que los venezolanos la han puesto, la que se construyó sobre la base de consecuencia, honestidad y transparencia, por lo que por motivo alguno debe ponerla en peligro. Más aún, si ello significa una diferencia con Washington, EE. UU. sigue siendo un país donde se puede discrepar, y aunque se critique, si ello se hace con respeto y sin que se perciba como una amenaza, ello se puede hacer. Y con tanta experiencia, MCM sabe cómo destacar lo bueno y criticar lo malo de la intervención estadounidense.
Por lo demás, MCM debe alivianar su equipaje de temas personales, para concentrarse en los temas de fondo, ya que si de algo sirve la experiencia común de las transiciones más exitosas, es que decisiones de justicia transicional para los responsables de violaciones de derechos humanos y acuerdos como el actual del petróleo necesitan altísimos niveles de consenso, ya que su legitimidad está siempre en discusión, y es posible que el propio EE. UU. se perjudique por la ausencia en el país de quien hoy aparece en todas las encuestas como ganadora de las elecciones presidenciales apenas se recupere la democracia. Es el caso de MCM hoy, pero no debe cometer el error de pensar que ello puede durar para siempre.
A pesar de que no hay dos transiciones exactamente iguales, los elementos comunes en aquellas exitosas permiten comparar, y siempre me ha llamado la atención en las fuerzas democráticas venezolanas, cuán escasa ha sido la autocrítica y lo poco que se discute o quizás, se conoce de transiciones, importantes no tanto por lo que hay que hacer como por lo que NO hay que hacer.
Por cierto, la transición venezolana va a ser hecha y definida por los venezolanos, ya que tiene peculiaridades propias, entre las cuales figura en forma muy destacada el estatus especial que logró María Corina, ya que el día en que se le otorgó el Premio Nobel, su estatura parecía igualar a Mandela, es decir, palabras mayores. Sin embargo, la política es dinámica, es siempre selección de alternativas, y no solo en el día en que se vota.
Es dinámica porque los escenarios son cambiantes. ¿Cuánto ha perjudicado a MCM que no se le haya permitido estar presente en días que se están tomando decisiones relevantes? ¿Está MCM perdiendo su ubicación preferencial? ¿Podrá recuperarla? La política transicional, mejor dicho, la política, toda ella, es siempre de momentos, y eso marca la diferencia entre triunfo y fracaso, quien aprovecha esos momentos y quien no puede hacerlo.
Que una transición sea conducida por quien no representa la democracia no es tan raro como parece, lo que habitualmente no se encuentra es a líderes de estas que hayan adquirido una estatura moral. Por no haber otra persona que pueda cumplirla, es clave para Venezuela, que MCM no lo pierda, ni siquiera lo extravíe. Además, si lo que está haciendo ahora no es suficientemente visible, es que por, sobre todo, la transición misma que se vive no lo es, desde el momento que hay más interrogantes que respuestas.
Explicar la transición y ponerle fechas y compromisos debiera ser su rol cuando pueda regresar a Venezuela, para que se recupere un entusiasmo que se ha perdido y para que haya una presencia masiva en una transición donde el entusiasmo parece estar hoy no en las grandes masas sino en quienes se dedican profesionalmente a la política. En todo caso, está en el espíritu mismo de las transiciones, que tal como ha ocurrido en algunas, si quien es percibido como líder o lideresa no puede actuar, inevitablemente alguien más aparece para hacerse cargo. Ni siquiera tiene que ser un actor central, ya que puede surgir de improviso desde los márgenes.
No sabemos cuando va a ser la elección, pero Delcy ya está en campaña, ya que es la candidata del régimen. No se sabe quién va a ser la o el candidato de Washington, pero puede salir de los actuales negociadores, algunos de ellos puestos por EE. UU., ya que voluntarios/as van a sobrar. Que MCM reclame su lugar depende de lo que haga ahora, y eso pasa por marcar presencia hoy. Sin embargo, en Venezuela ni siquiera EE. UU. es hoy garantía, y si lo es, la ventana de oportunidad se puede cerrar pronto, toda vez ¿qué pasa si Trump y los republicanos pierden las elecciones de noviembre? Lo que es seguro, es que tal como se espera, si los demócratas inician una acusación constitucional (impeachment), el problema para Venezuela no va a ser que Washington intervenga demasiado, sino lo contrario, cómo mantenerlo interesado en una transición a la democracia, cuando pueden estar en peligro tanto la propia permanencia de Trump en la Casa Blanca o la de Rubio en el Departamento de Estado. Es decir, se haga lo que se haga en Venezuela, puede darse un escenario por definición peor que la actual, que por decisión de sus electores EE. UU. no tenga interés en nada que no sea el petróleo.
Recordemos que en toda intervención de EE. UU. casi siempre ha habido elecciones, aun las que se dieron en Irak o Afganistán, por lo que probablemente tendrán lugar en algún domingo del próximo año. Sin embargo, lo que está ocurriendo con el petróleo y con la falta de presión opositora, ha determinado que no se haya notado ni en Washington (ni siquiera una marcha de venezolanos) ni en Venezuela, por lo que quien gane esta presidencial va a operar en una realidad que está siendo decidida hoy. De partida, ya sobrevivió el chavismo, por lo que hay que prepararse incluso para una privatización hecha desde el poder, que por tener esa característica va a ser aplaudida por Washington, pero puede parecerse a la piñata que los sandinistas hicieron en Nicaragua en 1990 al perder las elecciones con la Sra. Violeta de Chamorro, donde además se entreguen empresas públicas y medios de comunicación a amigos del régimen creando una situación de hecho, que al nuevo gobierno no le va a gustar modificar. Si la situación sigue siendo tan fluida como lo es hoy, los temas por los cuales se decida el voto mayoritario, en esa elección presidencial futura puede diferir de los que priman hoy o los que decidieron el voto en un ya lejano 2024 o en las primarias previas.

Sin duda, Marco Rubio se va a asegurar que la elección tenga lugar, pero el rol que EE. UU juegue va a ser definido por el resultado del 3 de noviembre. Hasta ahora, Washington ha tomado decisiones aplaudidas y otras que han provocado desilusión, pero ¿cuál predominará en noviembre? Cómo se están tomando hoy decisiones de gran importancia, el hecho distintivo es que son decisiones que tienen más que ver con lo que están pasando en EE. UU. que lo que tiene lugar en territorio venezolano.
Es una pena que casi no figure en el debate, ni en Washington ni en Caracas, aquello que ha tenido lugar en las transiciones exitosas, que no es otra cosa que fijar la fecha de las elecciones, y es una lástima, ya que podría servir de orientación, desde el momento que la cantidad de venezolanos que en Venezuela conocieron la democracia es baja, después de 28 años de chavismo. Al mismo tiempo, también va a ser una minoría la que desde el extranjero regrese voluntariamente a Venezuela, como por lo demás también ha ocurrido en los países que han culminado sus transiciones.
Si la transición es buena y sólida hay algo común para todas, ya que se ha demostrado que en pocos años se pueden hacer muchas cosas en Justicia, donde ha bastado una simple mayoría en la Corte Suprema después que el ejecutivo haya suscrito Tratados de DD. HH ratificados por el Congreso, para que sean condenados violadores de derechos humanos, con lo que se materializa la justicia transicional en reemplazo de lo que dice la ley o la amnistía local.
En resumen, las amistades y enojos no son eternos en política, por lo mismo, no sabemos si algún día se activarán las extradiciones contra los Hermanos Rodríguez o si estos ya han podido gozar de sus (mal habidas) fortunas y han desaparecido las órdenes de detención en su contra, como se desactivaron contra el magnate cercano al chavismo Alejandro Betancourt para facilitar el rol que cumplió en el actual acuerdo petrolero. Por su parte, los llamados opositores funcionales ya podrían estar buscando apoyo para candidaturas sin otro propósito que restarle votación a MCM en una presidencial que puede ser competitiva, si los temas que decidirán el resultado son diferentes a los que hoy predominan.
Por ello, oportuno es recordar las palabras de Winston Churchill, quien tuvo tanto momentos favorables como desfavorables, y quien decía que en política “El éxito no es definitivo ni es fatal el fracaso (toda vez) que lo que realmente cuenta es tener valor para continuar”.
Máster y PhD en Ciencia Política (U de Essex), Licenciado en Derecho (U. de Barcelona), Abogado (U. de Chile), excandidato presidencial (Chile, 2013)
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