La República Dominicana, en el lado correcto

Cuando miles de judíos buscaban desesperadamente un lugar donde refugiarse, el país caribeño tomó una decisión que hoy conserva un valor histórico y moral excepcional

El presidente Luis Abinader durante su discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional (Foto cortesía @luisabinader).
El presidente Luis Abinader durante su discurso de rendición de cuentas ante la Asamblea Nacional (Foto cortesía @luisabinader).
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Lo que han presenciado esta noche es un gobierno que defiende lo que es correcto”. Con estas palabras, el rabino embajador Yehuda Kaploun, enviado especial de Estados Unidos para monitorear y combatir el antisemitismo, expresó el sentimiento de las más de 300 personas que el lunes 24 de agosto llenábamos el salón del hotel Embajador de Santo Domingo.

Reunidos en el sexto Foro Latinoamericano contra el Antisemitismo de Combat Antisemitism Movement (CAM), acabábamos de escuchar al presidente de la República Dominicana, Luis Abinader, anunciando que su gobierno adoptaría la Definición sobre Antisemitismo de la Alianza Internacional para el Recuerdo del Holocausto (IHRA), convitiéndose en el séptimo país de Latinoamérica que se comprometía con la IHRA.

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Con Argentina, Colombia, Costa Rica, Guatemala, Panamá, Uruguay y ahora la República Dominicana, los países que han respaldado la definición suman 47, de los cuales 30 de ellos la han ratificado en sus legislaciones o estrategias. También se han adherido más de 1300 entidades y 340 instituciones culturales y educativas de todo el mundo. En el anuncio de la decisión, el presidente Abinader hizo una inequívoca declaración de principios: “El antisemitismo no es un problema que afecte únicamente al pueblo judío. Es una amenaza para la convivencia democrática y para los derechos y libertades de todos. Esta lucha debe guiarse por principios universales, no por circunstancias políticas pasajeras”.

Y así, con ese compromiso explícito, el presidente Abinader retomaba la honorable memoria de la República Dominicana, el único país del mundo que en 1938 aceptó acoger a miles de judíos que huían de la Alemania nazi. Convocados por Franklin D. Roosevelt en la pequeña ciudad balneario de Évian-les-Bains, a raíz de la grave crisis de refugiados judíos provocada por el Tercer Reich, 31 de los 32 países reunidos se negaron a ampliar sus cotas de inmmigración, y solo el país caribeño abrió sus puertas. 88 años después, el presidente Abinader ha hecho honor a su legado.

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¿Qué es la definición de la IHRA y por qué es tan importante? Se trata de un texto breve que nació en 2016 para identificar las conductas de odio contra el pueblo judío, y desde entonces ha adquirido una gran relevancia a causa del aumento imparable del odio antisemita en todo el mundo. Su importancia radica en tres aspectos: construye un consenso global sobre las prácticas antisemitas; identifica las mutaciones modernas de dichas prácticas; y sirve de guía operativa para que las instituciones actúen en consecuencia.

El presidente Luis Abinader confirma la adhesión del país a la definición de antisemitismo de la IHRA (Foto cortesía Enfoque Judío)
El presidente Luis Abinader confirma la adhesión del país a la definición de antisemitismo de la IHRA (Foto cortesía Enfoque Judío)

Estos son los 11 ejemplos de antisemitismo del siglo XXI que la IHRA ha identificado. Primero, la justificación del odio a los judíos, pidiendo que se les mate o dañe en nombre de una ideología o una causa. Segundo, la defensa y propaganda de mitos conspirativos que sitúan a los judíos en los centros de poder y se les considera responsables de conflictos y tragedias. Tercero, practicar la culpa colectiva de los judíos por los errores de una persona o grupo. Cuarto, el negacionismo de la Shoá. Quinto, la acusación de doble fidelidad, es decir, considerar que los ciudadanos judíos son seres más leales a Israel que a sus países de origen. Sexto, afirmar que Israel es un proyecto racista y negar su derecho a la existencia. Séptimo, practicar el doble rasero y exigir a Israel un comportamiento que no se le exige a ninguna otra nación democrática. Octavo, usar símbolos vinculados al antisemitismo clásico para caracterizar a Israel. Noveno, comparar a Israel con la Alemania nazi. Décimo, considerar a todos los judíos del mundo responsables colectivos de las acciones del gobierno de Israel. Y onceavo, utilizar estereotipos y prejuicios tradicionales para juzgar a personas de origen judío.

Cabe añadir que la IRHA aclara explícitamente en su documento que las críticas hacia Israel, similares a las que se dirigen contra cualquier otro país, no pueden considerarse antisemitismo. Pero hay una diferencia enorme entre practicar el pensamiento crítico contra un gobernante o su política, y criminalizar a todo un país y pedir su desaparición. Este es el punto más caliente y controvertido de la declaración y, sin embargo, es el más relevante porque sitúa al antisionismo en el espejo del antisemitismo.

A pesar de que la izquierda -responsable de acuñar el prejuicio antisionista- hace grandes esfuerzos para diferenciarse del antisemitismo clásico, lo cierto es que el antisionismo se ha convertido en el peor y más eficaz propagador de odio contra los judíos. Primero, porque niega a los judíos el derecho a tener un estado, es decir, la posibilidad a tener el escudo protector del derecho internacional. Y ello contra un pueblo que ha sufrido el peor genocidio de la historia. Y segundo, porque aplica un doble rasero letal: mientras no se discute la existencia de ningún estado del mundo, incluyendo aquellos que diseñó Churchill con un puro y un lápiz, se pide la desaparición de un país que es la tierra milenaria del pueblo judío.

Nada es casual: si el pueblo judío es el único demonizado del mundo, el estado hebreo es el único criminalizado del mundo. Puro antisemitismo, aunque se viste de progresismo, solidaridad y el resto de las letanías conocidas.

Un candelabro de siete brazos con velas encendidas sobre una mesa de madera frente a la bandera de República Dominicana desenfocada.
Un candelabro judío ante la bandera dominicana simboliza el compromiso del país contra la discriminación a la comunidad judía. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Rechazar el antisemitismo no significa tomar posición respecto a un gobierno o conflicto en particular”, declaró el Presidente Abinader. “Significa afirmar inequívocamente que ningún desacuerdo político, ninguna causa, ni ninguna circunstancia pueden justificar el odio, la discriminación o la violencia contra un individuo o una comunidad”. Y sin embargo es justamente ese prejuicio el que hoy recorre universidades, medios de comunicación, conmemoraciones y todo tipo de declaraciones.

Israel es la excusa, pero su constante criminalización recae en todos los judíos del mundo. No caben dudas: El antisionismo es un nuevo vestido para un viejo odio.

X: @RaholaOficial

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