
Un estudio de la Universidad de Nottingham Trent indicó que el aumento del riesgo de extinción rara vez lleva a los zoológicos a incrementar sus poblaciones de esas especies, tras analizar más de 7.200 animales en 613 instituciones de 72 países durante 30 años.
La investigación, publicada en Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, comparó los cambios en las colecciones zoológicas con las variaciones en la protección y el estado de conservación de cada especie. El equipo examinó información aportada por la organización sin fines de lucro Species360.
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El análisis incluyó las modificaciones en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), una clasificación que mide el peligro de desaparición de las especies, además de las restricciones al comercio internacional y la participación en planes de reproducción en cautividad.
El deterioro de una especie no suele cambiar las colecciones

El estudio detectó que los animales que pasaron a enfrentar un mayor peligro en la Lista Roja de la UICN, o que recibieron controles comerciales más estrictos, no tuvieron una mayor probabilidad de ser incorporados por otros zoológicos.
De acuerdo con la investigación, la tendencia también fue estable en el sentido opuesto: cuando una especie redujo su nivel de amenaza o sus límites al comercio se hicieron menos estrictos, por lo general no desapareció de las colecciones de los centros que ya la albergaban.
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La profesora Samantha Ward, especialista en bienestar animal y legislación de zoológicos de la Universidad de Nottingham Trent, afirmó que el equipo identificó “una deficiencia en la conservación en los zoológicos, ya que la mayoría no aumentó sistemáticamente su apoyo a las especies a medida que aumentaba la preocupación por su conservación, ni lo redujo cuando disminuía”.
Los programas de cría determinan más cambios que la amenaza

La participación en programas coordinados de manejo o reproducción fue el principal elemento asociado al crecimiento de las poblaciones animales en los zoológicos. Este factor tuvo mayor peso que las variaciones en el nivel de riesgo de extinción o en las normas de protección comercial.
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Los investigadores sostuvieron que estos programas son una de las herramientas más eficaces disponibles para el sector. Su objetivo es gestionar las poblaciones mantenidas fuera de su hábitat natural, una estrategia conocida como conservación ex situ, con el fin de preservar especies y favorecer su recuperación.
El estudio recordó antecedentes de planes de recuperación para el cóndor de California, el hurón de patas negras y el orix árabe. Sin embargo, también señaló que algunos programas de cría que están creciendo incluyen individuos con un riesgo de extinción bajo.
Ward señaló que “las especies gestionadas a través de programas de cría en zoológicos, incluidas las favoritas de los visitantes, tenían más probabilidades de expandirse”. Esa relación, según el trabajo, ayuda a explicar por qué las decisiones de las instituciones no dependen solo de los cambios en las clasificaciones de amenaza.
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Los animales populares también ganan espacio en los recintos

Entre las especies con mayores aumentos dentro de las colecciones figuran animales domésticos, reptiles comercializados como mascotas y ejemplares populares entre el público. Las gallinas, cabras, suricatos y ovejas estuvieron entre los casos destacados por el análisis.
Esta presencia sugiere que la participación de los visitantes y los recursos que generan continúan influyendo en las decisiones de adquisición, junto con los criterios formales de protección.
La autora principal, Hannah Jenkins, realizó la investigación durante su doctorado en la Universidad de Nottingham Trent. “Lo que nos sorprendió no fue la falta de compromiso, sino la poca frecuencia con la que un cambio en el estado de conservación de una especie por sí solo parecía tener un impacto significativo”, declaró.
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Presiones que condicionan la conservación

La investigadora explicó que la planificación implica evaluar varios factores a la vez. “Los zoológicos sopesan el valor de la conservación frente al espacio, el bienestar, el costo y la participación de los visitantes”, dijo Jenkins, quien añadió que esas decisiones suelen tomarse sin un marco compartido y estandarizado.
El espacio disponible dentro de cada zoológico es limitado y algunos de los animales más escasos presentan dificultades adicionales. El conocimiento sobre cómo alojarlas, alimentarlas o favorecer su reproducción puede ser insuficiente, mientras que la falta de personal especializado representa otra restricción.
El equipo propuso elaborar marcos de planificación de especies más estratégicos y comunes para todo el sector. Estos mecanismos buscarían ayudar a las instituciones a ponderar de forma más clara los objetivos de preservación frente a las demás presiones, sin reemplazar las decisiones que ya adoptan las instituciones.
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