Un cartel indica la dirección de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén (EFE/ Abir Sultan)
Un cartel indica la dirección de la embajada de Estados Unidos en Jerusalén (EFE/ Abir Sultan)

Estados Unidos tiene derecho a decidir dónde ubicar sus embajadas; los árabes y los palestinos deberían aceptar la realidad y aprovechar el evento para renovar las negociaciones con Israel.

El presidente Trump actuó de acuerdo a sus propias y legítimas facultades y no de acuerdo a las expectativas de muchos en la región, y así como su retiro del acuerdo nuclear con Irán se debe a su posición de protección a sus aliados árabes, su decisión de mudar la embajada estadounidense a Jerusalén proviene de su deseo de proteger a su aliado, Israel. Tal decisión debería ser capitalizada por los árabes y palestinos para actuar inteligente y valientemente, incluso aprovechar la medida para hacer un relanzamiento de las negociaciones con Israel, ya que esta es una muy buena oportunidad.

Washington eligió dos semanas atrás mudar su embajada a Jerusalén. La Liga Árabe y la Organización de Cooperación Islámica han expresado inmediata y claramente su postura, es decir, que Jerusalén Oriental le pertenece a los árabes. Los palestinos realizaron manifestaciones de protesta, al igual que algunos israelíes que también condenaron esta decisión porque lo ven como una brecha cada vez mayor entre las partes que reduce las posibilidades hacia la paz.

Los árabes musulmanes sostienen que la parte oriental de Jerusalén es suya. Esa parte incluye a la Mezquita Al-Aqsa, la primera dirección de los rezos, pero también la Iglesia cristiana del Santo Sepulcro. En todas las conferencias y foros internacionales, los árabes no hablaron sobre toda Jerusalén, sino de su parte oriental y este es un hecho inalterable.

Desde el primer momento en que Trump anunció la mudanza de la embajada estadounidense a Jerusalén, no se le ocurrió a nadie que Trump disputaría Jerusalén Occidental con los musulmanes, porque entiende la santidad de dicha área para ellos y las implicancias de cualquier afrenta a ello, ya sea a nivel político o a nivel de una paz civil en la región. Por esta razón, eligió una edificación remota en Jerusalén Occidental, en un área que ha sido una zona desmilitarizada entre Israel y Jordania desde 1949, y que después de la derrota árabe de 1967 se convirtiera en parte de las tierras en disputa.

Ivanka Trump asistió a la inauguración de la embajada de EEUU en Jerusalén (REUTERS/Ronen Zvulun)
Ivanka Trump asistió a la inauguración de la embajada de EEUU en Jerusalén (REUTERS/Ronen Zvulun)

En principio, EEUU tiene el derecho soberano de elegir los lugares donde ubicar sus edificios diplomáticos. Sin embargo, siendo el país más poderoso del mundo, cuyos presidentes han tenido el papel de mediadores del proceso de paz durante décadas, ese paso fue entendido por muchos como un golpe a este proceso debido a la parcialidad estadounidense hacia una de las partes en conflicto y que va en contra de los intereses de la otra parte.

Sin embargo, hay dos cosas que los árabes deben entender bien. En primer lugar, que Trump no retrocederá en sus decisiones y segundo, que tiene sus propias consideraciones respecto a Israel como su aliado de los EEUU. En consecuencia, del mismo modo que en su momento dio un paso muy valiente para defender a los árabes contra la hostil influencia iraní a pesar de la postura opuesta de sus aliados europeos, su decisión de trasladar la delegación diplomática está dirigida a proteger a su aliado Israel.

Lo cierto es que Washington no necesita comportarse de acuerdo a las expectativas de los árabes y en especial de los palestinos, que ni siquiera han logrado unirse entre ellos ante el asunto de Jerusalén.

En consecuencia, los árabes y los palestinos deben entender que como ellos tienen sus propias consideraciones, Washington también tiene las suyas. Y esto no significa que su postura respecto a su retirada del acuerdo nuclear con Irán fue a cambio de trasladar su embajada hacia Jerusalén. Pero en el análisis final, los EEUU tienen la obligación de proteger a sus aliados, que son diversos en origen, ideología y posturas políticas.

¿Qué pueden hacer los árabes ahora que Washington ha tomado estas dos decisiones: retirarse del acuerdo en materia nuclear y trasladar su embajada a Jerusalén Occidental?

Respecto a la primera decisión, muchos árabes apoyan a EEUU. Especialmente cuando ven que el miedo se ha infiltrado en Irán tras el ataque israelí en Siria hace unos días. Y si el régimen de los khomeinistas no hubiera sentido miedo no tendría porque haber salido a negar que no tenía relación alguna con el ataque a las bases israelíes en el Golán y además, se espera que sanciones económicas más duras aún sean restablecidas sobre Irán, con lo cual terminarán los dos años "de comodidad" durante los cuales Teherán disfrutó de gran libertad en todo lo relacionado a su comportamiento y su participación directa en avivar el conflicto regional.

En cuanto a la postura árabe sobre mudar la Embajada estadounidense a Jerusalén Occidental, el enfoque sabio e inteligente sería verlo como un motivo para apresurarse a negociar y no lo contrario. Un estado de furia y rabia que engendra rechazo y consolidación no han sido efectivos en el pasado y no serán efectivos en el futuro. Si los líderes palestinos tienen la valentía y sabiduría para pasar por alto el tema de la embajada y forzar negociaciones serias sobre Israel, entonces ese será un paso que demuestre que están trabajando por el futuro de su pueblo y así serán respetados por la comunidad internacional.

Aunque el presidente estadounidense Donald Trump se atrevió a trasladar la embajada, esto no es una decisión que bloquee nuevas conversaciones entre las partes, por el contrario, puede ser una oportunidad única para los palestinos y para los árabes.