
La ministra de Pesca de Australia Occidental, Jackie Jarvis, autorizó la captura y el sacrificio de un tiburón blanco identificado tras el ataque que causó la muerte de Greg O’Neill, de 63 años, en la playa de Sorrento, cerca de Perth.
La medida se tomó después del tercer ataque mortal de tiburón registrado en el estado en 2026. La autorización se limita a ese ejemplar y no supone restablecer una política general de eliminación de tiburones.
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Según ABC News, la policía fluvial identificó al animal y Jarvis calificó la autorización como excepcional, por el peligro que se le atribuyó y por la necesidad de reunir elementos para investigar la muerte.
El operativo de captura terminó sin localizar al tiburón
El Departamento de Industrias Primarias y Desarrollo Regional de Australia Occidental instaló un equipo de captura a 1,5 kilómetros de la playa de Sorrento.
El medio informó de que se trataba de una línea de tambor, un dispositivo que suele emplearse para marcar tiburones y seguir sus desplazamientos.
El organismo retiró el equipo el sábado por la tarde, después de no detectar actividad de tiburones y de concluir que la posibilidad de capturar al ejemplar había disminuido de manera considerable. Por ese motivo, la orden de captura y sacrificio no derivó en la localización ni en la captura del animal.
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Las playas ubicadas entre Marmion e Iluka, en un tramo de casi 12 kilómetros al norte de Perth, permanecieron cerradas mientras continuaba la búsqueda de O’Neill y del tiburón.
El medio público australiano indicó que las autoridades preveían reabrirlas el domingo a las 10 de la mañana, una vez suspendido el operativo de captura.
El cuerpo de O’Neill todavía no había sido recuperado al momento de esa actualización. La familia lo describió, en un comunicado citado por ABC News, como un hombre que amaba el océano y era un nadador apasionado.
El ataque ocurrió cerca de la costa y ante testigos, de acuerdo con la cobertura del medio.
Tres muertes en 2026 llevaron al gobierno a revisar sus medidas
Antes de la muerte de O’Neill, Steven Mattaboni murió mientras practicaba pesca submarina cerca de la isla Rottnest. Semanas más tarde, Daniel Turpin murió en un ataque ocurrido cerca de Albany, según informó el sitio.
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Días antes del caso de Sorrento, Mel Ismail, un bombero de 56 años, resultó herido por un tiburón en una playa de Geraldton, a unos 400 kilómetros al norte de Perth, según el informe. La seguidilla de ataques no derivó, por el momento, en una orden amplia para capturar tiburones.
Jarvis señaló que el gobierno revisará las estrategias vigentes, que incluyen el marcaje y seguimiento de animales, una aplicación que envía alertas, sirenas, zonas cerradas para nadar y mecanismos personales para disuadir tiburones.
El marcaje consiste en colocar un dispositivo de localización en un animal para conocer sus movimientos. En Australia Occidental, esta herramienta forma parte de las medidas oficiales de seguimiento, junto con las alertas para la población y otros sistemas de prevención en las playas.
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La funcionaria añadió que el gobierno evalúa ampliar el uso de drones a lo largo de la costa de Australia Occidental. Jarvis indicó que esa posibilidad estaba bajo consideración como parte de la revisión de las medidas de prevención.
La orden no elimina los riesgos de ingresar al mar
Jarvis advirtió que ninguna medida puede eliminar por completo los riesgos asociados al uso del mar y rechazó generar una falsa sensación de seguridad.
La autorización emitida tras el ataque contra O’Neill fue presentada como una respuesta acotada a un caso concreto, no como una política contra los tiburones blancos.

Según datos citados por Jarvis, el programa de marcaje ya alcanzó a más de 300 tiburones, incluidos 227 tiburones blancos.
La ministra indicó que las autoridades esperan una actualización de la estimación científica de 2018 sobre la cantidad de tiburones blancos que circulan frente a la costa estatal.
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Culum Brown, biólogo especializado en comportamiento animal, cuestionó que sea posible encontrar al tiburón responsable una vez que abandonó la zona y sostuvo en declaraciones al medio que el gobierno debería destinar más recursos a drones de detección.

La vice primera ministra de Australia Occidental, Rita Saffioti, respaldó la decisión de Jarvis y señaló que la ministra actuó sobre la base de recomendaciones de la policía y de las autoridades pesqueras.
En contraste, Sophie McNeill, vocera de océanos saludables de los Verdes de Australia Occidental, cuestionó la orden y propuso priorizar drones, helicópteros y la ampliación del programa de marcaje.
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