China desplegó guardacostas en las inmediaciones del archipiélago de Kinmen en cuatro ocasiones durante esta semana, al tiempo que sostiene desde junio una presencia inédita de buques al este de Taiwán, una zona hasta ahora considerada la “puerta trasera” de la isla frente al océano Pacífico. La convergencia de ambas presiones amplía el frente de fricción marítima entre Beijing y Taipéi más allá del tradicional estrecho de Taiwán.
La Administración de la Guardia Costera (CGA) de Taiwán denunció este viernes la cuarta incursión de la semana cerca de Kinmen, un archipiélago bajo control taiwanés situado a escasos kilómetros de la costa suroriental china. Según recogió la agencia taiwanesa CNA, el organismo detectó hacia las 09.00 horas locales (01.00 GMT) cuatro buques de la guardia costera china reunidos y aproximándose a aguas al sur del archipiélago, lo que obligó a Taipéi a enviar lanchas patrulleras hasta que las embarcaciones abandonaron la zona restringida.
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La CGA calificó lo ocurrido como una “operación planificada de acoso en la ‘zona gris’”, al señalar que China repitió formaciones idénticas durante dos días consecutivos. El organismo acusó además a Beijing de ignorar el empeoramiento de las condiciones marítimas y de navegar de forma arbitraria hacia las aguas de Kinmen, lo que a su juicio “no solo alteró el orden normal de navegación de los buques, sino que también aumentó los riesgos de las operaciones marítimas”.
“Frente a lo que China sigue practicando como ‘aparente aplicación de la ley, acoso real’, la Guardia Costera ha mantenido siempre el principio de ‘no provocar y no retroceder’, manteniéndose en primera línea con un despliegue proactivo y una respuesta adecuada”, aseguró la CGA en su comunicado.
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Las incursiones en Kinmen se producen mientras la Guardia Costera de China (CCG) mantiene, desde junio, un promedio de dos buques mensuales patrullando al este de Taiwán, según cálculos de la agencia Bloomberg a partir de datos de rastreo naval. Se trata de la primera vez que se registran patrullas de ese tipo en la zona desde enero de 2025.
Los guardacostas chinos permanecieron dentro de un área de 27.100 millas náuticas cuadradas (unos 92.984 kilómetros cuadrados), más del doble de la superficie de Taiwán, aunque se mantuvieron a 30 millas náuticas (55,5 kilómetros) de la costa oriental de la isla, fuera de las aguas que Taipéi reclama como propias. Por esas aguas transitan rutas clave que conectan con Filipinas y el Pacífico, además de vías utilizadas por submarinos y sistemas de vigilancia submarina.
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Controlar el flanco este resulta esencial para hacer efectivo un eventual bloqueo naval de Taiwán en caso de una invasión china, y una disrupción del tránsito marítimo en esa costa tendría efecto sobre el comercio global de materias primas. En junio pasaron por esas aguas 527 buques que transportaban petróleo, gas, mineral de hierro y productos agrícolas, cifra que superó los 420 tránsitos registrados en el mismo período por el estrecho de Taiwán, de acuerdo con datos de MarineTraffic citados por Bloomberg.
“Si el estrecho de Taiwán es la puerta principal, las aguas del este han sido tratadas históricamente como la puerta trasera”, afirmó Jing Ge, profesor del Departamento de Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Internacional de Florida. “Beijing quiere demostrar que esa puerta trasera ya no está libre de disputa”, agregó, según el mismo medio.
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La nueva ofensiva marítima comenzó el 1 de junio, cuando la guardia costera china desplegó dos grandes buques patrulla, el Daishan, de 5.000 toneladas, y el Baita, de 3.000 toneladas, hacia aguas al este de Taiwán. Ambas embarcaciones habían operado previamente en el mar de China Oriental, incluidas las islas Senkaku bajo control japonés, que Beijing también reclama bajo el nombre de Diaoyu.
El despliegue se produjo pocos días después de que Japón y Filipinas anunciaran planes para negociar la delimitación de sus fronteras marítimas, iniciativa que China rechazó por considerar que interfería con sus propias reivindicaciones territoriales en la región. “Beijing está usando la declaración conjunta emitida por Japón y Filipinas como pretexto para expandir enormemente su presencia en estas aguas”, sostuvo Ryan Martinson, profesor asistente del Instituto de Estudios Marítimos de China de la Escuela de Guerra Naval de Estados Unidos, citado por Bloomberg.
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Más tarde en junio, China envió embarcaciones de mayor tamaño, el Haixun 09, de 10.000 toneladas, y el Haixun 06, de 6.600 toneladas, en una operación de cinco días que rodeó Taiwán e incluyó, por primera vez, el cuestionamiento a buques comerciales extranjeros que navegaban por la costa Pacífico de la isla. Según medios estatales chinos citados por Bloomberg, los buques “inspeccionaron” 198 embarcaciones durante la misión, aunque no se precisó en qué consistió exactamente ese procedimiento.
China sostuvo la presión al enviar dos guardacostas adicionales para relevar al Daishan y al Baita tras un mes de despliegue, un movimiento que una comisión del Congreso de Estados Unidos describió como la forma en que Beijing busca establecer una presencia continua en la zona. “El uso de la CCG en lugar de la Marina del Ejército Popular de Liberación evita confrontaciones militares y permite a Beijing presentar estas actividades como aplicación de la ley, mientras establece la presencia persistente necesaria para un futuro bloqueo”, señaló la Comisión de Revisión Económica y de Seguridad Estados Unidos-China.
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Estados Unidos calificó las acciones chinas de “profundamente desestabilizadoras”, pese a lo cual la guardia costera del país asiático anunció la semana pasada el despliegue de un nuevo conjunto de buques al este de Taiwán, con lo que mantiene su presencia en la zona.
Frente al incremento de la actividad china, Taiwán realizó en julio ejercicios militares en las islas Orquídea y Verde, frente a su costa sureste, por primera vez en tres décadas. Semanas después, China organizó ejercicios de paso con Indonesia en las mismas aguas orientales, la primera vez que Beijing anuncia entrenamientos conjuntos con otro país en esa región.
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El monitor independiente estadounidense Armed Conflict Location & Event Data reportó, de manera separada, “un incremento significativo de buques de investigación que operan a velocidades inusualmente lentas al este de Taiwán”, cerca de infraestructura de comunicaciones submarinas, según recogió Bloomberg.
Zack Liao, analista de riesgo político del centro de estudios británico China Strategic Risks Institute, advirtió sobre la posibilidad de que estas interacciones se normalicen: “Si esas interacciones se vuelven rutinarias, la siguiente pregunta es si las autoridades chinas comienzan a solicitar más información. Después de eso, si emiten instrucciones de navegación”.
Liao añadió que lo que Beijing está poniendo a prueba al este de Taiwán es “si puede reescribir gradualmente las expectativas sobre quién gobierna la navegación y el orden marítimo en el Pacífico occidental”, por lo que consideró que “la respuesta también debería ser internacional”.
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China considera a Taiwán una “parte inalienable” de su territorio y no ha descartado el uso de la fuerza para lograr la “reunificación nacional”, uno de los objetivos declarados por el presidente Xi Jinping.
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