(REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)
(REUTERS/Carlos Garcia Rawlins)

Atribuirle a la cultura griega la creación del sistema democrático de gobierno hace más de 2.500 años es, sin dudas, el hecho del pasado que cuenta con mayor consenso entre los historiadores de las más diversas y antagónicas ideologías. También fueron los griegos, principalmente en la figura de Sócrates, los que tipificaron para la posteridad el concepto de desobediencia, desarrollado con maestría en las obras de Sófocles, Esquilo y Eurípides, muchas de ellas actualmente representadas y estudiadas en teatros y universidades de todo el mundo.

En el Antiguo Testamento se cuenta que fue Abraham quien estuvo a punto de desobedecer el mandato divino que ordenaba la ejecución de su hijo Isaac. El cristianismo tuvo su origen en el acto de desobediencia más emblemático de la historia, encarnado en las figuras de Adán y Eva. Tal vez dentro de un siglo se recordará al Sumo Pontífice argentino que exhortaba a la juventud diciendo "hagan lío".

Durante la Edad Media Santo Tomás de Aquino definió de manera contundente cuándo corresponde la resistencia contra la opresión surgida desde el poder. Si la máxima autoridad constituida (en ese entonces el monarca) atenta contra el bien común, entonces se encontraría justificado el derecho de resistencia contra el rey.

El teólogo aquinatense argumentaba que debían darse algunas condiciones para que pudiera llevarse adelante el levantamiento del pueblo contra la autoridad despótica. En primer lugar, la rebelión que se subleve contra el régimen deberá asegurarse de no provocar males más graves que los que aquejan a la sociedad a la cual se intenta liberar. Luego, el accionar de la resistencia debe buscar el éxito, y logrado éste, la autoridad sobreviniente debe ser legítima y obrar en búsqueda del bien común.

En los días de la independencia de los Estados Unidos, la Declaración de Derechos de Virginia de 1776 estableció en su artículo 3° que "el gobierno es, o debiera ser, instituido para el bien común, la protección y seguridad del pueblo, nación o comunidad; de todos los modos y formas de gobierno, el mejor es el capaz de producir el máximo grado de felicidad y seguridad, y es el más eficazmente protegido contra el peligro de la mala administración; y que cuando cualquier gobierno sea considerado inadecuado, o contrario a estos propósitos, una mayoría de la comunidad tiene el derecho indudable, inalienable e irrevocable de reformarlo, alterarlo o abolirlo, de la manera que más satisfaga el bien común."

En el año 1849 un joven de Massachusetts llamado Henry David Thoreau utilizó por primera vez el concepto de desobediencia civil en su libro, "Un ensayo sobre la desobediencia civil", texto surgido de dos conferencias pronunciadas bajo el título "Los derechos y los deberes del individuo en relación al gobierno."

Henry David Thoreau
Henry David Thoreau

Por su parte, la filósofa Hannah Arendt consideró que "la desobediencia civil surge cuando un significativo número de ciudadanos ha llegado a convencerse, o bien de que ya no funcionan los canales normales y de que sus quejas ya no serán oídas, o no darán lugar a acciones ulteriores, o bien, que por el contrario el gobierno está a punto de cambiar, y se ha embarcado y persiste en modos cuya legalidad y constitucionalidad quedan abiertas a grandes dudas."

A finales de 1989, en las semanas posteriores a la caída del Muro de Berlín que produjera el fin de un sistema totalitario que durante casi medio siglo oprimió a varios países de Europa, el académico italiano Norberto Bobbio escribió que "toda la historia del pensamiento político puede clasificarse dependiendo de que se haya puesto el acento en el deber de obediencia, o en el derecho a la resistencia (o a la revolución)".

Señala Bobbio, tenaz luchador contra la ideología fascista, que la desobediencia civil se ubicaría en un punto intermedio conceptualizado como un tipo de rebeldía frente a un orden normativo constitucional, en un péndulo que puede oscilar entre la obediencia pasiva y la resistencia activa (revolucionaria), frente a dicho orden legal.

Por su parte el filósofo alemán, Jurgen Habermas, abordó el tema de la desobediencia civil separándolo del derecho de resistencia contemplado en la Declaración Universal de Derechos Humanos de la Organización de las Naciones Unidas. Influenciado por el filósofo norteamericano John Rawls, Habermas define a los actos de desobediencia civil como aquellos que son "formalmente ilegales, pero que se realizan invocando los fundamentos legitimatorios generalmente compartidos de nuestro ordenamiento de Estado democrático de derecho".

Para el pensador alemán, discípulo tardío de la llamada Escuela de Frankfurt, la conceptualización de la desobediencia civil está anclada en un triángulo de actos de naturaleza moral, política y social, los que a su vez podrían convertirse, por sí mismos, en fundamentos que contradigan su accionar como conductas disruptivas del ordenamiento normativo, cuando en realidad su objetivo fundamental es el perfeccionamiento del sistema político a partir de la certificación de la legalidad y legitimidad del mismo.

La OEA y Guaidó a favor de la desobediencia 

Poco tiempo atrás, el Secretario General de la Organización de Estados Americanos (OEA), Luis Almagro, sostuvo públicamente que el pueblo venezolano debía ejercitar la desobediencia civil frente a la dictadura de Nicolás Maduro. En este sentido se pronunció el presidente encargado Juan Guaidó en las últimas horas, afirmando que "llegó el momento del cese definitivo de la usurpación" del poder por parte del ilegítimo régimen bolivariano.

Allan Brewer Carías, uno de los más renombrados profesores de Derecho Público de Venezuela, actualmente radicado en Nueva York, afirma que "desde el punto de vista del derecho constitucional que comenzó en mayo de 2018, con el desconocimiento por parte de la Asamblea nacional de la supuesta elección de Nicolás Maduro para el período 2019-2025, considerándola como ilegítima e inexistente; y luego, en enero de 2019, con el desconocimiento global del régimen de Nicolás Maduro considerándolo como una usurpación, es que se trató de un importante y elocuente proceso desobediencia civil contra el mismo, desarrollado de acuerdo con la expresa previsión del artículo 350 de la Constitución, por la Asamblea Nacional expresando la voluntad del pueblo".

Mahatma Gandhi, máximo exponente de la resistencia contra la opresión, escribió que "la sumisión a la ley del Estado es el precio que un ciudadano tiene que pagar por su libertad personal. Por lo tanto, la sumisión a una ley del Estado que es totalmente o en gran medida injusta, constituye un precio inmoral a cambio de la libertad".

Paradojas de la historia; el gran faro espiritual de Gandhi fue León Tolstoi, quizás el mayor talento literario de Rusia, el país que más fuerza realiza para que la democracia, la libertad y el desarrollo no vuelvan a renacer en Venezuela.